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Talento Más Capital, Igual a Prosperidad
Selección de ContraPeso.info
1 julio 2006
Sección: PROSPERIDAD, Sección: AmaYi
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La clave del éxito está en hacer que el talento tenga a su disposición capital para hacer posible su aplicación real. Hay talento en todas partes, pero lo que no existe en todos sitios es la posibilidad de financiar ese talento con mercados financieros abiertos y libres. Esto explica la prosperidad de unos y la pobreza de otros.

Las discusiones acerca del desarrollo, sus causas y las soluciones de los problemas de la miseria que afectan a tantos países son seguramente un obstáculo en el logro de ese que intentan. No son sólo discusiones vagas, sino que están llenas de conceptos irreales que pocos entienden usando un lenguaje alejado de la realidad y que legitimizan la intervención estatal. Los asuntos son más sencillos de lo que esas discusiones aparenta.

La prosperidad no es otra cosa que lo que resulta de hacer que el talento de las personas cuente con los recursos materiales que necesita para realizar sus ideas. El cúmulo de esas realizaciones personales es la prosperidad. La idea que contiene esta carta fue encontrada en una obra de Reuben Brenner. Si Brenner tiene dos cualidades, ellas son el tener ideas claras y el comunicarlas para ser entendidas por todos. Él es canadiense, profesor en McGill University, en Montreal.

La obra utilizada para esta carta es el libro Brenner, Reuven (2002). THE FORCE OF FINANCE : TRIUMPH OF THE CAPITAL MARKETS. New York : London. Texere. 1587991306., Capítulo 1, Another American Century, pp. 9-31. Un libro altamente recomendable.

Brenner comienza su texto con la afirmación de una idea repetida en otras partes del libro, la prosperidad es una consecuencia, es el resultado de casar a los talentos con el capital y hacer sujetos a ambos de la rendición de cuentas. Y esto le lleva a citar las fuentes del capital, que son estas tres:

  • Las herencias dadas por los padres a sus hijos o por la naturaleza a los países.
  • Los ahorros de las personas.
  • Los mercados financieros a los que se tenga acceso.

Si acaso estas tres fuentes de capital no están disponibles o son limitadas, las personas tienen otras dos fuentes de capital:

  • El gobierno
  • El crimen

Esto significa que el gobierno puede ser visto como una institución financiera cuya demanda de servicios depende de la disponibilidad de las otras fuentes de capital; si las otras fuentes de recursos no están disponibles, las personas acudirán al gobierno como fuente de capital.

Un gobierno se hace de recursos pidiendo créditos o cobrando impuestos, reuniendo así recursos que puede redistribuir a una variedad de personas bajo diferentes nombres.

El éxito de un gobierno para crear prosperidad utilizando préstamos e impuestos, depende los siguientes factores:

  • La forma en el que gobierno gasta ese dinero.
  • Qué tanto explota su poder de monopolio (rentas)
  • El monto en el que esas rentas afectan las decisiones de los ciudadanos.

Sobre las bases de las aseveraciones anteriores, Brenner señala que es posible obtener dos conclusiones.

La primera de ellas es que el monto de la renta obtenida de sus ciudadanos por parte del gobierno es una variable de la posibilidad de ellos para ir a otros lugares.

Por ejemplo, ciudadanos con altas tasas impositivas en su país, pueden optar por cambiar de lugar de residencia a otro con tratamiento fiscal menos duro.

La segunda es que el uso que un gobierno da los recursos que ha recolectado depende de la división de poderes que exista en ese gobierno.

Si las primeras fuentes de capital no son accesibles, es decir, si no funcionan las herencias, los ahorros y los mercados financieros, y si tampoco el gobierno es una fuente de capital, puede ser que en algún monto las personas decidan por la quinta de las fuentes de capital, el crimen.

Este crimen, señala el autor, no necesariamente es una actividad de suma cero, pues puede haber beneficios para la sociedad realizando estas actividades contrarias a la ley (véase, por ejemplo, Reventa de boletos).

La idea central es entender que cuanto mejor liguen, encajen y acoplen los talentos con los capitales, las naciones prosperarán más.

Y lo contrario, cuando exista desligue y desvinculación entre capital y talentos, las naciones serán pobres.

Pero hay algo adicional, si esos desajustes persisten, no sólo se creará pobreza de manera consistente, sino que se crearán confusiones ideológicas de larga duración.

Después de lo anterior, Brenner menciona brevemente algunos datos sobre la URSS.

Veamos la situación de los 70 años de dominio comunista, durante los que anularon a las herencias como fuentes de capital y a los derechos de propiedad y, también, cerraron sus mercados financieros.

Al caer ese gobierno, sus ciudadanos no tenían fuentes de crédito y sólo les quedaba acudir al gobierno de nuevo o volverse criminales. En esa situación no funcionaría la liberalización de precios ni la privatización de empresas, porque no había mercados financieros accesibles a los que acudir.

Las empresas privatizadas se volvieron monopolios y la gente, paradójicamente, acudió de nuevo al gobierno en solicitud de ayuda. Igualmente, creció la actividad criminal, por ejemplo, con florecientes mercados negros que satisfacían necesidades y beneficiaban a particulares.

Este crimen es una forma de darle la vuelta a impuestos altos, fronteras cerradas y mercados financieros obstruidos.

Tampoco funcionarán los préstamos del FMI, pues ellos serían un subsidio a ese tipo de gobierno y no a las medidas necesarias, a las que lleven a ligar al capital con el talento.

Y señala a continuación que es falsa la creencia actual en el sentido de que la democracia es suficiente para crear progreso.

La posibilidad de tener elecciones libres no significa crecimiento, si ella no va acompañada con la democratización de los mercados financieros, pues ante esta falla el gobierno seguiría siendo la principal fuente de capital y ese gobierno, por consiguiente, se verá presionado para cobrar más impuestos, pedir más préstamos y gastar más.

En realidad, cuando los ciudadanos tienen el derecho a votar eligiendo a sus gobernantes, pero sin acceso a mercados de capital que les hagan posible al disponibilidad de recursos sobre sus ingresos futuros, la marcha hacia la prosperidad se hace más lenta.

Con presiones de mayores impuestos, los derechos sobre las propiedades personales se debilitan. Las propiedades personales tienen poco sentido, dice Brenner, cuando uno no sabe qué impuestos serán decretados sobre la prosperidad.

La mejor manera de lograr prosperidad es desde abajo, abriendo mercados financieros desde abajo y teniendo así la oportunidad de que los ciudadanos participen en el sistema, por ejemplo, siendo dueños de sus casas bajo un sistema fiscal de impuestos bajos y usando esos recursos como garantías de créditos (véase El mundo de la propiedad).

Ante esto, desde luego, debe notarse que los mercados financieros producen un efecto, el de dispersar el poder, algo en lo que un gobernante está poco interesado.

Pero también debe preguntarse la razón por la que si los mercados financieros amplios y abiertos son tan buenos, cuál es la razón por al que existen en tan pocas partes.

La contestación a esto es que esos mercados requieren un tipo de confianza, el que crea la expectativa de que las leyes serán aplicadas a todos por igual en el largo plazo. Por tanto, queda por verse la razón ahora de esto, el por qué tan pocas sociedades se han preocupados por este asunto de crear confianza.

Para contestar eso, el autor se adentra en algunas consideraciones históricas, para señalar que la historia occidental tiene una característica singular, la separación iglesia–estado, producto de una larga historia de conflictos.

Esto no sucedió en Rusia, que es el país con el que está haciendo comparaciones, pues en Rusia la iglesia fue dominada por el estado y no podía enfrentar al gobierno cara a cara en cuestiones de principio.

Igualmente en Polonia puede verse el efecto de una situación contraria, la de la separación de poderes, con la iglesia católica enfrentando decisiones gubernamentales.

Brenner hace referencia a la separación y el balance de poderes, con correspondencias adicionales a Rusia y países islámicos en los que una sola autoridad, sin límites, ha dominado a los gobernados, la que crea burocracias corruptas con poder arbitrario, que pueden confiscar propiedades, que pueden vender bienes a precios caros y comprar trabajo a precios bajos (Véase Equilibrio del Poder)

Otra indicación de esa separación de poderes es la existencia en algunos países de una clase militar respetable y admirada, la que también actúa como contrapeso a las decisiones del gobierno.

No una causa de un gobierno militar, pero sí alguien que hace contrapeso a la posible acción arbitraria de un gobernante.

Brenner habla de la dispersión del poder y plantea si es posible que las democracias logren esa difusión del poder, contestando que sí, pero con una salvedad.

La democracia que inicia por decreto y no como la culminación de un proceso va a tener efectos negativos, creando pobreza y miseria.

Un país debe tener competencia política, lo que incluye a la democratización de los mercados financieros; de lo contrario, todo lo que una democracia significa es que puede votar la masa.

Ahora continúa con una idea que se ha sostenido, la de que las democracias tienden a evitar las guerras y que por eso, los EEUU deben apoyar la creación de democracias en el mundo.

Esta es una aseveración superficial, dice el autor, pues tampoco han estado en guerra dos potencias nucleares y eso no significa que la mejor solución para evitar la guerra es que todos tengan armas nucleares.

Varias democracias han caído en dictaduras y luego en guerras. El punto central es que no estamos en el “fin de la historia”, ni en un “choque de civilizaciones”.

Las democracias se han convertido en dictaduras, y han entrado en guerra, lo que sucede no por estar en el fin de la historia, sino por estar en el atormentado principio de un nuevo comienzo, cuando hay choques entre civilizaciones.

La democracia no es un seguro en contra de esos posibles eventos. Ella debe ir mano a mano con la liberalización de los mercados financieros para hacer al ciudadano una parte en el proceso.

Nada puede dispersar tanto el poder como los mercados financieros abiertos y democráticos y lo contrario, nada centraliza tanto el poder como la destrucción de esos mercados.

Esa destrucción acarrea un terrible efecto, la confusión ideológica de largo plazo. Y estamos ahora sufriendo eso.

Vayamos a los años 20 y 30, del siglo 20, con hiperinflación en muchos lugares, desempleo, crisis, crecimiento de los gobiernos, creación de dictaduras.

Es esos años fueron destruidas las primeras tres fuentes de capital en el mundo occidental y la gente acudió a las otras dos, al gobierno y al crimen, un crimen organizado por el estado. Y para justificar estas tendencias se inventaron nombres nuevos.

Las personas tienen una gran habilidad para convertir a los asuntos en cuestiones morales y darles un disfraz con nuevo lenguaje, algo en lo que los científicos sociales colaboran creando teorías y términos que legitimizan a cualquier régimen, sea fascista, comunista o racista.

Los economistas de esa época no vieron que los gobiernos entraban a actuar como intermediarios financieros cuando las otras fuentes de capital fueron destruidas sin esperanzas de volver.

Y los economistas inventaron nuevas teorías y un vocabulario que justificaban esas acciones erróneas, dando legitimidad y validez a lo que no lo tiene. La influencia de esas ideas aún se tiene en la actualidad, como la de Keynes.

La política de acción fue la correcta en esos momentos, el gobierno debía intervenir ante la destrucción de esas fuentes de capital, pero la inercia intervencionista siguió justificando indebidamente el crecimiento del estado.

Ni siquiera los defensores del libre mercado y el business cycle, como Hayek y Schumpeter, mencionaron la importancia de los mercados financieros libres.

Esta tendencia sufrió un cambio en los años 80, con el comienzo de la aplicación de medidas liberales.

Acto seguido, el texto pasa a examinar un caso, el de México, a la luz de las consideraciones anteriores.

En este país inmediatamente después de la devaluación enorme del final de 1994, muchos de sus habitantes que habían buscado la prosperidad por medios legales se dedicaron al comercio de drogas. Este país puede verse como distinto de Rusia, pero en el fondo son grandes las similitudes.

Hasta el año 2000, las elecciones mantuvieron en el poder al PRI, con legisladores serviles al presidente; el sistema judicial es corrupto y los ciudadanos no tienen acceso al crédito.

Los gobiernos controlaban el acceso a esa fuente de capital, que iba sólo a los bien relacionados, con un resultado neto de carencia de capital para el uso del talento.

De lejos estas naciones pueden verse como democracias y tener sistemas capitalistas, pero no lo son si carecen de esos mercados financieros abiertos.

No importa que reciban ayuda del exterior y discutan los significados de capitalismo y de mercados, porque no tienen los cimientos para aprovecharlos, incluyendo sus recursos naturales. Algo similar pasa en Venezuela ahora.

Cuando no existen mercados financieros abiertos, las personas tienen que contentarse con sus bajos ingresos actuales, sin posibilidad de capitalizar su potencial de ingresos futuros, y se condenan a permanecer en la pobreza.

Fundamentan sus esperanzas en una mejor vida para sus hijos y en sus creencias religiosas.

Si pudiesen adquirir crédito, esas personas desarrollarían hábitos diferentes en el manejo de sus ingresos. Cuando no es posible obtener crédito, las compras de bienes caros son sólo posibles después de largos tiempos de ahorro. En cambio, la deuda contraída es un incentivo para trabajar más y esforzarse aún más.

A esto hay que añadir otro factor importante, la necesidad de una moneda sólida, sin la que no es posible desarrollar mercados financieros.

Pero también lo son los impuestos y las regulaciones, que se ven inmersos en discusiones inútiles que atacan las ideas de monedas estables, impuestos bajos y regulaciones simples, con un lenguaje intelectual que olvida la simple verdad de que el poder debe dividirse, teniendo una autoridad que sea responsable del gasto y otra del valor del dinero.

Se olvidan en esas discusiones de política monetaria que los mercados financieros están ligados a la confianza y basados en la certeza razonable de un futuro confiable.

Hay países en los que se posee esa situación de coordinar al talento con el capital, como en los EEUU; pero no en lugares como Japón, Alemania y Francia.

El talento, puede suponerse, está distribuido de manera homogénea en todas partes del mundo. Pero no lo está la oportunidad del acceso al capital. Ésta es la razón de muchas emigraciones a los EEUU y sus ejemplos de gente talentosa con historias de grandes éxitos.

Si antes, las personas se sentían atraídas a ese país por causa de sus grandes extensiones de tierra que les permitirían ser propietarios, ahora la atracción es el acceso a fuentes de capital con el que su talento rendirá frutos.

Lo que importa en última instancia no es el know-how, sino el financiamiento de ese know-how.

Y el autor, canadiense, hace un cálculo de la pérdida de su país por causa de la emigración de su país a los EEUU causada por regulaciones e impuestos desorbitados: unos 200 mil millones de dólares en talento.

La historia es igual a la de Italia, cuando sus mercados financieros estaban abiertos y atrajeron al mejor talento, lo mismo que en Holanda y luego en Londres, como también en Escocia.

La pregunta es obvia. ¿Por qué los países no han abierto sus mercados financieros para hacer que el talento nacional reciba apoyo de capital y rinda frutos? La respuesta es, dice el autor, cínica.

Porque tener mercados financieros abiertos dispersan el poder y eso es una amenaza a los privilegios de las elites.

La clave del éxito está en el establecimiento de un sistema de pesos y contrapesos, en conjunto con mercados financieros abiertos. Los países que logren esa combinación serán prósperos.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.



1 comentario en “Talento Más Capital, Igual a Prosperidad”
  1. Contrapeso » 11 Reformas Estructurales




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