Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Todos lo Hacen
Eduardo García Gaspar
17 noviembre 2006
Sección: FALSEDADES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


No hay día en el que no nos enfrentemos a ellas de alguna manera. Nos piden nuestra opinión o nos dan la de otros. Nos enteramos que la mayoría de las personas en México no quieren que exista inversión privada en el sector eléctrico. O que Kirchner es considerado el mejor presidente de América Latina. O que muchos no desean el uso de la fuerza en la implantación del estado de derecho en Oaxaca.

Estamos llenos de encuestas de opinión. Entramos a páginas de Internet y allí está la consabida pregunta, “¿puede Madonna adoptar un niño africano?” y el colmo, llegamos a saber qué piensa la gente al respecto. El peligro es serio cuando se rebasa un límite razonable: la opinión pública es un dato de interés, pero no es tan pública ni tan opinión como se piensa.

El riesgo es considerarla más allá de lo que es, un dato, y entronizarla como la brújula de nuestras vidas, porque entonces dejaremos de ser independientes y racionales. La opinión pública es el realidad una colección de opiniones personales, muy diferentes en intensidad y justificación. Y es que hay cosas para las que las personas no estamos preparadas a responder.

Pongamos el absurdo de preguntar “¿Cuál considera usted que sea mejor para representar los datos del censo, el modo, la media, o la mediana?”

La opinión pública no podrá dirimir una cuestión de ese tipo, que es lo mismo que hacemos al preguntar sobre la opinión acerca del desempeño presidencial. ¿Cuántos tendrán una preparación razonable para responder? Las encuestas cometen un error sistemático, que es el presuponer que las personas encuestadas conocen del tema.

Por eso, creo, elevar a la opinión pública como la brújula de la sociedad equivale a ser conducidos por ignorantes en terrenos de importancia. No es para tirar a las investigaciones al basurero, pero sí es para usarlas con sumo cuidado. No son ellas más que un dato inexacto sobre un tema que probablemente los encuestados no conocen a fondo. Y, más aún, esa opinión es volátil. Seguir sus resultados es como sustituir una brújula con una pluma soltada al viento.

Otra faceta de la opinión pública es su peso, que puede ser enorme, incluso hasta convertirse en un obstáculo para el pensamiento independiente. A esto se le ha llamado la dictadura de la opinión pública y es real: todos aquellos que no siguen a la opinión pública son excluídos y eso es un incentivo al conformismo.

Quienes vemos con recelo a la opinión pública corremos ese riesgo, no diferente al de quienes hace tiempo sostenían que los aerolitos eran una imposibilidad física, o quienes no creían que los cohetes podían usar combustibles líquidos.

Conocí un caso patético hace tiempo, el de un hombre que se dejaba llevar por el grupo al que pertenecía: admiradores de la revolución cubana, el grupo hacía cuanto podía para manifestarse en la calle contra los EEUU en la Ciudad de México y este hombre iba a esas marchas, hasta que un día se le ocurrió ser independiente y manifestar sus dudas.

En Cuba, dijo, no hay elecciones y no hay libertad de prensa, lo que bastó para ser excluído y puesto de lado.

A eso me refiero y no sucede sólo en la izquierda. A lo que voy es a que la opinión pública puede ser un peso enorme que impida la individualidad. Me contaba un amigo sobre su impresión: el presidente mexicano, me dijo, se guía por la opinión pública y es por eso que hace publicidad hasta la saciedad y no toma decisiones comprometidas con valores fijos, a la ley la pone de lado y está dispuesto a dialogar con el que la viola.

Tiene un punto mi amigo. Cuando se toma como guía a la opinión pública se renuncia al resto de los criterios: fuera la ley, la moral, el sentido común, la ética.

Por eso son de admirar quienes tienen el valor de ser independientes y enfrentar las consecuencias. Me recuerda a los economistas austriacos en los tiempos de la popularidad keynesiana, marginados de la comunidad académica y reconocidos hasta hace poco. También me recuerda a la posición del Vaticano en tantos asuntos y bajo tantas críticas: no me agradaría pertenecer a una religión que sigue ciegamente a la opinión de sus fieles.

La opinión pública es un dato más y no muy sólido. Jamás puede sustituir a la razón, ni a la ley, ni a la moral.


ContraPeso.info, un servicio con antecedentes desde 1995, funciona como proveedor de ideas e información adicional a los medios dominantes.



No hay comentarios en “Todos lo Hacen”
  1. María Elena Rodríguez Dijo:

    Excelente. Nuestra religión dejaría de serlo si fuera permeable y maleable para permanecer “In”.





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