Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Proteger lo Nuestro
Eduardo García Gaspar
26 julio 2006
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Nunca se termina el aprendizaje. Jamás. Y una de las mejores formas de cultivarse es escuchar las opiniones ajenas, algo que en parte puedo hacer gracias a los lectores que tienen el tiempo y la delicadeza de enviarme sus comentarios… la mayoría constructivos, aunque haya algunos no precisamente amables.

En las últimas semanas un par de lectores me han enviado comentarios que apoyan la idea de volver a cerrar las fronteras para proteger a la industria nacional y prosperar elevando así las posibilidades de empleo de los mexicanos.

La tesis que ellos sostienen, creo, en lo esencial puede resumirse así: la autoridad nacional debe proteger a las plantas mexicanas, aunque eso signifique productos malos y más caros, pero con los productores apoyando a obreros y campesinos. Las economías abiertas son ficticias porque dependen de transnacionales que se van a donde los costos son más baratos.

En esencia eso es lo que dicen y bien vale una segunda opinión al respecto. La primera prueba en contra de eso es de simple sentido común: si eso fuera cierto, los países cerrados progresarían más que los abiertos. La evidencia que se tiene muestra lo opuesto exactamente.

En segundo término, México aplicó ese proteccionismo y no con resultados muy buenos. La evidencia de eso es fácilmente encontrada en varios libros.

En tercer lugar, sigamos con un mero sentido común. Sabemos que el cierre de fronteras produce productos caros y malos, por falta de competencia. Es decir, los proponentes de esa idea están diciendo que se progresa elevando los precios de los productos, cuando todo indica que es exactamente lo opuesto: las reducciones de precios son en realidad elevaciones de ingresos. Lo que ellos piden es que los consumidores subsidien la ineficiencia de las empresas.

El proteccionismo, además, no funciona a la larga. Jamás podrá lograrse una nación absolutamente aislada. El ejemplo quizá más usado es el siguiente: en un país podrá con sencillez sustituirse la importación de cigarros, por ejemplo, pero quedaría pendiente la sustitución de las máquinas que hacen los cigarros, y de las máquinas que hacen las máquinas que hacen los cigarros.

La sustitución de importaciones tendría que ser absoluta, lo que es imposible y siempre habría dependencia del extranjero para comprar lo que aquí no se produce ni inventa, como medicinas, o alta tecnología.

Vaya, para hacer real la sustitución de importaciones, tendríamos que incluso crear y hacer nuestros propios chips, lo que resultaría más caro que comprarlos en el exterior. Usted compra sus zapatos fuera de casa porque eso es más barato que hacerlos usted mismo.

Pero hay otra razón: cuando usted cierra la frontera y no acepta importaciones, los recursos internos del país NO aumentan, se quedan igual, pero se dedican a producir otras cosas, que podrían comprarse fuera a mejores precios.

Estas cosas que menciono se escribieron en 1776, hace casi dos y medio siglos, y se han mantenido vigentes.(de hecho datan de fechas anteriores).

De finales de los cuarenta hasta los ochenta, México siguió un sistema de cierre de fronteras, con resultados netos negativos, sobre todo cuando se compara contra países que siguieron políticas de apertura. La evidencia es abrumadora, teórica y estadística. Y sin embargo hay personas que mantienen la posición de que lo que más conviene es cerrar las fronteras en alguna de sus modalidades.

He sostenido algunas conversaciones con personas que eso piensan. Algunas de ellas han sido productivas, cuando las dos partes hemos tenido la mente abierta y mantenido la calma. Pero, la mayoría de las veces, he encontrado que mis razonamientos son contestados de manera errónea.

Recuerdo una vez que cuando dije que el cierre de fronteras producía un beneficio indebido a las empresas locales, el hombre me contestó diciendo que yo era un “sátrapa”.

En otra ocasión, el lector al que contesté, me dijo que aún con todo él seguía creyendo que el cierre de fronteras creaba riqueza y que mis evidencias eran “burgueses” y favorables a los empresarios, cuando en realidad era su idea de cerrar fronteras la que lo hacía.

No cabe duda que la discusión lleva siglos. Debe haber alguna posibilidad de llegar a acuerdos básicos. Quizá todo sea esa terrible cosa que nos afecta, la terquedad.

POST SCRIPTUM

• La evidencia del proteccionismo fallido puede encontrarse en Cárdenas, Enrique (1994). HISTORIA ECONÓMICA DE MÉXICO. México. Fondo de Cultura Económica. 9681544670 y en Cárdenas, Enrique (1996). LA POLÍTICA ECONÓMICA EN MÉXICO: 1950-1994. México. Fondo de Cultura Económica. 9681648447.

• Las evidencias en favor del libre comercio son enormes. El libro de 1776 al que me referí es el de Smith, Adam (1993). WEALTH OF NATIONS [1776] A SELECTED EDITION. (Kathryn Sutherland). Oxford. Oxford university press. 019281765.

• En el botón de búsqueda por tema dentro de la sección AmaYi en este sitio pueden encontrarse otras referencias de apoyo, con la palabra clave “libre comercio”. Por ejemplo una de Sowell, y la muy graciosa crítica de Bastiat.


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