Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Perfil Demócrata
Eduardo García Gaspar
12 julio 2006
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Imagine el lector que dentro de muchos años usted narra en unos pocos minutos a algún joven lo que ahora está viviendo México. Tratar de pensar en una historia adelantada es un buen ejercicio para calmar las inquietudes del presente y sus incertidumbres.

Tomemos la historia desde el dos de julio. Usted podrá contar una historia más o menos así: de los tres grandes candidatos en realidad sólo contaban dos, los que se habían atacado fuertemente entre sí y presentaban ideas muy opuestas; las encuestas mostraban un empate técnico y los conteos rápidos no mostraron diferencias entre ellos. Los resultados del PREP dieron una diferencia pequeña a Calderón.

Luego sucedió lo que todos esperaban, López Obrador protestó, pidió conteos de las actas, una por una, y el resultado volvió a favorecer a Calderón con un margen pequeño.

Volvió a suceder lo esperado y el candidato del PRD pidió conteos de los votos que ya habían sido contados. Además declaró que impugnaría la elección y que convocaba a movilización para protestar los resultados. Todo esto, dijo, lo hacía por el bien del país.

La historia contada tiene unos pocos elementos. Primero, la elección es cerrada entre dos candidatos. Muy cerrada. Segundo, uno de ellos pierde por un margen pequeño en los dos conteos que se hacen. Y tercero, el que pierde en esas dos ocasiones hace lo que todos esperaban que hiciera, no reconocer los resultados y realizar dos tipos de acciones.

Por un lado las de peticiones a las autoridades fiscales para contar, recontar y volver a contar votos, llegando a la petición de impugnar toda la elección.

Y por lo otro lado, también hace lo esperado, promueve movilizaciones de sus partidarios con el motivo de que las elecciones, según él, fueron fraudulentas. Elecciones que, por cierto, fueron consideradas ejemplares por todos.

La situación era fácil de prever y había sido anticipada por meses: en caso de perder, López Obrador no reconocería su derrota y estaría dispuesto a absolutamente todo. Sí, absolutamente todo. Hasta levantar en armas a sus seguidores, se llegó a decir.

Si ganaba la elección, la hubiera declarado admirable y representativa de la voluntad general, aunque en realidad hubieran votado por él menos del 25 por ciento del total de votantes. Los detalles de lo que viene no pueden conocerse, pero sí sabemos la dirección general de los sucesos futuros, porque ellos vienen de la mente de ese candidato y sus seguidores: nunca reconocerá su derrota, jamás.

Lo que le llevará a ir contra las instituciones electorales y toda la que se ponga enfrente. Lo peor es que eso les llevará también a lo que en bonitas palabras se llama “movilización social”, ¨respeto” y “protesta pacífica”.

Que significan lo opuesto de lo que en castellano normal entendemos el resto de los mortales. Y no sólo eso, sino que el torcer las palabras va acompañado del torcer los números: los que protestan son una minoría que no acepta los resultados. Son un tercera parte de quienes votaron y menos de una cuarta parte del total de votantes. Palabras y números torcidos.

Dos terceras partes de quienes votaron lo hicieron por otros, quienes de manera explícita o implícita han reconocido los resultados de las votaciones. Tres cuartas partes de los ciudadanos en edad de votar no pertenecen al grupo que protesta.

La perspectiva es reveladora: se trata de una minoría inconforme y eso mismo hace otro hallazgo: lo que habría sucedido en caso de que el congreso se hubiera negado a aceptar una iniciativa del candidato del PRD como presidente.

¿Mandaría él a hacer movilizaciones sociales en caso de que las cámaras negarán sus propuestas? ¿Ocuparían sus adeptos las instalaciones del poder judicial en caso de fallos en su contra?

No sabemos la respuesta, pero las indicaciones apuntan a una respuesta positiva. Ya investido del poder ejecutivo podría repetir el patrón de conducta que le ha caracterizado en su carrera: “Diálogo verdaderamente sustantivo para el avance de la democracia es el que se acompaña de la movilización ciudadana”.

Y si acaso fallaran sus propuestas, encontraría culpables en confabulaciones secretas de sus enemigos. No, AMLO claramente no tiene el perfil del demócrata que este país requiere ahora.


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