Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Poco Voto Extranjero
Eduardo García Gaspar
3 febrero 2006
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Con gran boato se ha tratado de celebrar la disposición de que los mexicanos que viven en el extranjero puedan votar en las elecciones presidenciales de este año. La cifra general que se maneja es la de un universo total de unos 4 millones de mexicanos que están en esa posición: ser mexicanos, vivir en el extranjero y poder votar. Para hacerlo, es necesario solicitarlo.

Y hasta ahora hay unas 50 mil solicitudes hechas, las que aumentarán en un monto indeterminado hasta el 15 de febrero, cuando se cierra el período de aceptación de las solicitudes. La primera impresión es decepcionante: de 4 millones de mexicanos que viven en el extranjero sólo 50 mil solicitudes, pero en una segunda opinión, es una buena noticia. Y lo es por varias razones.

La primera de ellas es lógica. Quien vive en el extranjero tiene poco interés real en México. Lo que aquí suceda no le afectará tanto como a quien sí vive dentro del país. No resulta razonable dar poder de decisión a quienes no viven aquí. Su voto alteraría la política de un lugar en el que no viven. Resultaría más lógico que los extranjeros que radican aquí votaran, a pesar de no ser ciudadanos mexicanos. Por esto es que 50 mil votos o una cantidad similar son buenas noticias: no son una proporción importante.

Una segunda razón es la siguiente. Se anticipan votaciones parejas entre tres o dos de los candidatos, en donde cada voto cuenta. El conteo de votos, su manejo y reporte es vital para hacer creíbles los resultados finales. El manejo de los votos de extranjero es nuevo y no hay experiencia para hacerlo. Si los votos del extranjero afectan significativamente los resultados, ello presentaría una situación incongruente: una victoria presidencial originada por personas que viven bajo la autoridad de otro gobierno. Adicional a las dudas respecto al manejo correcto de esos votos.

Le digo, son buenas noticias las de un muy reducido número de votos de mexicanos en el extranjero. Su influencia en los resultados será nula para todo propósito práctico, a menos que la victoria se dé por realmente muy escasos márgenes. En 2000 se tuvo un registro de casi 59 millones de votantes, de los que votaron el 64 por ciento, unos 37.6 millones.

La cifra es lo suficientemente grande como para hacer desaparecer a esos 50 mil votos del extranjero (obviamente la cantidad de votantes será mayor en 2006). Las elecciones de 2000 tuvieron 36 por ciento de abstencionismo. Las anteriores, también presidenciales, en 1994, registraron un abstencionismo de 23 por ciento, 13 puntos porcentuales menor.

Y las elecciones intermedias de 2003, no presidenciales, tuvieron un abstencionismo de 58 por ciento. Tal vez estas cifras ayuden a entender el bajo interés de los mexicanos en el exterior para votar: la tendencia del abstencionismo es creciente en el país desde 1991, según cifras del IFE. Si el abstencionismo tiende a crecer con votantes viviendo dentro del país, parece razonable que sea aún mayor con mexicanos viviendo fuera, como puede verse en el escaso numero de solicitudes recibidas de gente radicando fuera de México. Y

eso, insisto, son buenas noticias, porque hacen del voto extranjero una variable de nula influencia… a menos que las cosas cambien en estos días, lo que es dudable. La buena noticia es ésa, pero hay una mala: si la tendencia a la participación electoral de los mexicanos va a la baja y la tendencia se mantiene, el abstencionismo en 2006 será superior al 36 por ciento de las anteriores elecciones presidenciales. Calculemos que esa reducción es la misma que la anterior, de 13 puntos.

Entonces el abstencionismo llegaría a prácticamente el 50 por ciento de la población o una cifra similar. Si uno de los candidatos gana con, por ejemplo, el 40 por ciento de los votos, su gobierno habría sido la preferencia del 40 por ciento de la mitad de la población en edad de votar.

Es decir, el 20 por ciento de la población con derecho de voto. Es una cifra en extremo baja y débil. Significaría que el 60 por ciento de los que votaron, hubieran preferido a otro candidato, y que a la mitad de la población ese asunto le tiene sin cuidado. El problema entonces sería el de un presidente ganador en apariencia, pero en realidad raquítico.

La gráfica abajo es del IFE con datos de participación en cada año de elección. Las líneas rectas muestran una tendencia a la baja y han sido añadidas por mí.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.




esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras