Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Pros y Contras del Mercado
Selección de ContraPeso.info
1 junio 2006
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: AmaYi
Catalogado en:


El mercado, como mecanismo o institución en la sociedad, ha estado presente en la mentes de muchos escritores. Entre ellos destacan pensadores europeos, como Adam Smith, Hegel y Marx, por no mencionar a Hayek, Marcuse y Schumpeter. Pero también han expresado opiniones dignas de consideración otros intelectuales, como Voltaire, Burke, Weber, Möser, Arnold, Simmel, Sombart, Lukács, Freyer y Keynes.

Esos autores son examinados por Muller, explicándolos con respecto a un común denominador, que es la expresión de juicios acerca del mercado (y del capitalismo), en un lúcido análisis, para terminar con un capítulo revelador, que es el que esta carta reporta. Desde luego, nada compara con leer el original.

La obra utilizada para esta carta es el libro de Muller, Jerry Z (2002). THE MIND AND THE MARKET: CAPITALISM IN MODERN EUROPEAN THOUGHT. New York. Alfred A. Knopf. 0375414118, Conclusion, pp. 388-406. Un libro realmente recomendable, razonable y claro.

La gran aportación de Muller es una lista ordenada de puntos a discutir acerca de las posiciones favorables y contrarias sobre el mercado. Si se realizara una gran reunión para tratar el tema del mercado, esta lista de asuntos sería una gran ayuda para generar la agenda de tal reunión.

[En algunos de los puntos se han añadido ligas a materiales dentro de la sección AmaYi® que resultan útiles para ampliar el punto en cuestión.]

Muller divide ese último de sus capítulos en temas, brevemente tratados a manera de resúmenes de lo encontrado por él en la revisión de las ideas de esos pensadores.

El primero de esos temas se refiere a la importancia del mercado.

La revisión de esos autores indica que el tema del mercado ha ocupado a personas importantes dentro del pensamiento moderno.

Diferentes aspectos del mercado han sido analizados, como sus ramificaciones sociales, políticas y económicas y su significado moral. Obviamente el tema es importante.

Más aún, el mercado ha sido visto desde diferentes perspectivas por esos pensadores.

Esta es una división del trabajo intelectual que no puede sino lograr beneficios para conocer mejor el tema en diferentes facetas.

Contemplar al mercado bajo las diferentes ópticas que esos autores dan es ocasión para tener una mejor visión de lo que el mercado es. (Véase Economía de mercado para una más amplia explicación de lo que es el mercado según uno de sus defensores.)

Sobre la importancia concedida al mercado, antes de entrar en la cuestión concreta, Muller trata el segundo de sus temas, el de los papeles de los intelectuales. Los personajes analizados en el libro han creado una serie de roles para ellos mismos dentro del sistema de mercado.

Uno de esos papeles supuestos de los intelectuales es el de ser ellos guías para criticar al capitalismo y destruirlo.

Pero éste es sólo uno de esos papeles y, claramente, no el más común e importante. Tanto, que debe ser visto como un mito que el intelectual tenga como misión acabar con el capitalismo.

Muller señala que desechar ese mito es parte de lo logrado en su obra. Aunque han existido intelectuales de izquierda como Marx y Marcuse, debe reconocerse que los ha habido de derecha, como Freyer.

Sin embargo, también ha existido una lista de intelectuales que favorecen la idea del mercado, como Voltaire, Burke, Hayek, Hegel y Keynes, quienes son intelectuales también en toda la extensión de la palabra.

Sin duda, el tema del mercado ha ocupado el tiempo de muchos intelectuales que han vertido diversas opiniones.

El libro analiza a un grupo de intelectuales, uno por uno, para proponer una lista de temas que ordenan lo dicho sobre el mercado.

Entra aquí el autor a proponer una gran idea, la de tensiones.

Las consideraciones expuestas por esas personas presentan puntos de conflicto, que pueden ser de total oposición, pero también tensiones, o puntos a estudiar en los que el desacuerdo no es irremediable.

Una de estas tensiones es la del interés propio y sus límites. El capitalismo, donde ha sido aplicado, ha causado una elevación sustancial de la producción y el consumo; lo que es una realidad reconocida, incluso por Marx y Engels.

Más aún, algunos de los intelectuales han señalado las razones por las que esa la eficiencia del capitalismo no se tendría en sistemas socialistas, otro punto probado empíricamente. (Véase El panadero y su caridad para el origen de la idea de la abundancia de bienes.)

Hay en este punto acuerdos amplios entre los intelectuales. El más obvio de ellos es la capacidad productiva del capitalismo sustentada en aprovechar el interés propio de las personas.

En ocasiones, dentro del mismo tema, algunos intelectuales han hablado del fin de los recursos y del límite del crecimiento, o por ejemplo, de haber llegado a una etapa en la que más avances ya no son posibles. Estas consideraciones sobre los límites del capitalismo han sido falsas.

En lo que existe coincidencia es en el atribuir la gran capacidad del capitalismo a que ese sistema opera aprovechando el interés que en sí misma tiene cada persona.

Claro, ese interés propio ha sido llamado de varias maneras, con esas palabras, pero también ha sido calificado de avaricia y codicia.

Aunque el interés propio sea el motor que mueve al capitalismo, ha habido cuestionamientos sobre eso, incluso entre defensores de mercados libres. La consecución del beneficio personal, se ha dicho, no lleva necesariamente a resultados deseables en la sociedad.

Es en esto cuando se habla de la necesidad de tener leyes y un sistema de derecho que evite que la ambición de unos lastime a otros.

El gobierno es considerado por estas personas como una institución necesaria, destinada a un papel complementario y solucionador de problemas que el mercado no atiende. En este terreno se han discutido tareas como la construcción de infraestructura, la asistencia a los pobres y otras funciones.

La siguiente de las tensiones propuestas por el autor es la de la necesidad de instituciones fuera del mercado.

Muchos intelectuales han propuesto que el mercado libre crea y fomenta virtudes entre los miembros de la sociedad, una especie de rasgos personales que son recompensados por el mecanismo de mercado.

Muller se refiere a cualidades como la devoción por el trabajo, la frugalidad, la honestidad. Son éstas razones usadas para defender la noción del mercado.

Pero de tiempo en tiempo, se ha señalado que las virtudes innegablemente fomentadas por el mercado no son suficientes para el desarrollo humano total.

En el mercado, las relaciones son generalmente contractuales y las virtudes necesarias para los contratos no son todas las existentes. Ellas no incluyen a las relaciones de amor y amistad, con su correspondiente altruismo.

Estas cualidades subordinan al interés propio y uno de los ejemplos más usados de este tema es la familia. (Véase Brújulas de la mente y también Las ideas tienen efectos, para ampliar el tema.)

Y ése es precisamente otro de los apartados creados por Muller, la familia. Para muchos es ella la institución extra-mercado más importante. Ella transforma al interés propio en algo muy diferente.

El tema ha sido tratado por Burke, Hegel y Schumpeter, además de Hayek. La familia es sin duda un factor a considerar cuando se quiera ver al mercado en su dimensión total.

El Estado es otro de los apartados. Se trata de una institución también extra-mercado, de la que se ha señalado, mucho, su búsqueda de poder acumulado, lo que puede obstaculizar a los mercados.

Se piensa por parte de los intelectuales que el Estado es indispensable como condición de existencia del mercado, pero que es una institución que se ve afectada por intereses de grupos y por la acumulación de poder.

Los intelectuales, ante esto, han creído necesario cultivar la idea del compromiso por el bien público entre los gobernantes. Es decir, legisladores con conciencia del bien público y al mismo tiempo capaces de imponer límites al crecimiento del gobierno.

La tentación de expandir al gobierno y de tener más poder son parte de la democracia y los gobernantes deben evitar caer en ese error.

Los intelectuales más radicales, como es sabido, han propuesto la desaparición del Estado. (Véase Intervencionismo creciente para el tema de la necesidad de limitar la intervención del gobierno.)

Algunos intelectuales hacen consideraciones sobre la nación, entendida como una entidad basada en similitud étnica, cultural o política, como una institución extra-mercado que logre equilibrio. La nación, por tanto, se ve así como una alianza del individuo que llama a obligaciones más allá del interés propio.

Como parte de las instituciones fuera del mercado que balanceen las cosas, los intelectuales se han preocupado por señalar a las instituciones culturales. La idea es que ellas desarrollan cualidades que el mercado no promociona.

En este sentido, por ejemplo, Burke habla de la religión y Hegel señala a las universidades. (Véase los Reemplazos de Dios, para ampliar el tema de la necesidad de valores adicionales.)

También, han sido señaladas las asociaciones profesionales, con una función similar a las instituciones anteriores. En este caso se hace referencia a los sindicatos y a las sociedades de profesionales.

De ellas, algunos intelectuales expresan sospecha en cuanto a los intereses de poder que ellas pueden ejercer y su potencial descuido de la persona individual.

El siguiente de los apartados de Muller se refiere las opciones carentes de significado.

Ésta es la más consistente preocupación de los intelectuales. Se refiere a que el mercado, junto con otras fuerzas en la sociedad, como la ciencia y la tecnología, conduzca a una existencia humana que esté llena de alternativas; pero que esas alternativas carezcan de significado.

Se refiere esto a un asunto de mucho tiempo atrás: el peligro de deseos sin fronteras y de satisfacción sin reflexión.

Es decir, la situación del hombre que es atraído hacia bienes, uno detrás de otro, en sucesiones interminables de consumo sin sentido; entendiendo que instituciones extra-mercado, como la familia y la religión, pueden poner en perspectiva ese consumo.

Desde otro punto de vista, es la preocupación de entender que la idea de hacer lo que a uno le plazca lleva a una posición en la que deja de verse la idea de hacer lo que debe hacerse, o comprarse.

Es la confusión entre medios y fines, dentro de un medio ambiente que enfatiza la búsqueda de los medios, pero no el análisis de los fines.

Lo que preocupa a todos esos intelectuales es la multiplicación de bienes, medios, opciones, alternativas, cuyo gran número produzca un vacío de satisfacción en el sentido de no acomodarse a un esquema más amplio y mejor pensado, que produzca satisfacción más plena.

Muy relacionado con lo anterior está el apartado del peligro de contagio. Se refiere al riesgo de que la manera de pensar del mercado sea llevada a otras maneras de relación humana. Por ejemplo, el ver a las relaciones humanas sólo desde el punto de vista de un contrato.

O bien, que la manera de calcular costos y beneficios en una operación de mercado sea llevada también al matrimonio y la familia, provocando su desestabilización; quizá con una disminución del número de hijos.

En esencia es la inquietud que produce el pensar que la manera de pensar que se tiene dentro de un mercado sea aplicada en el resto de las acciones humanas, lo que se piensa podría debilitar las instituciones de las que depende el desarrollo humano.

El paso lógico siguiente es la consideración de un asunto adicional, ¿existen valores de mercado?

Esta tensión en el análisis del mercado, sin embargo, tiene una excepción notable, la de Hayek.

Según él, los individuos tienen objetivos personales, desarrollados fuera del mercado, pero acuden a él intentando satisfacerlos. Si alguien desea educar a sus hijos, por ejemplo, se sirve del mercado para obtener libros, escuelas y demás.

Es importante, por tanto, entender que los valores de mercado cubren una amplia variedad de fenómenos.

Algunos pueden ver el ansia de estatus social, logrado con la adquisición de bienes materiales; otros pueden ver más formas de cálculo racional que maximice utilidad. También, se reconoce que lo que se llama civilización inicia con la satisfacción de necesidades básicas y que eso se logra por medio del mercado.

La posibilidad de estar expuesto a bienes culturales, por ejemplo, hace entrar en funcionamiento al mercado para comprar discos de música clásica o libros.

Lo que sorprende es la habilidad del mercado para absorber una variedad impresionante de gustos, necesidades y tendencia. En el mercado tienen cabida los libros religiosos pero también la pornografía.

El problema no es el cálculo juicioso de costos, beneficios y utilidades, lo que es muy limitado, sino la selección prudente entre las alternativas ofrecidas de acuerdo con un plan de vida total.

Es el asunto de la existencia de personas que tienen la capacidad para tomar decisiones maduras de acuerdo con criterios fuera del mercado, provenientes de instituciones que estampan valores considerando lo que significa realmente ser una persona humana.

Relacionado con éste apartado, Muller señala otro, el de considerar si existen instituciones fuera del mercado. La respuesta es lógica, pero esas instituciones como la familia, las universidades y demás no pueden estar separadas del mercado, ni el mercado de ellas.

Las instituciones extra-mercado y que son indispensables para el progreso de la persona, son alteradas por el mercado.

El capitalismo es sin duda dinámico y ese dinamismo altera a las instituciones sociales, viéndose muchas veces atinadamente como un amenaza. La mayoría de las veces, esas instituciones son reformadas más que destruidas.

Otro apartado es el de la comunidad y el individuo. En este campo, el reclamo usual es el del mercado destruyendo a la comunidad.

Desde luego, depende de que se entienda por comunidad. Si ella se define como una forma de asociación que todo lo abarca, desde luego ese reclamo es cierto.

Siendo objetivos, eso tiene su lado positivo, pues las formas de organización social más flexibles permiten que diferentes personas muy diversas puedan vivir en comunidad, cooperar entre ellas y aprovechar sus diferencias.

Parece que el capitalismo desarrolla formas más complicadas de individualismo, ya que ellos tienen posibilidad de perseguir diferentes intereses y pertenecer a asociaciones variadas sin ser anulados por ninguna de ellas.

Conectado con este asunto, se encuentra otro apartado, el del pluralismo y la diversidad.

Ocasionalmente el reclamo es acusar al capitalismo de racismo, sexismo y chauvinismo, aunque la verdad es que tanto en la izquierda como en la derecha se ha reconocido que el mercado tiende a quitar prejuicios personales entre diversos grupos.

El mercado tiene incentivos para dejar de considerar a las personas sobre bases de sexo, raza y otras variables, para verlas como participantes del mercado, independientemente de quiénes son ellas.

Por otro lado, el mercado puede aparecer como una amenaza a las culturas al llevar hasta ellas elementos de civilizaciones extranjeras a los que hace disponibles y atractivos.

El otro lado de la moneda es ver al comercio internacional como la oportunidad de gozar de los frutos de todos los confines de la tierra, lo que a su vez puede percibirse como un riesgo de escasas o nulas diferencias regionales. No es esto una cosa mala en sí misma. (Véase, Tres nociones de libre comercio para mayor amplitud sobre ese tema.)

La noción de que cada cultura es estática y debe permanecer inalterada, ajena a las influencias del exterior es más bien un dogma difícil de defender. A pesar de eso, un mundo igual en todas partes, sin los colores de culturas locales, sería sin duda un mundo pobre.

Cerca del final de su lista de apartados que señalan tensiones en el pensamiento acerca del mercado, Muller apunta la cuestión de la igualdad.

La regla ha sido que aquellos que hacen los más fuertes reclamos de igualdad resultan ser los más críticos del mercado.

Por su parte, los defensores del capitalismo señalan que ese sistema disminuye las fuentes anteriores de desigualdad, como las características del nacimiento. (Véase La buena desigualdad para ampliar la idea de lo positivo que resulta la diversidad de talentos. También El filo de la igualdad.)

La desigualdad en sentido amplio, de hecho, es de beneficio para el mercado pues hace disponibles bienes a precios bajos, lo que beneficia a todos.

Las sociedades en las que predomina la idea de igualdad en pobreza más que la idea de desigualdad en riqueza, son naturalmente menos proclives al mercado.

Existe alguna evidencia que apunta que en la historia de los países, los que tuvieron una industrialización capitalista pasaron por una etapa de desigualdad creciente, para luego entrar a una etapa de mayor igualdad.

En otra faceta de este asunto, algunos intelectuales han señalado que el nivel de desarrollo económico depende de la desigual distribución de talentos de innovación y creatividad en las personas.

El siguiente apartado plantea el asunto de si el capitalismo es bueno para la persona.

La interrogante, desde luego, implica otra pregunta, ¿comparado con qué? Buena parte de la historia del siglo 19 y del 20 ha sido dedicada a buscar alternativas al capitalismo, entre las que destacan el comunismo y el fascismo.

La realidad muestra que las consideraciones de la opulencia universal de Smith se han tornado crecientemente tangibles.

La elevación de bienes materiales y la multiplicación de alternativas ha colocado a las personas en una mejor posición, aunque bien puede argumentarse sobre si ello ha creado mejores personas.

La multitud de opiniones acerca del capitalismo como causa de pobreza no tienen respaldo real. Más aún, los países del bloque soviético y las naciones del tercer mundo han optado en general por seguir un política capitalista.

La abundancia creada por el mercado, desde luego, puede ser usada positivamente, como Voltaire decía, para sobre ella elevar el espíritu; pero también puede usarse para cuestionar el sentido del desarrollo material y proponer medidas diferentes de mejoría, más allá del crecimiento económico.

Sin duda el mercado altera a la sociedad, pero sería erróneo poner toda la atención en los cambios negativos sin considerar también los cambios positivos.

En el último de los apartados es el de la asociación entre los judíos y el capitalismo, otra de las tensiones que tienen que ver con la discusión acerca del mercado.

De un inicio en el que el mercado era relacionado con las actividades de los judíos en algunas partes de Europa, lo que era usado para desechar la opción de mercado, esa asociación fue decayendo en el siglo 20.

Sin embargo, en los inicios del siglo 21 ha resurgido en menciones y actos que muestran resentimiento contra el éxito de Occidente, con sociedades abiertas en las que las características personales no son relevantes. (Véase Prejuicios étnicos para ampliar el tema de las minorías exitosas en sociedades que les llegan a temer.)

No hay duda del gran mérito del trabajo de Muller en este libro.

Nos ha provisto con una sólida lista de puntos de divergencia entre quienes se inclinan por el sistema de mercados y quienes se inclinan por una posición contraria.

La visión analítica es de enorme ayuda para una discusión ordenada.

Más aún, esa lista contiene matices que hacer ver que las posiciones no son diametralmente opuestas ni incapaces de ser conciliadas.

(Véase Diferencia de panoramas para ver otra faceta del origen de posiciones divergentes en este tema, una de más dificultad en solucionar. Igualmente puede ayudar Capitalismo democrático, para examinar la variable de complejidad en la explicación del capitalismo.)

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



1 comentario en “Pros y Contras del Mercado”
  1. oscar rene Dijo:

    me sirvio mucho, gracias esta bien completo.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras