Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Permisos Bancarios
Eduardo García Gaspar
6 diciembre 2006
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


En un sistema realmente liberal no se necesitaría un permiso para abrir un banco. Cualquiera lo podría hacer sin autorización previa alguna.

Desde luego en la práctica eso no opera por una razón: los políticos queriendo proteger a la población no permiten la apertura de bancos, sino que deben dar autorizaciones a la gente que lo quiera hacer y la someten a una serie de grandes requisitos y alta vigilancia.

No suena mal en apariencia. Los usuarios de bancos nos sentimos más protegidos de esa manera y de cierta forma lo estamos. Pero del otro lado, la banca bajo esas regulaciones extremas se vuelve un negocio más caro y menos competido, lo que significa que los clientes pagamos más de lo que pagaríamos bajo una competencia más abierta y con costos más bajos de operación.

No hace mucho que escuché a un hombre de medios de comunicación, uno que cree profundamente en la libertad de expresión, quejarse por la creación de bancos adicionales en México.

Se refería al banco autorizado desde hace tiempo a una cadena comercial, Electra y su Banco Azteca. Ahora ya se ha autorizado el permiso bancario a Wal-Mart. Decía ese hombre que eran autorizaciones indebidas.

Me pregunté al escucharlo si él opinaría lo mismo con respecto a su negocio, el de los medios de comunicación. No creo que a este hombre le gustara trabajar su revista bajo el sistema de permisos, revisiones y vigilancia que tiene la banca en México.

Alegaría él con razón que eso violaría la libertad de expresión, pero por lo visto no piensa igual de lo que se hace con la banca. Y esto me lleva a lo que bien creo que vale una segunda opinión.

No conozco a grandes opositores de la libertad. Casi todos hacen reclamos de libertad, como el de la democracia que es el más clásico de todos. Se desea que cada persona decida con libertad, que exista libertad de expresión en los medios, en las escuelas, en cuestiones religiosas.

Y más aún se reclama que no haya limitaciones en esa libertad. Eso es positivo en lo general, aunque en realidad sí debe haber algunas restricciones si se quiere que todos sean libres.

Pero todo ese entusiasmo liberal se detiene abruptamente cuando se habla de la libertad económica, como en el caso que cuento. Este hombre quiere libertad de expresión para él, sin limitaciones, pero no desea que la banca sea tratada igual que él.

Quiere ponerle restricciones que no padece en su negocio. No es la excepción. Hay muchos que sufren de mismo error: fanáticos de la libertad que desean limitarla cuando se habla de negocios.

Hace tiempo se lamentaba un economista de su profesión, pues de ese tema todos opinan bajo el principio de que la fuerza de la opinión dada estaba en proporción directa con el desconocimiento del tema. Es cierto.

Si usted impone requisitos severos a los bancos, ellos elevarán los precios de sus servicios y el abrir un banco se hará menos atractivo. Si usted facilita la apertura de bancos, eso elevará la competencia y tenderá a bajar las utilidades de esas instituciones. No es cuestión de física nuclear. Es mero sentido común.

A varias personas he escuchado decir que los intereses bancarios son demasiado altos en los préstamos y que debía el gobierno bajar esas tasas. Me pregunto si esas personas estarían de acuerdo en también permitir que se reduzcan los precios que sus industrias cobran.

Las tasas de interés son el precio del dinero y consideran el riesgo de convertirse en incobrables deudas. Si son altos, lo último que debe hacerse es bajarlos por decreto, porque ello significaría tener aún menos préstamos disponibles.

En fin, lo que he querido señalar es doble. Por un lado, existe una omisión en muchos de los defensores de la libertad, como ése que pedía restricciones a la actividad bancaria pero no a su libertad de expresión. Ésa es una posición contradictoria e incongruente. O se tiene libertad o no se tiene.

Por el otro lado, como escuché a ese economista decir, existen demasiadas opiniones económicas, la mayoría sin base, como por ejemplo el pedir precios por decreto. Si eso se intenta, lo más probable será crear un problema mayor al original que quiso resolverse.

La solución de todo parece ser clara: pedir para los demás la misma libertad que yo quiero.


ContraPeso.info, un servicio con antecedentes desde 1995, funciona como proveedor de ideas e información adicional a los medios dominantes.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras