Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pobreza, de Moda Otra Vez
Eduardo García Gaspar
21 septiembre 2006
Sección: PROSPERIDAD, Sección: Una Segunda Opinión
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Desde que tengo uso de razón, las autoridades mexicanas han tratado de lograr crecimiento económico. Dados los resultados obtenidos, especialmente comparados con otros países, es obvio que los remedios adoptados no han tenido el efecto buscado.

Es decir, las políticas económicas aplicadas han sido consistentemente las equivocadas al menos desde los años 50 hasta la fecha.

El crecimiento económico es vital por una razón: sin él no puede disminuir la pobreza. Es condición indispensable crecer económicamente si se desea elevar el ingreso de todos. El tema ha sido sujeto de debate, por quienes sostienen que el crecimiento eleva los ingresos de quienes no son pobres y deja a los pobres igual o peor. La evidencia que se tiene es contraria a ese modo de pensar.

Lo que se sabe es que el crecimiento beneficia a todos, independientemente de sus ingresos, como lo muestran las cifras de pobreza en países desarrollados con menos pobres que países subdesarrollados. Tiene sentido pensar así, incluso sin datos, porque lo opuesto sería extraño: creer que la pobreza puede solucionarse sin crecimiento económico.

El tema es importante porque define las estrategias de solución a la pobreza y de mejoría de vida en un país. Si es condición necesaria de mejora el crecimiento económico, el lograrlo de manera consistente es una forma efectiva de atacar el problema de la pobreza. A esto podemos añadir la otra pieza de información que tenemos: las políticas económicas mexicanas no han sido exitosas.

Ellas nos han enseñado lecciones valiosas a evitar. Por ejemplo, la inflación daña severamente a los de menos ingresos y es ocasionada por gasto gubernamental desmedido, de lo que deriva el gran cuidado que el gobierno debe ejercer en sus finanzas. Sabemos que las crisis financieras de gobierno causan pobreza, por lo que deben ser evitadas con políticas económicas prudentes.

Sabemos que el proteccionismo no da resultados de largo plazo, que manejar el tipo de cambio pospone y agranda crisis, que el corporativismo impide el uso eficiente de recursos, que hay leyes que inhiben la creación de empleos, que el sistema educativo no eleva el capital humano como pudiera y, en general, tenemos una experiencia mala con el intervencionismo estatal en la economía.

Es este tema, hay muchos que piensan que las políticas económicas mexicanas cambiaron en los años 80 para volverse liberales. Quienes así piensan tienen razón sólo en la apertura comercial exterior y en la venta parcial de empresas estatales. Pero en realidad, las mismas políticas estatistas se han venido aplicando consistentemente por décadas. y ése ha sido el gran error mexicano por décadas, un gobierno intervencionista.

En otras palabras, la experiencia mexicana es una muestra clara del fracaso del intervencionismo estatal y eso incluye también los años más recientes y los actuales. Esas políticas económicas no han funcionado, pero tampoco ha funcionado nuestro gobierno en la defensa de los derechos de propiedad, ni en el combate a la criminalidad. México ha sido un claro caso de un gobierno no exitoso, que no han cumplido con sus deberes esenciales e intervenido demasiado en la economía.

Es tradicional pensar que desde los años 80, con la entrada al GATT en el sexenio de de la Madrid, el país cambió sus políticas económicas. Nos volvimos liberales, dicen algunos. La verdad es que no. Seguimos con las mismas políticas intervencionistas y si algo se ha crecido, ello ha sido a pesar de ellas. Siguen los grandes monopolios estatales, la educación centralizada, leyes laborales rígidas, trámites innecesarios, impuestos complejos y altos, telecomunicaciones caras. Nada de eso es liberal.

Si queremos ser realmente serios y profesionales en el combate a la pobreza, la primera tarea a realizar es la de generar crecimiento económico, condición indispensable. Pero esa posibilidad la estamos perdiendo con discusiones barrocas que a nada conducen, como las ansias de poder de los políticos y la terquedad ideológica de algunos de ellos.

La pobreza ha sido puesta de moda otra vez como un problema. Me alegro de que eso suceda, pero usarla como herramienta de popularidad política es contraproducente. Si la probreza es base de popularidad política, ella tenderá a no desaparecer.


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