Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Tocqueville y el Vaticano
Selección de ContraPeso.info
15 febrero 2006
Sección: LIBERTAD GENERAL, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta un texto de Samuel Gregg, Director of Research en el Acton Institute de Grand Rapids, Michigan. Es el autor de “Economic Thinking for the Theologically Minded” (University Press of America, 2001) y de “On Ordered Liberty: A Treatise on the Free Society” (Lexington Books, 2003).

Gregg presenta una idea fascinante, la posible presencia de Alexis de Tocqueville en el Vaticano de hoy. Agradecemos al Acton Institute el permiso para traducir y reproducir esta columna.

Ante la elección de Joseph Ratzinger al papado en abril de 2005, muchos comentaristas hicieron notar correctamente que San Agustín era el “maestro” teológico reconocido por Benedicto XVI. El obispo africano del siglo 5 es ampliamente calificado, incluso entre sus detractores, como un gigante de la iglesia temprana, cuya vida y escritos están considerados entre los más influyentes de la civilización occidental.

La primera encíclica del papa, Deus Caritas Est, está llena de citas y temas tomados de los textos de Agustín. La publicación de la encíclica parece confirmar, sin embargo, que otro pensador más contemporáneo ha influido en la manera en que Benedicto XVI ve a la religión en las sociedades libres y en la naturaleza del estado.

Esa persona es el filósofo social francés del siglo 19, Alexis de Tocqueville. El autor de textos clásicos como La Democracia en América, poseía una relación con el Cristianismo que puede muy bien ser calificada de “compleja”. Criado en el seno de una familia francesa aristócrata católica, a Tocqueville le horrorizaba el ataque de la Revolución Francesa a la Iglesia Católica —un ataque que implicaba el saqueo de propiedad eclesiástica y la violencia en contra de clérigos y legos por igual.

Pero Tocqueville desaprobaba también la tendencia post-revolucionaria del clero atándose al absolutismo político. A nivel personal, Tocqueville osciló entre la fe y la duda la mayor parte de su vida. De lo que Tocqueville no dudaba era, sin embargo, la importancia de la religión en el sostenimiento de las sociedades libres.

Este tema es tratado largamente en La Democracia en América. Más importante es que eso ha atraído la atención de Joseph Ratzinger. Al ser nombrado miembro de la Académie des Sciences Morales et Politiques del Institut de France en 1992, el entonces cardenal comentó que el libro de Tocqueville “me ha siempre impresionado fuertemente”.

Describiendo a Tocqueville como “le grand penseur politique”, el contexto de esos comentarios fue la insistencia del cardenal en que las sociedades libres no pueden sostenerse ellas mismas, como Tocqueville había observado, sin una amplia adherencia a las “convictions éthiques communes”.

Entonces Ratzinger subrayó el aprecio de Tocqueville por el papel del Cristianismo Protestante proveyendo esos cimientos en los EEUU. En años más recientes, Ratzinger ha expresado admiración por la manera en la que están establecidas las relaciones iglesia-estado en ese país, usando palabras que sugieren que él ha absorbido la perspicacia de Tocqueville en el tema. ¿Qué tiene que ver esto con Deus Caritas Est?

La respuesta es que Benedicto XVI ha tomado a pecho las advertencias de Tocqueville acerca del “despotismo suave”. En Deus Caritas Est escribe:

El Estado que quiere proveer a todo, que absorbe todo en sí mismo, se convierte en definitiva en una instancia burocrática que no puede asegurar lo más esencial que el hombre afligido —cualquier ser humano— necesita: una entrañable atención personal. Lo que hace falta no es un Estado que regule y domine todo, sino que generosamente reconozca y apoye, de acuerdo con el principio de subsidiaridad, las iniciativas que surgen de las diversas fuerzas sociales y que unen la espontaneidad con la cercanía a los hombres necesitados de auxilio.

Como alguien que experimentó en carne propia el nazismo, Benedicto XVI no necesita lecciones sobre totalitarismo. Como un agustiniano confirmado es acertadamente escéptico ante cualquier promesa del cielo-en-la-tierra.

Sin embargo, las palabras citadas indican el conocimiento de Benedicto sobre la insistencia de Tocqueville señalando que incluso las sociedades libres pueden encontrarse ellas mismas casi imperceptiblemente permitiendo que el estado absorba esas asociaciones autónomas que, de acuerdo a Tocqueville, dieron a los EEUU su carácter dinámico y un poder gubernamental limitado.

Parece haber poca duda de que el papa Benedicto está preocupado con el potencial del estado para destruir la autonomía de las caridades Cristianas —no de manera abrupta, pero sí haciéndolo lentamente, diluyendo su identidad. En principio, Deus Caritas Est no objeta la cooperación de las caridades Cristianas con el estado.

Aún así, la encíclica recuerda firmemente a los Cristianos que “las manifestaciones de la caridad eclesial nunca pueden confundirse con la actividad del Estado”. E indica preocupación acerca del activismo y el creciente secularismo de muchos Cristianos realizando trabajos caritativos. Esta crisis contemporánea de identidad de muchas caridades Cristianas no tiene una causa única.

Sus fuentes incluyen la caída real de muchos Cristianos en un ateísmo práctico, la adopción de un razonamiento moral más cercano a John Stuart Mill que a Jesucristo, y el involucramiento directo de algunas caridades Cristianas en el activismo político, esto último expresamente desaprobado por Deus Caritas Est.

Sin embargo, el tema tocquevilliano sutilmente entretejido en Deus Caritas Est de seguro provee a las caridades cristianas con la oportunidad de reflexionar sobre la conveniencia de asociarse demasiado con el estado. Esto puede incluir preguntas sobre los impuestos para iglesias en países como Alemania o la prudencia de aceptar contratos gubernamentales cuando esos acuerdos requieren la adhesión a regulaciones que establecen lo que las caridades religiosas pueden usar o decir.

Si concluyen que esa asociación debilita su habilidad para ser “testigos creíbles de Cristo”, como dice Benedicto XVI, entonces una separación debe realizarse con tacto. Es mejor eso que el comprometer la grandeza de la Verdad y el Amor que nos hace libres.

NOTA DEL EDITOR

AmaYi trató el tema de la religión en las sociedades libres, visto por Tocqueville, en 1997. Ese artículo está aquí.


ContraPeso.info, lanzado en enero de 2005, es un proveedor de ideas y explicaciones de la realidad económica, política y cultural.





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