Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Relativismo Mal Planteado
Leonardo Girondella Mora
14 abril 2006
Sección: Sección: Asuntos
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Usando el ejemplo proveído por una columna periodística reciente, quiero presentar una idea que explica al menos en parte, que el relativismo moral, para sostenerse, da una respuesta correcta a la pregunta equivocada —el relativismo moral pregunta quién es el que impone las reglas morales y de qué autoridad goza para hacerlo.

Dentro de un mundo de personas iguales, es natural que la respuesta sea “nadie”.

Iniciaré con el ejemplo de la columna que me servirá de ilustración. La columna publicada recientemente sostiene la tesis de la relatividad cultural. Su autor escribió que,

“Sin duda, reconocer y aceptar la relatividad moral de los usos y costumbres indica un estado avanzado de la civilización. Por el contrario, obstinados en hacer de nuestro estrecho punto de vista la verdad absoluta e incontestable, caemos en el pozo de la intolerancia y el diálogo de sordos”.

Semejante aseveración equivale a creer y defender la idea de que lo que en el lugar A es moral puede en el lugar B ser inmoral y que en esa diferencia nada hay por resolver, ni tratar, ni entender. En ambos lugares se tiene la verdad —con la aseveración adicional de que afirmar lo contrario es atrasar la civilización y ser intolerante.

Es una tarea simple demostrar que el autor equivoca sus razonamientos porque usa una aseveración absoluta para demostrar que todo es relativo: dice que lo creído aquí y allá son verdad aunque sean creencias opuestas —y sin duda justifica que si en un lugar se considera costumbre matar niños, eso es perfectamente justificable y es una verdad a ser tolerada y respetada so pena de ser considerado intolerante.

Lo interesante no es demostrar de nuevo el error lógico del relativismo — lo más útil será hacer una indagación algo más de detalle cómo llega el autor a ese error tan espeso. Para justificar que, “Sin duda, reconocer y aceptar la relatividad moral de los usos y costumbres indica un estado avanzado de la civilización” y “rechaza[r] la dictadura de los absolutos”, el autor usa ejemplos:

• Lo escrito por Herodoto —los griegos no aceptarían la momificación de sus muertos y los egipcios no aceptarían la cremación de los suyos. La confusión del autor es clara: el terreno de la moral es el de los valores, de las cuestiones éticas, de lo prescriptivo; y el de las culturas es el de las costumbres, de lo descriptivo. No son lo mismo —una cultura no resuelve las cuestiones morales o éticas.

• La prohibición legal mexicana, que señala como un acto ilegal que un extranjero intervenga en la política mexicana —cosa que puede ser inexplicable para personas de otras naciones. De nuevo, la misma confusión, pero ahora en cuestiones legales de un lugar y de otro, donde puede haber variaciones importantes sin que eso signifique otra cosa que diversidad de opiniones, un terreno que no es el de la verdad.

• Dice luego, “Conozco gringos [sic] desconcertados por el excesivo celo de nuestra Constitución para con los símbolos patrios, mientras muchos mexicanos jamás entenderemos la ligereza que al respecto muestran nuestros norteños vecinos, capaces de usar su bandera como tapete a la entrada de las casas”. Lo mismo, confusión que presupone que la ley contiene una verdad, cuando bien puede ser que sólo contenga una opinión.

• La situación en Afganistán, en la que uno de sus ciudadanos ha violado la ley que dice que cambiar de religión es un delito serio —una situación que le hace meditar al autor si “tan cruda ley islámica en verdad resulta universalmente injusta”. El ejemplo es extremo —significa un apoyo a la persecución religiosa y justificaría los más atroces regímenes, como los de las limpiezas étnicas.

En fin, otro caso de meditaciones extremas y equivocadas, que usando el pretexto de la tolerancia abren las puertas a las más terribles ideas totalitarias. Es difícil razonar con mayor pobreza una idea más peligrosa. Pero de este mal análisis hay algo que aprender:

La pregunta equivocada

Un propuesta como la del autor de marras, que sostiene que la verdad moral es relativa, llega a tal conclusión porque parte de una pregunta deficiente: ¿quién emite las reglas morales? Cuando se hace tal pregunta, la única contestación posible es la de que nadie puede hacerlo —en un mundo de personas con iguales derechos, ningún humano tiene el poder legítimo para imponer sus ideas sobre otros. El autor usa esa pregunta subyacente a sus razonamientos.

Los griegos no pueden imponer sus creencias a los egipcios; ni los mexicanos a los norteamericanos; ni los afganos al resto del mundo. Tampoco puede Pedro imponer sus ideas a Pablo. La respuesta es correcta, pero la pregunta es la incorrecta.

La pregunta equivocada supone que la fuente de moral o ética es una persona o grupo de ellas —y ella cae por tierra cuando se plantea otra posibilidad, que la ética o la moral no tengan como origen las ideas de una persona o grupo de ellas, sino que vengan de otra fuente distinta. ¿De dónde pueden venir las reglas morales?

Si su origen fuera una persona o un grupo, y las ideas que ellos sostienen, sería aceptable que la moral dependiese de la voluntad individual y que no hubiese valores absolutos —pero si los preceptos éticos provienen de otra fuente, externa a la voluntad e ideas personales, eso sería un argumento adicional para derrumbar al relativismo moral.

Si la ética se fundamenta en, por ejemplo, la naturaleza humana, ése sería un criterio independiente y externo a la voluntad personal y podría sobre ella construirse una moral objetiva lógicamente derivada de esa naturaleza. La discusión al respecto, por lo tanto, se trasladaría a niveles más prometedores de discusión que el simplismo de hacer depender a la moral de las voluntades personales en diferentes tiempos y lugares.

Una de las ideas centrales de la libertad de expresión es su tesis de que una libre circulación de ideas, buenas y malas, ciertas y erróneas, es fructífera. Y este caso lo demuestra. Una columna tan plagada de errores de razonamiento ha permitido crear ideas más prometedoras.

NOTA DEL EDITOR

• La columna a la que hace referencia el autor, es una aparecida en Grupo Reforma el 26 de marzo de 2006, con el título de “Relatividad”.

• Hay más material sobre el tema en ContraPeso.info: Relativismo Moral , ContraPeso: Relativismo Cultural y en ContraPeso.info: Educación Para la Ciudadanía.

• Un caso interesante está en Creando Una Nueva Etica, donde se ve cómo la pregunta de quién debe imponer la moral ha sido contestada, es el gobierno por medio de la educación.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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