Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Un Perro y Una Isla
Eduardo García Gaspar
28 diciembre 2006
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, Y FABULAS E HISTORIAS
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En épocas como éstas en las que se intentan resoluciones para el siguiente año, creo que hay una que supera a casi todas las demás. Es una de las mejores resoluciones que pueden tomarse y está bien ilustrada en dos historias breves que a continuación comparto con usted.

La primera es la del dueño de un perro. Por años, el dueño había entrenado al can a jugar póquer. A tal destreza llegó el perro que podía calcular probabilidades mejor que una computadora. El entrenamiento era diario e intensivo, leyendo los libros de los más grandes expertos, lo que hizo que el perro mostrará curiosidad por otros juegos similares. Y sí, también se hizo experto en bacará y black jack.

El amo tenía en mente un objetivo, llevar a su perro a Las Vegas y sentarlo a jugar en las mesas de los apostadores fuertes para hacerse de una gran fortuna en corto tiempo. El perro jugaba mejor que cualquier humano, pero su dueño era la persona más infeliz del mundo.

Y cuanto mejor jugaba el perro, más tristeza sufría su amo. La razón: cada vez que su perro tenía una buena mano, movía la cola en proporción directa al valor de esa mano… y no lo podía evitar.

La otra historia es la de una pequeña isla situada en tal posición que gozaba de un clima maravilloso todo el año. Los días eran templados y las noches frescas. Y esto fue siempre parte de los sermones que por años daba un sacerdote en tan paradisiaco lugar. No había domingo ni fiesta de precepto en la que el cura no hiciera mención del clima, pidiendo a sus feligreses que se unieran a él para dar gracias a Dios por ese clima bendito.

Años y años transcurrieron así, alejados de los terribles huracanes que eran frecuentes en otros lugares cercanos, pero no en la isla. Hasta que un cierto mes de septiembre, un lunes un terrible huracán llegó a la isla produciendo grandes desastres.

Los habitantes, unos días después, comenzaron a preguntarse lo natural. ¿De qué hablaría el sacerdote el siguiente domingo después de lo sucedido?

Conforme pasaban los días, la expectación creció hasta que llegó el domingo y la iglesia se llenó más de lo acostumbrado. Comenzó la misa y la gente esperaba la hora del sermón, la que por fin llegó.

El sacerdote dijo: “Señor, como todos los domingos te damos las gracias por el clima con el que has bendecido a esta isla y a sus habitantes y te damos gracias por habernos enviado el huracán de hace unos días, para recordarnos los pocos huracanes que nos has mandado”.

Tienen en común ambas historias algo que es importante en estas fechas y que puede orientar a quienes toman resoluciones de año nuevo. El dueño del perro y el cura de la isla son seres muy opuestos y diferentes en una cosa: su actitud.

Ante las crecientes habilidades del perro, su amo se entristece cada vez más. Pero ante un evento catastrófico, el sacerdote se muestra alegre. La realidad es la misma para los dos, pero lo que cambia es la actitud y lo podemos imaginar cambiando los papeles de ambos personajes. Imagine usted al sacerdote siendo el dueño del perro y al amo sufriendo las consecuencias del huracán.

La misma lección es la que nos da la vieja historia del niño que se levanta muy temprano por la mañana y corre hasta el árbol de Navidad para ver sus regalos, encontrando tan sólo estiércol. Ante eso, abre los ojos, se da media vuelta y corre hasta la recámara de sus papás, a los que despierta con enormes gritos, diciendo: “Papá, mamá, el Niño Dios me ha traído un caballo”.

De nuevo, es una cuestión de actitud, que es la manera en la que reaccionamos ante la realidad. El dueño del perro, cuando niño, de seguro no habría reaccionado así, pero de seguro lo hubiera hecho el sacerdote. Ninguno de ellos, ni de nosotros, tenemos grandes capacidades para cambiar la realidad, pero sí tenemos una gran capacidad para modificar la manera en la que reaccionamos ante ella.

Y creo que ésa es una de las mejores resoluciones que podemos tener para el año nuevo, el lograr tener una actitud positiva ante lo que nos rodea. Como la del novato que jugó su primer partido junto a Michael Jordan, anotó dos canastas y declaró que después que se sentía muy bien. Dijo: “Entre Jordan y yo anotamos 60 puntos”. Pensar así es una cualidad que no tiene precio.

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