Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Progreso por Decreto
Eduardo García Gaspar
16 noviembre 2006
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


La idea es elevar el salario mínimo, de 5.15 dólares la hora a 7.25. Ésa ha sido una acción asociada con el partido demócrata en los EEUU y de la que existen buenas indicaciones de que será implantada.

Ya en algunos estados de ese país se ha indexado ese salario a la inflación. La historia no es nueva en ninguna parte. Los políticos la usan como promesa para atraerse votos de incautos, de quienes creen que la prosperidad se obtiene por decreto.

Los detractores argumentan que una elevación del precio de cualquier bien produce una disminución de la demanda de ese bien. Si se eleva el precio del trabajo, por tanto, disminuirá la cantidad demandade de trabajadores, lo que equivale a menos empleos.

Otros argumentan que eso es cierto, pero que el efecto neto es mínimo y puede darse esa elevación sin miedo a producir desempleo… lo que si fuera cierto haría aconsejable elevar el salario mucho más, digamos a 100 dólares la hora, total que nada pasa según ellos.

En fin, de nuevo estamos frente a políticos que pretenden cambiar la realidad y sus principios según sus deseos. Sin embargo, todo lo que sabemos es que esa ley de oferta y demanda es real, funciona y no puede ignorarse. Si el precio del trabajo se eleva su cantidad demandada decrecerá en proporción a esa elevación (y de la elasticidad de la demanda). Cualquiera debería entenderlo siquiera intuitivamente.

Pero la cosa va más allá. Si se trata de elevar el salario mínimo y dejar el resto de los salarios igual, entonces los afectados serán sólo quienes estén en ese nivel de sueldo: ganarán más pero serán menos los contratados, e incluso algunos serán despedidos. Quienes mantengan su trabajo serán solamente los beneficiados. El resto será dañado por el decreto, cosa curiosa porque se trataba de ayudarlos y el tiro sale por la culata.

Pero si todos los salarios se elevan como parte del decreto, entonces todos sufren el impacto. Al final del sexenio de López Portillo, quizá recuerde usted, hubo un decreto de elevación del salario de todos: la idea era recuperar el poder adquisitivo del ingreso. Logró lo opuesto y profundizó la crisis provocada por una administración irresponsable. El punto central de estas cuestiones es uno de conocimiento.

¿Quién tiene el conocimiento suficiente como para establecer un precio obligatorio de un bien, sea el trabajo o el tomate? Los socialistas sugieren que es el gobernante el que debe fijar esos precios de manera justa para todos, especialmente para los menos privilegiados.

Suena muy bien, pero supone que el gobernante sabe más que quienes realmente pagan y cobran esos precios. La solución de los liberales es diferente: dejar que las personas se pongan de acuerdo sin interferencia gubernamental. Ellas saben más que los gobernantes.

Y éste es el realidad el corazón de los enfrentamientos entre liberales y socialistas. Un ejemplo de victoria socialista es el ya viejo pago por despido injustificado de la ley mexicana: tres meses más veinte días por año.

Suena bien y está sustentado en la idea de dar al trabajador un ingreso para que viva durante el tiempo que tarda en encontrar un nuevo trabajo. Es una modalidad de seguro temporal de desempleo. El problema es que encarece el precio del trabajo y produce una disminución de la tasa de creación de empleos.

Es decir, lo que parece bueno, justificado y justo, termina siendo malo, injustificado e injusto. Las apariencias engañaron a quienes creyeron que el progreso puede lograrse por decreto. Es tan absurdo como decretar por ley que quienes caigan de más de tres metros de altura no deberán romperse ningún hueso. El que se tire de esa altura pensando que la ley lo protege va a terminar muy sorprendido.

Queda al final una inquietud, el qué hacer para elevar los ingresos de las personas. La respuesta es conocida de sobra y no se trata de tener leyes que eleven los salarios, sino de tener un estado de derecho que facilite la inversión productiva, incluyendo la educación de las personas. Esto se llama productividad y es lo que hace que alguien gane cinco dólares la hora en EEUU y 50 pesos al día en México.

Es decir, es exactamente lo opuesto a lo que están haciendo las personas de la APPO, del PRD, del EZLN y sus seguidores. Exactamente lo opuesto.

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POST SCRIPTUM

• Sadosky, James (1985). THE CHRISTIAN RESPONSE TO POVERTY. London. The social affairs unit. 0907631185, tiene una tesis igual: para ayudar a los pobres, lo que es una obligación moral, deben respetarse los principios económicos conocidos. Ignorarlos genera peores problemas.


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