Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Realmente Independientes?
Eduardo García Gaspar
23 noviembre 2006
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Es una idea siempre repetida la que afirma lo positivo de la separación entre iglesias y gobiernos. A fuerza de repetirse cobra autoridad y se toma como verdad revelada. Por esta razón es que conviene examinarla.

Porque, quizá, no sea tan cierta y resulta relevante en momentos en los que se legalizan uniones de personas del mismo sexo.

Comienzo con una frase de R. Reagan: “La verdad es que la política y la moral son inseparables. Y ya que el fundamento de la moral es la religión, entonces la religión y la política están necesariamente relacionadas. Necesitamos a la religión como una guía”.

Si dejamos de lado las reacciones viscerales que una afirmación así puede causar, podemos llegar a gozar el gusto de explorar una idea.

Lo primero que llama la atención es el uso indistinto que se hace de dos palabras, “religión” e “iglesia”. No son lo mismo y por eso, es sencillo aceptar que deba existir una separación entre el gobierno y las iglesias: las jerarquías de los gobiernos y de las iglesias deben estar separadas. Los gobernantes no deben tener poder religioso y los religiosos no deben tener poder político.

La cosa es razonable hasta aquí y se trata de otra faceta de la división de los poderes políticos y religiosos, cuyos miembros no deben pertenecer a ambas instituciones al mismo tiempo. La aplicación práctica la tenemos en el generalmente aceptado principio de que un ministro religioso no puede ocupar un puesto público. No conviene, según la experiencia nos ha permitido ver, que las iglesias y los gobiernos se mezclen en sus instituciones.

Supongo que eso pueda ser aceptado por todos. Pero hay algo sutil que debe ser aclarado. Si sabemos que no conviene mezclar las organizaciones eclesiásticas con las gubernamentales, nos queda por ver de cerca el contacto cercano entre religión (no iglesia) y el gobierno. El asunto es complicado. La religión es sin duda una fuente de moral, de reglas que establecen lo bueno y lo malo, lo que debe hacerse y lo que no debe hacerse.

¿Puede entonces aceptarse sencillamente que la religión, es decir, la moral debe evitarse en la política? No lo creo. Tomemos el ejemplo de un gobernante cualquiera que es creyente de una religión, la que sea, y veremos que será muy difícil pedirle que actúe de manera independiente a sus creencias religiosas. Sin duda las decisiones políticas de ese gobernante se verán afectadas por sus creencias religiosas.

La idea es simple de expresar: las creencias morales de las personas modifican sus acciones, sean gobernantes o no. Y si la mayor fuente de moral es la religión, entonces veremos que la separación entre religión y gobierno es imposible. Podremos separar a las instituciones religiosas de las gubernamentales, pero no a los principios morales de las acciones gubernamentales.

Las personas, incluyendo a los gobernantes, actúan teniendo fe en ciertos supuestos, creyendo en algunas verdades que toman como ciertas. Una buena parte de esos supuestos y esas verdades son morales y derivan de creencias que tienen un origen religioso. Por eso, coinciden admirablemente leyes y mandamientos religiosos en sus esencias, como el no lastimar a otros, el no mentir, el no robar, el dar a cada quien lo que merece.

Las razones anteriores muestran dos cosas. Uno, conviene y es de provecho mantener separadas a las instituciones gubernamentales y religiosas, para que no compartan el mismo poder. Dos, la separación entre iglesias y gobiernos no puede significar la separación entre moral y política, una tarea imposible y que significaría que la política tendría que crear su propia ética, diferente a la moral religiosa.

Lo que en México ha sucedido, mucho me temo, es que se ha confundido el terreno. La separación entre las organizaciones religiosas y las gubernamentales ha sido expandida a la separación de la moral de la política.

La consecuencia de la indebida expansión de esa idea ha producido un efecto contraproducente, pues si se ignora la moral porque ella viene de la religión, entonces inevitablemente se crea un vacío de creencias, que es llenado por la moral inventada por el gobierno mismo y la opinión pública… lo que da reglas morales cambiantes y relativas que quitan sentido de dirección a la persona.

POST SCRIPTUM

El tema es de muy alta controversia por las reacciones viscerales de algunas personas. Espero haber sido en distinguir dos tipos de separación:

• La separación entre organizaciones o jerarquías religiosas y políticas, la que es conveniente.

• La separación entre moral y política, la que es inconveniente.

Todas las personas, incluyendo a las ateas e irreligiosas, tienen creencias que toman como ciertas en buena parte como un acto de fe y a las que no exigen demostraciones científicas. La moral es una parte de esas creencias y su principal origen es la religión.

Quitar las guías morales porque vienen de la religión es igual a retirar el sentido de dirección que las personas tienen en sus actos, lo que anularía el significado de la libertad. Si somos libres, ello requiere normas de uso de esa libertad, de lo contrario la libertad no tiene sentido.

Un ensayo, Libertad, razón y amor, explora esto último com mayor profundidad.


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