Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Privatizar o no
Eduardo García Gaspar
20 octubre 2006
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
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El tema es caliente. Provoca gritos en algunos y hasta ceguedad en el razonamiento, pero aún así debe ser tratado explícitamente. Es el tema de la privatización. Podemos definir usted y yo a la privatización de manera muy simple: es el traslado de la propiedad de empresas productoras, del gobierno a los particulares y generalmente aceptando la fragmentación de las que sean monopolios.

Un proceso parcial cuantioso de privatización se tuvo en México desde 1982 hasta 1999, período en el que fueron desincorporadas poco más de 900 empresas estatales en prácticamente todas las ramas de la actividad económica.

Desaparecieron o fueron vendidas a particulares, como por ejemplo los bancos y la empresa telefónica estatal más la televisiva. No fue un fenómeno mexicano, venía de una corriente internacional quizá con el Reino Unido como gran iniciador.

Ha habido privatizaciones en muchas partes, pero la que quizá más llame la atención fue una modalidad de ella realizada en China, con la producción alimentaria en tierras privadas y que generó un crecimiento del 21 por ciento anual entre 1978 y 1985.

La teoría comunista se opone a la propiedad privada, pero con esos resultados más valía revisar la teoría. Nadie está peleado con el éxito tangible y real. La privatización funciona y funciona mejor cuando se hace correctamente.

Las evidencias son grandes y apoyan esa vieja idea que dice que a la propiedad mía la voy a cuidar, pero no a la propiedad común. En palabras más técnicas, la privatización coloca incentivos, eleva la competencia e incluso llega a beneficiar los bolsillos del propio gobierno al cambiar los subsidios a sus empresas por impuestos cobrados a las privatizadas. Suena lógico, tiene sentido, pero aún así hay quienes se oponen a la privatización.

Un grupo de opositores es muy claro y tienen razón: son esos quienes se benefician de la existencia de las empresas estatales. El sindicato de petroleros o de la empresa eléctrica o del seguro social perderían todos sus privilegios con la privatización.

Claro que el resto de nosotros se beneficiarían, pero no ellos. Es natural que se opongan, pues se afecta a su bolsillo y eso es lo peor que en general uno le puede hacer a un ser humano.

Y aquí llego al punto que creo que bien vale una segunda opinión: la existencia de personas que no tienen un beneficio económico derivado de la existencia de las empresas estatales, pero que se oponen a su privatización.

Son personas que realmente creen que esas empresas son positivas, que provocan bienestar, que causan progreso. No son gente que pertenece al sindicato ni a la burocracia beneficiada por la empresa estatal. Honestamente, en su opinión piensan que, por ejemplo, Pemex, el monopolio estatal mexicano, realmente es positivo.

Convencerlas no es tarea fácil. Uno podría acudir a evidencias de estudios que indican la conveniencia de privatizar, mostrando que las empresas estatales que se privatizan elevan su rentabilidad y reducen los precios de los bienes producidos, lo que beneficia a todos. Podría uno también utilizar razonamientos abstractos que señalen la conveniencia de respetar la libertad humana en terrenos económicos.

Haciendo lo anterior, me parece, podría demostrarse la superioridad de la estrategia de privatizar, por ejemplo a Pemex, para beneficio general de todos los mexicanos. Y, adicionalmente, podría dilucidarse una serie de detalles sobre cómo mejorar las privatizaciones evitando errores prácticos. Sería esto un ejercicio intelectual sano, no fácil, pero sí muy instructivo. Y sin embargo, para algunos no será suficiente.

No será suficiente para quienes hayan seleccionado otro camino, como el definir soberanía nacional de acuerdo a la propiedad estatal de industrias básicas. O como el creer que nacionalismo significa que el gobierno sea propietario del gas y el petróleo.

Ante esta manera de pensar, es posible argumentar que si eso es cierto, la real soberanía consiste en hacer el que el gobierno sea propietario de todo, al estilo de Cuba o Corea del Norte, sin que importe el bienestar de la gente. Ante lo que me pregunto qué es más importante, el combatir la pobreza o el tener empresas estatales. Usted decide.

POST SCRIPTUM

• Un muy buen resumen del tema está en Sánchez González, Manuel (2006). ECONOMÍA MEXICANA PARA DESENCANTADOS. México. Fondo de Cultura Económica. 9681681053, pp. 99-101.


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1 comentario en “Privatizar o no”
  1. José García R. Dijo:

    Las empresas No Son del Gobierno. Por lo tanto: No las Puede Privatizar. Tal y como un Empleado No puede Vender los Bienes de su Patrón. Los Bienes Indivisibles no pueden ser enajenados sin la aprobación unánime de Todos los Dueños. Mientras los integrantes de nuestro sirviente -el gobierno- no comprendan el alcance de sus limitaciones, se seguirá hablando de Privatización y no se buscarán las soluciones entre las posibles. NOTA DEL EDITOR: ¿de verdad Pemex no es del gobierno?





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