Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Mundo de Ficción
Leonardo Girondella Mora
19 junio 2006
Sección: FALSEDADES, Sección: Asuntos
Catalogado en:


En abril, durante los primeros días, fue publicada una columna muy digna de mención para ser señalada como una que ilustra el síndrome del marxismo popular —definido siguiendo a su descubridor, como la idea de que la sociedad está dividida en oprimidos y opresores y que fue lo que quedó en la creencia popular proveniente de Marx.

El tema de la columna es el agua, al que la columnista mezcla con dosis abundantes de ignorancia y errores. Pero antes de seguir doy gracias al lector que me envió el texto completo solicitando mi opinión. Entro a su revisión paso por paso.

&&&&&

• Dice la columna que “El agua, como el aire, como el calor del sol son de todos los habitantes del planeta. Cobrar por el oxígeno o por la luz del sol sería absurdo. Cobrar por el agua también lo es”. Error claro es el comparar al sol y el agua. No son bienes iguales.

El mismo sol calienta a las personas sin que la adición de una persona cause una disminución en el sol que recibe el resto —no sucede lo mismo con el agua, pues la que una persona bebe ya no puede ser consumida por otro. Más aún, la red de distribución del agua (las tuberías) tienen un costo. No hay necesidad de tuberías para repartir la luz del sol.

Si no son bienes iguales, no pueden ser tratados de manera igual —compararlos es similar al clásico error de comparar peras con manzanas.

• La columna prosigue asegurado que

“es verdad que nuestro consumo pone en riesgo el abasto de agua, pero hay otra razón de la que pocos hablan y que ignoran la mayoría: la privatización del agua. Hay menos líquido vital porque ahora sus dueños la niegan. Porque ahora los manantiales son de las embotelladoras… Ahora estas fuentes de agua se privatizan a nuestras espaldas por ser un requisito del Banco Mundial para seguir prestando dinero”.

Hasta donde sé, no existe una cláusula de para créditos del BM que exija que el agua sea privada —y ya que al menos en México el agua es un recurso manejado por el gobierno, quizá no recibamos préstamos de ese organismo.

Veamos parte por parte. El agua es un bien escaso y lo consumimos, eso es cierto y universal —lo mismo le sucede al petróleo, al cobre, al maíz, a todo. El agua no es excepción y se trata de un bien económico, como casi todos. ¿Hay menos agua? No, existe la misma cantidad y ella es usada de acuerdo a las necesidades que se tienen y al precio que posee.

¿Los manantiales son de las embotelladoras? Algunos, no todos, y la idea es usar esa agua para satisfacer necesidades de otros —de nada sirve poseer un inventario abundante de un bien que no será aprovechado por su propietario en lo personal. Economía de primer año —la columnista no escribe sus columnas para ella, sino para el resto pues de nada le sirve acumularlas para ella.

• La columna dice que

“Según la asociación ‘Pan para el mundo’, se gastan 4 mil litros de agua en la fabricación de un automóvil. El ser humano, en cambio, gasta 50 litros en un consumo normal diario. Dígame quién se está agotando los recursos. El hecho de que existan más de tres mil marcas [!] comerciales de agua embotellada en México y de que las de mayor consumo pertenezcan a cuatro marcas trasnacionales -Danone, Coca Cola, Pepsi Cola y Nestlé- nos dice que el agua ya no es nuestra, que ahora nos la venden”.

Si se gasta eso en fabricar un coche, también hay que imaginar lo que contiene una cerveza —más de 95% de agua. Y lo que se gasta en fabricar papel, telas, comida, el resto. El agua es dedicada a lo mismo: producir bienes que usa y consume la persona.

No se queda el fabricante de coches con el agua que usa, sino que se la da al mismo consumidor, pero ahora en forma de un auto. Es una cuestión de sumar —la columnista usó materiales de escritura que sin duda requirieron agua que indirectamente ella necesitó.

Existe competencia entre proveedores de agua embotellada, como entre los de cerveza, refrescos, cafés, tes, vinos, alcoholes —malo fuese que hubiera un monopolio de agua. La competencia evita abusos. ¿Ya no es nuestra el agua porque nos la venden? Igual no es nuestra la comida, porque nos la venden; nuestras casas, casi todo lo que tenemos.

• Con seriedad e indignación, pero sin pena, la columna dice que “… la próxima vez que nos estresemos porque el garrafón de agua se ha terminado, si de verdad queremos comprarle a alguien más lo que es nuestro…”

¿Nuestro? Hasta donde sé, la columnista no procesó, ni embotelló, ni distribuyó el agua —si acaso ella hubiera ido hasta un río y traído hasta su casa el agua. Sobre la misma base puede reclamar la propiedad colectiva del oro, la plata, el cobre, el carbón…

Pero, renuncia ella a esforzarse. Traslada ese esfuerzo a otros:

“… yo le digo que el municipio tiene la obligación de brindarnos agua potable y que si no lo hace incumple la Constitución (artículo 115) y viola un derecho humano fundamental…Pero, finalmente, nosotros, a pesar de las políticas de nuestros municipios, podemos apropiarnos del agua al negarnos a comprarla embotellada y al regresar al uso de la cantimplora, que es más ecológico, barato y justo… ¿Vamos a seguir comprando a las trasnacionales el agua que se están robando con anuencia del gobierno mexicano?”.

La autora, según se ve aquí, es una víctima del marxismo involuntario que divide a la sociedad en oprimidos y opresores —las empresas son los villanos y el resto de los mortales son las víctimas. Los malos nos quitan el derecho al agua y nos la venden.

El mundo de la autora es una ficción económica que deja de lado todo lo que sabemos de producción y progreso para enviarnos al mundo de la cantimplora. El mundo real es más complejo, más rico en posibilidades, menos simple, menos marxista.

NOTA DEL EDITOR

• Es interesante adicionar a lo anterior que el artículo 115 al que hace referencia la columnista cuyo artículo fue analizado, dice que

“Los Municipios tendrán a su cargo las funciones y servicios públicos siguientes:  a).- Agua potable, drenaje, alcantarillado, tratamiento y disposición de sus aguas residuales;  b).- Alumbrado público; c).- Limpia, recolección, traslado, tratamiento y disposición final de residuos; d).- Mercados y centrales de abasto; e).- Panteones; f).- Rastro; g).- Calles, parques y jardines y su equipamiento; h).- Seguridad pública, en los términos del artículo 21 de esta Constitución, policía preventiva municipal y tránsito;…”.

Consecuentemente, si se hace caso a la columnista, se tiene derecho sin pago de esos servicios, es decir, sin impuestos cobrados. Y sin posibilidad de empresas encargadas de rastros, mercados, panteones.

ContraPeso.info, un servicio con antecedentes desde 1995, funciona como proveedor de ideas e información adicional a los medios dominantes.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras