Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sin Verdad no Hay Libertad
Selección de ContraPeso.info
1 abril 2006
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: AmaYi
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Cuando la libertad es víctima de definiciones simplistas, eso constituye un verdadero ataque a la libertad. Si hay un común denominador en los 127 resúmenes anteriores de esta publicación, ése es la defensa de la libertad. Y esa defensa choca fuerte y de frente con quienes entienden a la libertad de una manera primitiva.

Cuando alguien define a la libertad como el simplista establecimiento de más y mayores derechos individuales, lejos de fomentar a la libertad, la está destruyendo.

Pocas cosas causan tanto desagrado como el encontrar a quien cree que defiende a la libertad con la ampliación de los derechos, como si la libertad fuera una lista cada vez mayor de cosas posibles de hacer y a la que cada día pueden añadirse más cosas, dependiendo de las preferencias personales. En una breve publicación, de mal formato, sin embargo, fue encontrada una idea que en unas pocas páginas trata el tema de esas definiciones simplistas de libertad. Su autor fue el entonces Cardenal Ratzinger.

El texto encontrado, por cierto, es difícil y obtener de él un resumen sencillo lo es aún más. Podría haber sido escrito ese texto por un laico o por un religioso, pero sin duda no podría hacer sido escrito por alguien que no tiene una aguda visión de la libertad. Una vez leída esta carta, conviene que el lector acuda al original para entrar más en el detalle de los razonamientos encontrados allí. En fin, si usted no acepta definiciones simplistas de la libertad, prepárese para un festín.

Esta carta contiene una idea tomada de la obra de Ratzinger, Joseph (1997). LA FE COMO CAMINO. Barcelona. Ediciones internacionales universitarias. 8489893055, capítulo 1 Cuestiones Fundamentales, sección 1 Libertad y Verdad, pp. 13-26.

En la entrada misma del escrito, Ratzinger dice que la libertad es lo más valorado por la conciencia moderna.

Todo se subordina a ella. Cualquier otro valor es visto como una restricción de la libertad y por eso, como remanente vetusto que no va con la época.

La verdad es uno de esos valores que son colocados por debajo de la libertad.

Si a la libertad se le coloca en el nicho más alto, a la verdad se le mira al mismo tiempo con sospecha, recordando las ocasiones en las que la verdad ha sido usada para oprimir. Peor aún, ante la verdad surge el escepticismo acerca de lo que no puede ser explicado científicamente, ni ser cuantificado.

La subjetividad emerge como un lazo común que hace calificar de fantasioso o fanático a quien pretende guiar su vida por la verdad.

Lleva esto al autor a plantear una idea prometedora. Si existen motivos fuertes para preguntarnos acerca de lo que la verdad es, también existen causas suficientes para examinar lo que es la libertad.

La creencia más difundida es entender a la libertad como posibilidad de hacer lo que deseamos, hacerlo cuando lo queramos, y su natural contrapartida, la de poder no hacer lo que no queremos.

En el fondo esto significa necesariamente tener una sola base para entender a la conducta libre: la voluntad propia. Es decir, la disposición individual de querer algo es lo que se considera en la actualidad el fundamento de la libertad.

La pregunta lógica siguiente es plantear si la voluntad propia es libre y hasta qué punto. Concretamente, debe responder si la libertad es razonable, si puede existir la libertad irracional y si esa libertad irracional es realmente libertad. Es claro que en estas preguntas sobre la racionalidad de la voluntad, se encuentra el asunto de la verdad.

Termina el autor esta sección de su escrito con una conclusión sencilla.

Las preguntas de qué es la libertad y de qué es la verdad son muy complicadas. Si existen motivos fuertes para preguntarnos acerca de lo que la verdad es, también existen causas suficientes para examinar lo que es la libertad.

La siguiente parte está dedicada por el autor a la historia moderna y su idea de libertad. Esta parte del texto es resumida aquí en su mínima expresión, para así dejar espacio a las ideas siguientes del autor, que son realmente reveladoras.

Inicia con una mención de Lutero y una de sus consecuencias, la libertad de conciencia frente a la autoridad, es decir, la libertad en el fuero interno personal. Los ordenamientos exteriores del hombre son vistos como una carga de la que debemos deshacernos.

Sigue una mención de la ilustración y su énfasis en la razón, la que debe examinar críticamente todo; según esto, sólo lo explicado por la razón tiene valor. Esta ilustración tiene consecuencias en doctrinas sociales, incluso contrapuestas, como la del derecho natural con un orden democrático y la de Rousseau que es de tipo anárquico.

Dentro del orden del derecho natural, las leyes que aprueban la esclavitud son injustas, pues se piensa que los hombres tienen derechos en los que la misma justicia se basa. La libertad en esta manera de pensar no es algo que viene de fuera, sino algo que se justifica por la misma naturaleza humana.

El hombre ha sido creado libre y esta idea revolucionaria se opone al absolutismo estatal. Hay aquí una idea penetrante, la de sostener que existe una naturaleza humana digna, con un espíritu, causa misma de la libertad y medida de ésta.

La otra doctrina, contrapuesta a la del derecho natural y orden en la libertad, es la de concebir como antinatural a lo que la razón ha creado y ver a la libertad como un algo que no acepta reglas.

La Revolución Francesa, por ejemplo, inició con las ideas de una libertad ordenada, aunque después cayó en las nociones de una libertad anárquica.

El marxismo presenta igual patrón, el de rechazar a la libertad ordenada, propia de las democracias, considerando que no es ésa la real libertad, sino sólo aparente; su propuesta es la de una libertad mayor sustentada en el dominio de la comunidad sobre el individuo y en la necesidad de cambiar las estructuras del mundo.

En esencia, por tanto, el autor contrasta dos concepciones de la libertad, la de una libertad dentro de un sistema ordenado con leyes y la de una libertad que no acepta esas normas.

Y luego señala que la idea de una libertad sin reglas es la que predomina en los reclamos de una libertad que equivale a seguir los dictados ilimitados de la voluntad.

Dentro de las democracias se ha extendido la noción de que ellas no son la libertad entera, lo que se ha convertido en el reclamo de una ampliación creciente de posibilidades de acción sin limitaciones.

Estas críticas cuestionan, por ejemplo, si las elecciones entre partidos políticos son en realidad libertad, si lo es el sistema de minorías y mayorías parlamentarias, si acaso no todo en la sociedad es movido por intereses particulares. Una consecuencia de la materialización de ese reclamo es el riesgo de ingobernabilidad.

Pero otra consecuencia es el atractivo de soluciones autoritarias, aunque ella según el cardenal no es tan fuerte como el discurso de una libertad absoluta, tanto que la idea de ley y orden es vista como contraria a la libertad.

El cuestionamiento de la libertad en los sistemas democráticos es profundo, va a lo más hondo, y por esta razón no puede ser contestado con mejores leyes o reformas.

El problema de fondo es el de la concepción de la persona, quién es ella, y cómo ella puede tener una existencia individual dentro de la sociedad. Significa que la libertad desde sus visiones filosóficas, políticas y religiosas es un asunto que no admite ser dividido.

Tiene que ser tratado como un todo, yendo al fondo y sin soluciones expeditas.

En la siguiente parte del escrito, Ratzinger comienza hablando de la esencia de la libertad humana.

De entrada, asevera que en la sección anterior puede verse que la idea de libertad que tenemos en la actualidad es restringida y ambigua. Cierto, la libertad es un bien, pero sólo puede serlo si va acompañada con otros bienes que la hacen libertad en una integridad inseparable.

La libertad ha sido reducida para aterrizarla en la idea de los derechos personales, lo que la priva de su realidad humana verdadera. En esta reducción de la libertad, ella ha sido restringida a convertirse en una lista de acciones posibles que son llamados derechos.

Para ejemplificar esta limitación de la idea de libertad, el autor acude a un ejemplo, el aborto.

Quien piensa que la libertad es una simple lista de derechos, necesariamente justifica el aborto como un derecho de la mujer para disponer sin limitación de sí misma y de su cuerpo, queriendo o no traer a un niño a este mundo. Ella es la que únicamente decide.

En este caso puede verse con claridad la existencia de dos partes, dos personas, algo que toda definición de libertad debe considerar so pena de ser estéril.

¿Es la decisión de aborto en realidad una decisión de la mujer sobre ella misma solamente o también está involucrado otro ser al que no se le reconoce la posibilidad de ser libre?

Puede esto ser visto como algo que puede ser proyectado a otras situaciones: una colisión de libertades entre dos personas en la que la solución es la eliminación de una de las partes. No se trata de hablar del aborto en específico, sino usar este caso como un ejemplo particular de que sirve para ilustrar el tema más general de la libertad en la actualidad.

Nacido o no, el niño es dependiente de otro. Dentro del vientre depende de la madre. Fuera de él depende de ella o de un asilo de huérfanos.

Sea lo que sea, se muestra que existe una relación de colaboración y dependencia entre personas, no una de contraposición de libertades. Se ve un elemento de mutua ayuda, contraria a la idea de un ser libre hasta el total extremo en el que la existencia misma es un atentado a la libertad.

La conclusión es clara, la libertad en su visión restringida implica la renuncia de la misma esencia humana, donde todas las dependencias son consideradas límites indeseables.

Quien cree que la libertad es esa lista de derechos individuales, busca ser alguien que no depende de nada ni de nadie, como Dios. Quiere una libertad concebida como una que no admite las limitaciones que impondrían las libertades de otros.

La deshumanización en esa idea de libertad es obvia y significa la ruina del mismo ser humano al destruir también a la verdad de ese ser. Esto puede ser visto como una rebelión contra la verdad.

La libertad concebida como la destrucción propia o de otros no puede racionalmente ser considerada libertad. La libertad sólo puede ser comprendida como una libertad personal que convive con las libertades de otros, con límites y dependencias mutuas.

De esto surge lógicamente la idea de que orden y ley son conceptos no solamente no contrarios a la libertad, sino necesarios para ella, tanto que son parte necesaria de la libertad. La libertad humana puede únicamente ser vista como una coexistencia coordinada  de libertades. No tener ley y orden es no tener libertad.

Lo que el autor hace aquí es incorporar en sus razonamientos la lógica idea de que existen otras personas, de lo que necesariamente se sigue que el examen de la libertad no tiene sentido si no se consideran las libertades de todos. Y eso hace necesario al derecho, es decir, a las leyes.

La siguiente pregunta es natural. ¿Qué es lo que hace que un derecho o ley se ajuste a la libertad?  No puede ser un derecho cualquiera, por ejemplo, uno que legalice a la esclavitud.

Menciona aquí el autor a san Agustín y su aseveración de que un Estado que acepta tener como criterio central la defensa de sus intereses no tendría diferencia alguna con una banda de asaltantes, si es que olvida que ese criterio es la justicia.

Para buscar el criterio de solución debe verse a todo el género humano, el de hoy y el futuro. Ese criterio único admisible es el bien del todo, es decir, el bien en sí mismo.

Y esto lleva a pensar que la libertad no puede dejar de lado a la responsabilidad, el considerar los efectos de la libertad propia en otros. La creciente liberación debe estar acompañada por una responsabilidad progresiva.

De aquí que resulte absurdo pensar en la libertad como la ampliación sin límite de los derechos personales, porque inevitablemente eso lleva a la destrucción de las libertades personales.

Si se desea libertad se debe tener responsabilidad y la responsabilidad es responder de manera consistente con la verdad del ser humano.

En esta discusión, propone el autor, deben ser consideradas las ideas religiosas, si es que realmente se desea tener una argumentación fructífera.

La integración de esta fuente religiosa múltiple es importante porque la incorporación de la responsabilidad plantea la reflexión sobre la posibilidad de saber qué es lo que es bueno para todos y no solamente para hoy sino para el futuro.

En otras palabras, el preguntar qué es la libertad debe llevar a la consideración de otro elemento, sin el que la discusión sería estéril.

Ese elemento es la responsabilidad y la responsabilidad es la consideración de los efectos de las acciones realizadas libremente. Lo que el autor propone es hacer esa discusión mejor integrando en ella elementos de las tradiciones religiosas, pues ellas se ocupan de eso que es bueno.

Cuando se hace una estimación o cálculo de los efectos de los actos libres debe reconocerse abiertamente que no existe una respuesta absoluta. Ante la imposibilidad real de hacer un cálculo exacto de efectos totales de los actos libres, se hace necesario contar con otro criterio de solución y ese criterio de solución para definir responsabilidad es la naturaleza humana.

Visto desde otra perspectiva, eso significa que no se debe buscar fuera del hombre, sino dentro, para encontrar los elementos que hagan entender a la libertad.

Si se busca fuera del hombre se terminaría por encontrar que las ideas de libertad, de responsabilidad y de verdad estarían en conflicto, cuando no lo están.

Viendo dentro del hombre el asunto se resuelve: en cada hombre existe la verdad de la esencia humana, lo que ha sido dado en llamar naturaleza humana. El hombre que existe es el que Dios ha creado y en ese hombre son una sola cosa la libertad, el orden, la consideración del futuro, los demás.

La respuesta, por tanto, es entender responsabilidad como el vivir de manera congruente con lo que somos. Con esto se soluciona la falsa contraposición entre mi libertad y la de los demás.

La verdad del hombre une el bien de todos con la libertad personal, lo que está claramente expresado en los Diez Mandamientos y otros códigos éticos religiosos que son iguales en sus preceptos. Vivir ese decálogo, por tanto, es libertad, armonía con los demás y también unión con el ser divino.

El respeto a esas reglas deja de ser un freno a la libertad, y se torna en la forma correcta de libertad.

Ratzinger ofrece al final un resumen de su escrito, en tres puntos.

1. Es errónea la noción de la libertad como la ampliación de libertades que implica la desaparición de normas. Eso lleva a la destrucción, la que puede ser evitada si la verdad se orienta a la esencia humana.

Se comete un error de muy serias consecuencias cuando a la libertad se le define como una lista cada vez más amplia de acciones posibles que son calificadas de derechos personales. Esa definición de la libertad es un ataque a las libertades de los demás y por eso, es una destrucción de la misma libertad.

2. De la realidad de la esencia humana se desprende que en la historia de la humanidad jamás existirá una situación que pueda ser perfecta e ideal, es decir, de perfecta libertad. La humanidad progresa, es cierto, pero son falsas las promesas de mundos futuros liberados, lo que de paso debe hacernos desmitificar las ideas de cambio y revolución como un bien en sí mismas; no todos los cambios son buenos.

Esta es una idea del autor tratada en otra obra y expuesta en AmaYi® (véase El peligro de lo perfecto). En la historia humana hay avances pero también hay retrocesos. En este mundo, dada la naturaleza humana, no se podrá tener una sociedad de libertad perfecta.

3. No debemos presuponer la perfección absoluta de la razón y con ella nuestra autosuficiencia. Se necesita el apoyo de las tradiciones religiosas, las que serán sin duda examinadas por la razón.

Ignorar a la religión crea vacíos que son ocupados por bienes relativos, con lo que el hombre pierde libertad (véase Reemplazos de Dios). Si el hombre no tuviese una verdad, tampoco tendría libertad. La verdad nos hace libres.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



1 comentario en “Sin Verdad no Hay Libertad”
  1. María Elena Rodríguez Dijo:

    Excelente! Hay que enseñar a la gente a filosofar, sin mencionar la palabra filosofía, para evitar la alergia condicionada a ella. Gracias!





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