Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Una Forma de Gobierno Diario
Eduardo García Gaspar
31 marzo 2006
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Quizá debido a una mala educación escolar y a los fraudes electorales continuos del PRI, los mexicanos tendemos a pensar que la razón de ser de la democracia es el voto popular y la elección de los gobernantes elegidos por las mayorías. Quiero echar por tierra esa idea con algunas precisiones de mero sentido común.

La distorsión democrática en México es alarmante y puede llevarnos a lo opuesto de lo deseable. Me explico. El principio central democrático es el proveer un mecanismo de prevención de los abusos de gobierno, un tema que he tratado varias veces en esta columna… pero en México se piensa, erróneamente, que el principio democrático es otro muy distinto.

Si la democracia es sólo la elección de los gobernantes, eso significaría que las mayorías tienen la capacidad de seleccionar a los mejores, lo que no necesariamente es cierto. Tener la mayoría no implica tener la razón, sino simplemente comprobar la popularidad de un gobernante… y ser popular no acarrea ser el mejor. Si la democracia es únicamente la elección de los gobernantes, ello descuidaría los otros aspectos de gobierno, más importantes y vitales, como la división del poder.

Y podría llegar al extremo de elegir a un caudillo, cuya misión principal es la de mantenerse en la cima de la popularidad, por las buenas o las malas. Chávez en Venezuela es una ilustración de esto, confundiendo elecciones con democracia. Si se supone que la democracia es sólo la elección de los mejores gobernantes posibles, entonces se concluiría que las elecciones nada tienen que hacer, pues no son mecanismo adecuado para elegir a los más capacitados.

Se usarían otros métodos pero no el de voto popular. Quizá sólo el de la votación de las personas con mayor capacidad y conocimiento político, legal y económico. La elección de los candidatos con mayor cantidad de votos no significa que los gobernantes electos constituyan la representación absoluta de los deseos de todos, ni que sus acciones acarreen la aprobación implícita de todos los ciudadanos.

Ya he mencionado que en el caso de México, con 50 por ciento de abstencionismo, un presidente puede ser elegido con el 20 por ciento del total de votantes… una clara minoría.

El tema bien vale una segunda opinión, para abiertamente señalar que no es una buena acción poner a las elecciones en un nicho sagrado e hincarse a adorar a sus elegidos, sean los que sean. Las elecciones suceden cada determinado número de años y escasamente pueden representar a la democracia. Ella es una forma de gobierno diario y no un suceso ocasional.

Más aún, México con su naciente democracia todavía frágil, corre le riesgo de resolver su problema político creyendo que se trata de llevar al gobierno a esos que la mayoría elige… y asunto resuelto. Hacer las cosas de ese modo empeoraría los terrenos políticos, como ha sucedido en Venezuela, donde un trastornado piensa ser la encarnación de lo que él cree que es la voluntad del pueblo y que en realidad es su propia fantasía.

El peligro es real. Cuando las elecciones son interpretadas como el súmmum político, se abren las puertas de lo contrario a la democracia, las puertas de la dictadura de quien aborrece la división del poder y tiene vocación totalitaria. De nuevo, Venezuela es un ejemplo de esto: las elecciones dictaminadas por Jimmy Carter (of all people) le dieron una diploma democrático a quien no lo tiene.

La educación pública mexicana tiene buena parte de la culpa. Su terrible calidad creó generaciones de mexicanos que piensan que la democracia se resumen en la frase del PRI que se repetía sin sentido: “Sufragio efectivo y no reelección”. Repetida por niños que no saben siquiera lo que sufragio es y que produjo dos errores sustanciales.

Primero, definió democracia como un evento de cada cierto número de años en el que todo lo que hay que hacer es contar honestamente los votos para que sean elegidos los más populares. Y segundo, elevó a esa definición de democracia a un altar que no merece. La democracia es un sistema de gobierno diario, de división del poder. No es un valor. El real valor es la libertad humana.

POST SCRIPTUM

Las siguientes citas de Lord Acton son aplicables al tema.

• Liberty is not a means to a higher political end. It is itself the highest political end.

• The most certain test by which we judge whether a country is really free is the amount of security enjoyed by minorities.

• The danger is not that a particular class is unfit to govern. Every class is unfit to govern.

• It is bad to be oppressed by a minority, but it is worse to be oppressed by a majority. For there is a reserve of latent power in the masses which, if it is called into play, the minority can seldom resist. But from the absolute will of an entire people there is no appeal, no redemption, no refuge but treason.

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