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Una Bolivia
Selección de ContraPeso.info
4 agosto 2006
Sección: GOBERNANTES, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta un texto de Ricardo López Göttig. Agradecemos a CADAL el gentil permiso de reproducción. El tema tratado por el autor es el de la peor retórica usada en el siglo 20 y repetida en el 21.

Ricardo López Göttig es historiador, investigador de la Fundación Hayek y Director del Instituto Liberal Democrático de CADAL. Es autor de “Los fundadores de la República”.

En su afán por concentrar el poder y demostrar su liderazgo, el presidente Evo Morales se ha dejado seducir por la peor retórica del siglo XX, cuando sus seguidores acuñaron el slogan “Un solo líder, un solo proyecto, un solo país”.

El tenebroso antecedente se encuentra en la Alemania nazi, en donde se impuso la trilogía “Ein Volk, ein Reich, ein Führer!” (“¡Un pueblo, un imperio, un conductor!”).

Sus partidarios trataron de justificar este lema, acentuando la necesidad de contrarrestar el creciente deseo de varias regiones de lograr una mayor autonomía en un esquema federal de gobierno, descentralizando las decisiones y el manejo de los recursos.

El partido gubernamental se opone al federalismo, pero a la par auspicia la consagración de un país “multinacional”, compuesto por varias naciones o pueblos originarios, y busca fortalecer al poder central con un discurso de homogeneidad y lealtad para con el presidente Evo Morales, y su proyecto de estatizaciones, reforma agraria y alineamiento sistemático con Hugo Chávez y Fidel Castro.

En varios países del continente iberoamericano se ha caído en la lógica falaz y autoritaria de Carl Schmitt, el jurista del nacionalsocialismo, que consagra el enfrentamiento de “amigo-enemigo”, y que intentó desacreditar con sus escritos y enseñanzas a las instituciones de la democracia liberal, poniendo todo el acento del sistema en el poder de decisión del líder o “conductor”.

Luego residente en la España de Francisco Franco, las obras de Carl Schmitt fueron traducidas al castellano, entrando su pensamiento con mayor fuerza en las mentes de intelectuales de esta orilla. El supuesto “progresismo” latinoamericano, que abjura de reconocer sus raíces fascistas, abreva en gran medida en esas fuentes de agua pútrida.

Un gran ejemplo de ello fue el del asesor del presidente venezolano Hugo Chávez, el argentino Norberto Ceresole, que concilió —en su mente y en su treintena de libros— el pensamiento nacionalista y antisemita con su condición de miembro de la Academia de Ciencias de la URSS y amigo del régimen de Fidel Castro.

Tras la caída del muro de Berlín, ha resucitado entre las cenizas de la ignominia el Pacto Ribbentropp-Molotov, en el que los dos totalitarismos nacionalsocialista y comunista se abrazaron.

Bolivia no necesita un solo conductor: necesita instituciones sólidas. América Latina no necesita conductores y proyectos: precisa Estado de Derecho, respeto a las libertades fundamentales, economía de mercado e integración al mundo.

La convención constituyente boliviana, que comenzará a sesionar el 6 de agosto, tiene la oportunidad histórica de redactar un texto fundamental en el que se limite el poder del estado, se equilibren los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, se reconozca el federalismo y las autonomías municipales, se consagre el pluralismo y el respeto a las minorías.

Una Bolivia que podrá ser próspera y abierta si en ella conviven muchos líderes y emprendedores, y también muchas iniciativas e ideas que puedan debatirse e impulsarse con libertad y respeto.


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