Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Sindicatos Descontrolados
Eduardo García Gaspar
16 octubre 2006
Sección: GOBIERNO, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en: ,


No fue un buen día. El viernes pasado, camino a dar mis clases, detrás de mi coche otro automóvil prendía las luces y se encontraba a un metro mío, lo que a 80 km. por hora no es agradable. Otro caso de un conductor agresivo y violento, que puede causar un accidente serio.

Antes de salir, mientras desayunaba, leí que el líder de los burócratas federales decretaría una huelga general nacional si es que no se les daba a esos empleados un bono por terminación de sexenio. Dijo que su paro podría ser de mayores consecuencias que lo de Oaxaca y debían pagar para no hacerle las cosas difíciles al gobierno saliente y entrante. Son cerca de dos millones de burócratas y quieren cobrar en total 4,500 millones.

Total, otro chantaje corporativista: busco mi beneficio personal a costa del daño al resto de la gente, porque esos miles de millones se retirarían de, por ejemplo, la construcción de carreteras, renovación de presas, pavimentación, servicios de seguridad.

Mientras me seguía el conductor agresivo, en la radio el lector de noticias hablaba de una pelea entre facciones del sindicato del IMSS, el monopolio estatal de salud. Llegando a golpes se disputaban la dirigencia de ese poderoso y rico sindicato, uno que recibe varios millones de pesos para celebrar fiestas a sus miembros. Más violencia, la de los dos grupos y la del conductor que no tenía por qué hacer eso cuando yo iba en el carril medio.

Igualmente había leído que se estimaba el mil millones el costo de la petición de otro sindicato, el de maestros en Oaxaca, para cambiarlos de zona y elevar sus ingresos. El vocero del sindicato había dicho que dar clases no era su prioridad. La ciudad de Oaxaca tiene barricadas en las calles, no hay servicios de policía y actúan grupos violentos radicales, de esos que escriben pancartas que ensalzan a la URSS.

Las noticias sobre las elecciones en Tabasco reportaban violencia también, con acusaciones mutuas y grupos ajenos al estado actuando. El PRD había hablado también de “guerra” en el sureste, si es que no se reconocía su triunfo en Chiapas o en Tabasco.

Lo mismo, violencia, amenazas y chantajes. Lo único bueno fue que el conductor había decidido tomar el carril de la izquierda y rebasarme, para tener un accidente como un par de kilómetros después.

Esos y otros sucesos en México son graves en sí mismos. Parto de la idea de que son oportunistas y capitalizan la debilidad de un gobierno saliente, de muy escasa fuerza. Pero el punto central es lo que está detrás de ellos: la lucha por el poder entre gremios.

Es lo que puede llamarse corporativismo violento. Del corporativismo oculto y negociado de gobiernos anteriores, con luchas tras bambalinas, ahora estamos frente a la versión de la violencia. Las amenazas son el pan de todos los días y amenazas cumplidas.

El WSJ había reportado a principios de mes sobre el tema en una nota titulada “Fuerza sindical sin frenos en México. Movimientos obreros, más fuertes que nunca, amenazan la agenda del presidente electo”.

Mencionaba el problema de Oaxaca y la idea principal del artículo era clara: los sindicatos se quedaron sin control al perder el PRI la presidencia. Ese partido manejaba a los sindicatos, los que ahora sin jefe se han descontrolado, especialmente los de organismos estatales.

La situación, por tanto, es delicada. La presidencia es débil, más de lo acostumbrado, y ha acostumbrado decir que sí a los sindicatos durante seis años. Los sindicatos estatales están crecidos y son violentos. Mantienen la estructura corporativista de pedir amenazando y lo cumplen pues les ha dado resultado. A lo que debe añadirse un elemento multiplicador, el radicalismo del PRD, quien sin duda ve una oportunidad de alianzas con esos sindicatos.

El equilibrio de la estabilidad política es precario por otra causa: los diálogos, las negociaciones y los acuerdos no son parte de las costumbres políticas mexicanas. El hábito democrático de ceder y reconocer derrotas no es una opción para el político mexicano tradicional.

Estamos en medio de una disputa por el poder, en la que los protagonistas están dispuesto a todo. Basta escuchar sus palabras para comprenderlo. Toda su ambición es el poder. Toda. La respuesta de Calderón a esta situación es la cuestión central.

POST SCRIPTUM

• Se ha dicho que las facciones que luchan por el poder ven por sus propios intereses solamente y que no les importa el bienestar del país. Todo lo que ambicionan es su beneficio. Es cierto, pero para ellos no hay diferencia entre ambas cosas: creen que su beneficio es el del país. No ven que su conducta daña a los mexicanos. No lo entienden. Para ellos su lucha es por el bien de México.


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