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Selección de ContraPeso.info
1 marzo 2006
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: AmaYi
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El sistema de precios en un mercado libre funciona tan bien que pasa totalmente desapercibido para casi todos. Interferir con él tiene consecuencias serias. Existen ideas tan simples y obvias que son ignoradas. Un caso de estos es el sistema de precios en un mercado libre, algo tan engañosamente natural y sencillo que se pasa por alto con la mayor facilidad.

Lo que hacen los Friedman es recordar el funcionamiento del sistema de precios y hacerlo de tal manera que ahora es fácil entenderlo, pero sobre todo, comprender las razones por las que interferir con ese sistema es causa de serios problemas posteriores.

Esta carta contienen una idea tomada de la obra de Friedman, Milton, Friedman, Rose D (1990). FREE TO CHOOSE : A PERSONAL STATEMENT. San Diego. Harcourt Brace Jovanovich. 0156334607, chapter 1 The power of the market, pp 13-24. Originalmente publicado en 1980 y un clásico de su tópico.

La sección dentro de ese capítulo que es expuesta aquí tiene como tema específico el papel de los precios.

Da inicio con una referencia a Adam Smith: es embaucadoramente sencillo lo que ese autor ha dicho cuando afirmó que si un intercambio entre dos personas es voluntario, se llevará a cabo solamente si ambas partes resulten beneficiadas.

Cuando se ignora esta realidad se crean falacias económicas que presuponen que lo que uno gana el otro lo pierde.

Eso puede comprenderse si se imagina un intercambio sencillo entre dos personas que se ven cara a cara, pero no es así de sencillo cuando se intenta imaginar cómo es posible que personas repartidas en todo el mundo se beneficien de ese beneficio mutuo, cooperando entre ellas para lograr sus personales objetivos.

Entran aquí los autores ya con el tema. Es el sistema de precios el que hace posible esa colaboración entre las personas, sin requerir que se conozcan, ni que se hablen; es un sistema que no tiene control central.

El sistema de precios hace posible la cooperación de personas que compran y venden sin saber ni importarles dónde fue fabricado un lápiz, ni si el que cortó la madera es negro, blanco, chino, chileno, hombre o mujer.

El chispazo genial de la idea de Smith, dicen los autores, fue entender que los precios que surgen de los acuerdos entre vendedores y compradores, en un mercado libre, coordinarán las acciones de millones de personas, cada una de ellas ocupada con sus propios asuntos y de tal manera que todos ganarían.

En realidad, ese sistema de precios funciona tan bien que no nos damos cuenta de que está trabajando, hasta que alguien impide su funcionamiento y surgen problemas, con la desventaja de no darnos cuenta de que esos problemas vienen del no haber permitido funcionar al sistema de precios.

Sufrimos problemas, pero no sabemos su causa.

Más tarde, los autores trazan su plan para tratar el tema. Dicen que los precios realizan tres funciones cuando coordinan a la actividad económica.

Los precios transmiten información; los precios crean un incentivo para adoptar los métodos más eficientes para el uso de los recursos, asignándolos a los usos de más valor; y los precios determinan la distribución del ingreso.

Todas esas funciones están interrelacionadas y son vistas por los autores en secciones separadas.

Transmisión de información

Los autores acuden a un ejemplo sencillo para explicar esta función. Por cualquier razón se eleva la demanda de lápices; las tiendas venden más lápices y ordenan más a sus proveedores; los proveedores ordenan más a los fabricantes; los fabricantes ordenan más madera, grafito y demás artículos necesarios para fabricarlos.

Para obtener esos insumos, los fabricantes ofrecen precios más altos por ellos; esos precios mayores inducen a los proveedores a usar más recursos para atender la mayor demanda, por ejemplo, emplearán a más trabajadores.

Esa es la manera en la que se esparce cada vez más ampliamente la información a todos sobre la existencia de una mayor demanda de lápices, o mejor dicho, del producto que fabrican, por razones que pueden no conocer o no necesitar conocer.

La información es transmitida en forma de precios, es información vital y sólo llega a las personas que necesitan saberlo. Si la demanda de lápices es debida a la apertura de más escuelas o a la apertura de más oficinas de gobierno, eso no importa.

Incluso el proveedor de madera no requiere saber que la mayor demanda de su producto se debe a la demanda mayor de lápices. Lo que se requiere saber es que el precio ha subido y que ese precio mayor se mantendrá el tiempo suficiente como ser de beneficio el satisfacer la demanda.

En esto puede surgir un problema, el de la saturación de información, que es de tal cantidad que puede colmar a las personas. Pero por diseño, el sistema de precios resuelve esto.

Quien necesita información busca precios, pues le conviene, haciendo caso omiso de lo que no le interesa saber.

El fabricante de lápices va a buscar información sobre precios de madera, pero no sobre los precios del salmón. Además, los sistemas modernos de información facilitan la distribución de esa información en medios especializados de comunicación.

La cuestión va más allá. Los precios llevan información en sí mismos a los últimos compradores, a los detallistas, a los mayoristas, a los fabricantes; pero también trasmiten información en el otro sentido.

Si, por ejemplo, varios incendios redujeran la disponibilidad de la madera, eso sería un mensaje al fabricante de lápices para que usara ese recurso con mayor eficiencia, quizá incluso teniendo que vender los lápices a mayor precio y ajustar la producción para un volumen menor.

Ese mayor precio es igualmente un mensaje para el comprador, mandando otro mensaje muy claro: debe usar los lápices con más cuidado.

La conclusión es clara. Todo aquello que impide que los precios transmitan “sin censura” las condiciones de la oferta y de la demanda en el mercado está interfiriendo con la transmisión de información exacta y real.

Es decir, los precios pueden seguir existiendo, pero la información que esos precios artificialmente alterados contienen es falsa o distorsionada.

La afectación del sistema de precios puede ser realizada por monopolios o cárteles, pero también con otras medidas tomadas por los gobiernos como impuestos a la importación y restricciones al libre comercio, por fijación de precios, regulación de industrias, políticas monetarias que causen inflación y otros muchos más.

La inflación errática, por ejemplo, produce “estática” en la comunicación de los precios; si la madera sube de precio, sus productores ignorarán si eso se debe inflación o a una elevación de la demanda.

Creación de incentivos

Transmitir información no tiene sentido si esa información no produce decisiones de acción por parte de quien la recibe.

Esta es una característica que los autores califican de “belleza” del sistema de precios libres: los precios trasmiten información, pero al mismo tiempo contienen un incentivo para actuar, para reaccionar a esa información y los modos de hacerlo.

El ingreso del productor es la diferencia entre lo que recibe por vender su producto y lo que sale de su bolsillo para pagar lo que necesita para producirlo.

Él maneja esos ingresos y gastos de forma que produce la cantidad máxima posible hasta el punto en el que vender más tendría un costo igual al de su venta. Cuando los precios cambian, él también cambia esa decisión.

Cuanto más se produce más cuesta hacerlo. Si él produce madera y decide producir más tendría que recurrir a lugares menos accesibles, a mano de obra menos calificada o pagar más a obreros calificados.

Pero si los precios se elevan, eso le permitirá aceptar costos más altos. Y viceversa, desde luego.

La información que contienen los precios también conlleva incentivos para producir con más eficiencia el artículo. El fabricante de madera, por ejemplo, buscará formas más eficientes de cortarla si se presenta una reducción en su precio, es decir, en sus ingresos; la nueva manera de cortarla estará dirigida a reducir ese costo.

Si un tipo de madera eleva su precio, el fabricante de lápices buscará el posible uso de otro tipo de madera. Si los carburantes suben de precio, se dará un incentivo para elevar la eficiencia de, por ejemplo, automóviles y otros medios de transporte. Las conexiones en el mercado son infinitas.

Si sube el precio de la madera, los leñadores y trabajadores de esa industria elevarán sus ingresos. Esa elevación es un mensaje muy claro: la madera ha elevado el valor que se le da. Esa información es invaluable.

Puede incentivar la formación de más empresas madereras, la mayor venta de herramientas para cortar, la contratación de más personal, la mayor oferta de camiones de transporte de madera. Todas estas reacciones ante una realidad se ven alteradas severamente si se interfiere con los precios.

Los precios contienen información valiosa sobre cómo usar los recursos pero también sobre cómo usar el propio trabajo personal.

La conclusión anterior se hace aún más importante cuando se entiende que los precios llevan información y que las personas actúan usando como base de sus decisiones esa información. Es obvio que si la información que llevan es distorsionada, las decisiones tomadas serán erróneas y causarán daño.

Distribución de ingreso

Esta es la tercera de las funciones que los Friedman asigna a los precios.

Inician con una afirmación simple: el ingreso que cada persona obtiene de un mercado es la diferencia entre lo que recibe y lo que paga. Entre el monto que recibe por la venta de lo que ofrece y el monto del costo en el que incurre para producir eso que vende.

Lo que se recibe viene principalmente de los pagos que se hacen a los recursos que posee cada persona, como por ejemplo, trabajo personal o un edificio de su propiedad.

Entre esos recursos que se poseen puede estar la habilidad administrativa para organizar y coordinar el empleo de recursos. La existencia de la empresa no altera esto.

Hablar de los ingresos de una corporación es una figura del lenguaje, pues la empresa es un intermediario entre sus propietarios y los recursos empleados que no son de ellos.

La realidad es que sólo las personas tienen ingresos y esos ingresos vienen, por medio del mercado, de los recursos que cada persona posee. Esos recursos pueden ser la capacidad de trabajo, bienes raíces, acciones y demás.

Añaden los autores, haciendo referencia a su país, los Estados Unidos, que el mayor recurso es la capacidad productiva personal. Este capital humano recibe unas dos terceras partes de todos los ingresos de esa economía; es decir, sueldos e ingresos que reciben empleados y trabajadores.

Existe también el capital físico. Está formado por fábricas, minas, edificios, centros comerciales, casas, aviones, refrigeradores, presas y una cantidad infinita de recursos similares.

Sin la acumulación de ese capital físico el progreso económico no hubiera sido posible; sin el mantenimiento dado a ese capital lo logrado en una generación hubiera desparecido en la siguiente.

Obviamente la acumulación de capital humano ha jugado un papel esencial, elevando el conocimiento y las habilidades de las personas, su salud y longevidad. Ambos capitales se refuerzas mutuamente, deben ser cuidados y reemplazados, lo que es más difícil y costoso para el capital humano.

Esta es la razón por la que los ingresos del capital humano se han elevado mucho más rápidamente que los del capital físico.

Entran ahora los autores a señalar que los recursos de los que cada persona es propietario es en parte el resultado de factores aleatorios (chance) y en parte el resultado de decisiones propias y ajenas.

Ese chance determina los genes de la persona, su familia y atributos corporales y mentales; incluso puede ser de ayuda o de estorbo para el desarrollo de los recursos con los que iniciamos la vida.

Pero también las decisiones personales tienen efectos sobre nosotros. Decisiones sobre trabajar mucho o no hacerlo, sobre si hacer algo o no, sobre si ahorrar o gastar. Son decisiones que hacemos nosotros y las personas que nos rodean.

Igualmente, el precio que en el mercado se da a los recursos que cada quien posee es el resultados de decisiones personales y de ese chance. La privilegiada voz de un cantante puede tener un alto precio en cierto país, pero no en otro; la gran habilidad para cazar fue más valorada en siglos pasados que en la actualidad.

Los compradores deciden los precios de los recursos que les ofrece cada persona, pero ese precio también depende de las decisiones de quienes ofrecen sus recursos. Decisiones como las del modo de uso de los recursos que poseemos, la selección que hacemos de  quién los ofrecemos y muchas más.

No importa el tipo de sociedad ni cómo esté ella organizada, siempre existirá en ella descontento sobre la distribución de los ingresos de las personas.

Es humano el no aceptar con facilidad que otros tienen ingresos mayores que los nuestros a pesar de parecer con menos méritos que nosotros. Si se vive en una sociedad autoritaria culpamos al sistema; si se vive en una sociedad libre, se culpa al mercado.

Las quejas sobre la distribución del ingreso han generado el intento de separar las tres funciones del sistema de precios.

Las funciones de transmisión de información y de creación de incentivos han querido ser separadas de la función de distribución de ingreso.

El objetivo es modificar la distribución que logra el sistema libre de precios por una forma de distribución diferente.

El intento, por lo visto antes, carece de lógica. No puede entenderse que los precios lleven información, que originen acciones y que eso no tenga una consecuencia en el ingreso personal.

En otras palabras, si no hay consecuencias de ingreso en las decisiones de trabajar mucho o poco, sencillamente desaparece la razón por la que se trabaja mucho. Si no hay consecuencias diferenciales entre ahorrar y gastar, se borra la causa por la que no conviene dilapidar el ingreso personal.

Si se desea quitar la tercera función de los precios, la distribución del ingreso, la única opción posible sería la de una autoridad que centralmente decidiera lo que se debe producir y en qué volúmenes, quién barrería las calles y quién administraría las empresas.

Los Friedman, en esta obra clásica de nuestros tiempos, dejan una idea clara.

El sistema de precios, dentro de un mercado libre, funciona tan bien que no tenemos plena conciencia de su marcha.

Peor aún, si se interfiere con ese sistema libre de precios, surgen problemas que nos abruman porque desconocemos que su causa es esa interferencia con los precios.

Las tres funciones de los precios, además, permiten entender el funcionamiento de ese sistema invisible para muchos y comprender que, al final, los intentos para remediar la pobreza no pueden estar basados en alterar esas funciones pues los resultados de la interferencia son peores que la situación que se intenta resolver.

Sin embargo, en esas funciones existen claves vitales para resolver la pobreza con intentos serios y seguros.

La colección completa de resúmenes de AmaYi en tres partes, puede encontrarse aquí:

Ideas Económicas

Ideas Políticas

Ideas Culturales

La sección AmaYi de ContraPeso.info fue fundada en septiembre de 1995 y desde entonces publica un resumen mensual de grandes ideas encontradas en diferentes publicaciones.





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