Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Socialistas Mejorados
Eduardo García Gaspar
24 enero 2006
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Hay cosas que se ven y hay cosas que no se ven, o cuesta trabajo ver. Una de las que no se ve con facilidad es la oculta paradoja socialista de hoy en el mundo y especialmente en América Latina. Tomo a Lula como ejemplo muy claro.

Antes de su ascensión al poder, su plataforma socialista había causado temor por su impacto negativo en la economía. No se sabía qué haría Lula, pero lo que sí se sabía era que el aplicar medidas socialistas extremas dañaría a Brasil.

Después de tomar el poder, las cosas se tranquilizan por una razón: Lula no es un socialista extremo como se había pensado, se torna moderado y los temores desaparecen. El nuevo gobierno brasileño es en realidad templado y adopta una visión ortodoxa de la economía, la de su antecesor. Se vuelve realista, ya no extremo y eso es sujeto de elogios.

La economía de Brasil ya no corre los riesgos del extremismo socialista. Es decir, en pocas palabras, Lula se evalúa positivamente por una razón fundamental: volverse menos socialista. La misma historia esencial se cuenta en Chile. Sus gobiernos son socialistas, pero son vistos favorablemente porque no son extremos, tienen sentido común, son prudentes, son realistas. Un socialista mejora conforme menos socialista es.

En realidad eso es lo que está pasando y va más allá de la visión simplista de que la izquierda arrasa en América Latina. Sí, ha habido victorias electorales socialistas y los gobiernos mejores que de ellas salen son los gobernantes menos socialistas.

El lado opuesto de la moneda es el de Hugo Chávez, percibido negativamente por dos razones, su socialismo extremo y su tendencia dictatorial. Otro caso es el de Evo Morales, causa de preocupaciones sin límite ahora, las que disminuirán si es que en la práctica se vuelve menos extremo, menos socialista.

Eso es lo que sucede con Tabaré Vázquez, de Uruguay: se le ve bien porque no es tan socialista. Tenemos entonces un caso curioso y que no fácilmente se percibe. La opinión estándar es la de ver una oleada de victorias socialistas en América Latina. Eso se ve y todos comentan. Pero, en una segunda opinión, resulta que dentro de esa serie de victorias electorales socialistas, las mejor percibidas son las que menos socialistas son.

El mejor socialista es ése que menos socialista es. Y si es mejor cuanto menos socialista sea, eso quiere decir que el socialismo mejora conforme se acerca al liberalismo. Las alabanzas y loas que recibió Felipe González, en España, se debieron en buena parte a su versión moderna del socialismo.

Y eso de “versión moderna del socialismo” significa un socialismo que se acerca al liberalismo, que respeta mercados libres, libre comercio y demás esencias liberales. Lo dicho antes es aplicable a México y a sus elecciones este año. Las preocupaciones que produce en PRD y su candidato provienen en buena parte de su socialismo.

Eso causa temores y los temores serán mayores cuanto más socialista sea. Pero disminuirán conforme menos socialista sea. Un PRD que sostuviera menos intervencionismo estatal y más respeto a los mercados libres, sería un partido que no inspiraría la incertidumbre que hoy produce.

Es la misma historia: conforme menos socialista se es, menos inquietudes se causan. Paradoja oculta, no sencilla de ver. Veamos esto algo más a fondo. Si se toma el libro reciente de C. Cárdenas, se descubren los conceptos tradicionales del socialismo: en todo y para todo el gobierno crece e interviene.

López Obrador, en su libro, dice lo mismo: el gobierno es el responsable de todos, desde que nacen hasta que mueren. Es el socialismo tradicional, el viejo, el que causa temores, igual que lo hizo con Lula. Temores que desaparecerían conforme se volviera menos socialista, cosa que ha hecho ese candidato en más de una ocasión.

Recientemente, ese candidato dijo que sí habrá economía de mercado, pero que el Estado promoverá el desarrollo social para combatir las desigualdades, que sí habrá orden macroeconómico, es decir, disciplina en el manejo de la inflación, déficit público y estabilidad.

Un mensaje que tranquiliza y lo hace por una razón: el socialista se torna menos socialista. Y es así que se confirma lo que antes dije, el mejor entre los socialistas es el que menos socialista es.

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