Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
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Eduardo García Gaspar
21 agosto 2006
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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De mediados de los años 30 hasta la fecha, México ha sido un ejemplo de gobernabilidad y orden. Después del desconcierto revolucionario, el país pasó a una etapa ejemplar de paz social… aunque su problema era el de la restricción de libertades, especialmente hasta los 70.

Le llamábamos, falta de democracia y su síntoma era el presidencialismo con el PRI como partido de estado.

Quizá la transición democrática mexicana inició en esos 70, al ir desapareciendo poco a poco los rasgos del sistema autoritario del PRI: presidencialismo decreciendo, apertura a partidos de oposición, mayor federalismo y división de poderes.

Paso a paso, en un proceso lento, que nos ha colocado en la situación actual después de un gran paso, la elección pacífica, en elecciones limpias, de un presidente que no era del PRI y que actúa ya bajo una clara división de poderes.

En esa transición pausada y lenta, no hubo realmente violencia, aunque sí protestas fuertes. La esencia del proceso fue el gradualismo y hasta quizá una desesperante lentitud que nos ha colocado en la afortunada situación actual, la de un sistema democrático claro, con franca división de poderes y que mantiene la paz social, esa gobernabilidad de la que nos preciamos desde, digamos los años 40. No es un logro fácil, especialmente en un mundo de tantas convulsiones.

Refiriéndose a ese fenómeno, J. Woldenberg escribió que, “la transición no rompió ni  hizo añicos a ese régimen [anterior], más bien lo erosionó… abriendo a paso lento otro tipo de régimen… El proceso comenzó en 1977… fue lentamente”.

Ése es el punto que quiero enfatizar, el gradualismo del proceso de democratización del gobierno mexicano. Ha sido un logro de décadas de paso a paso, que ni siquiera necesitó otra constitución. Se trataba de hacer realidad la de 1917.

Lo sucedido en 2000, ese cambio de gobierno, fue pacífico, tranquilo. como el de una democracia madura. Cierto que llevó a la presidencia a una persona de corto talento y limitadas luces. Cierto que la actuación de los partidos no fue mejor que la del presidente. Pero aún así, México a su paso y sin violencia, se unía a las democracias y los países al fin libres.

Era la ilustración brillante de la idea de Popper, la que dice que hay dos tipos de gobierno, los que cambian por medios violentos y los que lo hacen por medios pacíficos. A nuestro paso, tranquilo y sosegado, los mexicanos lo habíamos logrado y el logro no era pequeño.

Sin revoluciones, sin combates, sin violencia, los mexicanos optamos sin tal vez una decisión consciente por la mejor vía, la de la gobernabilidad. Lo que había que cambiar que se cambiara, pero sin violencia, desde dentro, poco a poco.

Y ahora enfrentamos, en ese camino gradual, la opción de renunciar a él y seleccionar la violencia y la agresión. Es decir, la democracia mexicana y lo que le queda por madurar tiene frente a sí dos caminos, el de las instituciones y la ley, o el de la revolución y la revuelta violenta.

El ex candidato del PRD a la presidencia ha abierto la opción que desde mediados de siglo pasado había sido puesta de lado, la de no ir paso a paso, sino la de dar un golpe o una acometida que tire por la borda el trabajo y la paciencia que hemos tenido desde los años 70.

Y eso me lleva al segundo punto que quiero enfatizar. El primero fue el del gradualismo en nuestra transición democrática, con un trabajo de décadas por una vía en verdad pacífica. El segundo punto es simple, el PRD nos está planteando otra opción, la opuesta, la del golpe, la de la violencia, la de tirar a la basura lo que hemos logrado en casi 40 años. Yo me quedo con la opción gradual, la que mantiene el gradualismo, la que conserva la gobernabilidad del país y sobre eso seguir trabajando.

Rechazo la opción violenta planteada por el PRD. Prefiero la paz a la violencia. Prefiero la ley a la palabra iluminada de su candidato. La gobernabilidad a la inestabilidad. El trabajo de los legisladores a las marchas de protesta. La libre circulación de las personas a los bloqueos de calles. Los diálogos a los gritos callejeros. La democracia desesperantemente lenta a la prisa violenta de un golpe. El estado de derecho al capricho personal.

Ya no es una cuestión de izquierda contra derecha, sino una de gobernabilidad contra desorden.

POST SCRIPTUM

• Las acciones del PRD y su es candidato no son ya una cuestión de seleccionar entre un gobierno de izquierda o uno de derecha, sino un asunto de optar entre la violencia y la gobernabilidad, entre la ley y la palabra de un hombre, entre las instituciones y las personas de un partido. Entre esas dos opciones, yo me quedo con la de la estabilidad y la gobernabilidad, que confía el leyes imperfectas y que me da cimientos para seguir construyendo.

• El Universal reportó el 20 de agosto que “Advierten que no habrá paz en los próximos seis años. Se juega parte del control político nacional, según perredistas”.

• Una buena información complementaria es el análisis sobre el Sistema Político Mexicano.

• La idea de Popper está en Popper, Karl Raimund (1966). THE OPEN SOCIETY AND ITS ENEMIES VOLS 1 AND 2. London. Routledge & K. Paul.

• La cita de Woldenberg está en Vázquez, Mario, Maya, Teresa, Lozano, Lucrecia, al., et (2005). SOCIEDAD Y DESARROLLO EN MÉXICO. (Nora Guzmán – compiladora). Monterrey. Ediciones Castillo/ITESM. 9605951020, 2a edición.


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