Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Protestas y Emigrantes
Eduardo García Gaspar
5 mayo 2006
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIEDAD
Catalogado en: ,


No soy un tipo aficionado a las marchas de protesta. Las veo con sospecha. Pueden tener objetivos legítimos, pero también con facilidad pueden salirse fuera de control. Peor aún, suelen ser oportunidades de adhesión para causas ajenas a ellas.

Son una de las últimas cartas a jugar en un juego político de libertades que sólo son posibles dentro de un estado de derecho. Las marchas de inmigrantes en los EEUU, de hace unos días, son especialmente notables.

Responden a la posibilidad de lo lógico en un país de leyes, su aplicación y lógica conclusión: el inmigrante ilegal ha violado la ley y eso es una realidad absoluta. Pero la realidad también muestra otra faceta. Millones han optado por abandonar su país y emigrar a donde piensan que pueden vivir mejor.

En el fondo esas marchas dicen dos cosas muy claras. Muestran a cantidades enormes de gente diciendo quiero quedarme aquí. Aquí es donde quiero estar, donde pienso que voy a vivir mejor. Y también dicen otra cosa.

Dicen que no quieren regresar al sitio de donde vinieron, que no quieren vivir más allá. No creo que jamás en la historia un país haya recibido más apoyo popular espontáneo que en esta ocasión. Y tampoco creo que jamás haya habido una reprobación más amplia de los países de origen de esos inmigrantes, a cuyos gobiernos les dicen con hechos que son malos.

Malos por no dar lo que tuvieron que buscar en otras partes. Los países con gobiernos reprobados son los verdaderos villanos de la emigración y sus países los perdedores de personas trabajadoras, con talento y ganas de valerse por sí mismas.

Mi conclusión al final es sencilla: los gobiernos de los países de origen de los emigrantes no han creado las condiciones adecuadas para que las personas trabajen. Les ponen obstáculos, los frenan, les impiden hacer lo que ellos desean. Y se van a donde creen que ellos pueden hacer más y mejores cosas.

Donde hay condiciones para poder trabajar. Imagine usted lo absurdo de la situación: quiero trabajar y mejorar, pero mi gobierno lo impide… por eso me voy. No es una cuestión de hace pocos años. Es una cuestión de decenios. Muchos decenios.

Los fracasos de los gobiernos mexicanos son ilustraciones brillantes de esto y muestran una paradoja fascinante. La ley laboral mexicana por diseño está inclinada a favorecer a los trabajadores. Las leyes norteamericanas no y es precisamente a ese país es a donde el trabajador quiere ir. Una lección que aún no se entiende en los legisladores mexicanos.

En medio de esto existe un peligro serio: la adhesión a las marchas de movimientos ajenos que buscan oportunidades de agenda propia. En las marchas, usted lo vio, se vieron imágenes ajenas, como las del Che Guevara, curiosamente contrario a las ideas del país en el que los emigrantes quieren quedarse. Incluso hubo una bandera de la URSS. No de Rusia, sino la de la hoz y el martillo.

En una ciudad de México, un manifestante arrojó objetos a un establecimiento estadounidense, una acción incomprensible pues en ese país han preferido vivir algunos de sus compatriotas.

Su unieron también el siempre presente Al Sharpton y los extremistas políticos de izquierda que tienen protestas ajenas a las de los inmigrantes. Más, desde luego, una idea extraña, la de boicotear la compra de productos de las empresas en cuyo país se desea vivir. No tiene mucho sentido hacer eso.

Como tampoco lo tiene el perder el sentido de la orientación. Muchos podrán sentirse fascinados por el sentimiento de poder que esas marchas de protesta generan. Y el poder es un afrodisiaco que tiene el defecto de cegar, que evitará ver el fondo del asunto.

Ese fondo es doble. De corto plazo, el problema es local de los EEUU, que tienen un sistema de tal magnitud que atrae a cantidades de personas cuya ambición es trabajar y valerse por sí mismos. En el largo plazo, el problema es de las naciones con gobiernos fracasados, que no entendieron que su papel no es el de ser salvadores sociales, sino el de crear condiciones de prosperidad.

Es decir, hacer fácil que el que quiera trabajar lo haga sin la carga de impuestos, trámites, permisos, corrupción y la peor de todas, gobernantes que se creen redentores sociales.

POST SCRIPTUM

• Un caso claro de gobierno culpable es el de Bolivia, con Evo Morales: las dictaduras no son propicias a la creación de empleos. En un artículo reciente, Álvaro Vargas Llosa escribió que

“… there are already more than five thousand Cuban and Venezuelan advisors in Bolivia. A recent study by the University of Miami mentioned a prominent Cuban Colonel as part of Mr. Morales’ personal security. Ostensibly the Cubans provide services in areas such as health and education. They are helping Morales establish something akin to the “missions” that Chávez has set up in Venezuela and which have become vehicles for social handouts.

” These social services have been welcomed in Venezuela’s poorest neighborhoods but have become tools for agitprop and political regimentation. The most important step [Morales] has taken to undermine the system’s independence is the new electoral register. The overall objective is to pack his constituent assembly, which will be elected this summer, with his supporters and then re-write the constitution to fit his political needs, “a la Chávez”…

Venezuelan advisors are also helping Morales with this process… Mr. Morales is… betraying the expectations of those millions of indigenous Bolivians who need capital in order to start the hard process of overcoming poverty.”

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