Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Vacaciones y el Regreso
Eduardo García Gaspar
11 agosto 2006
Sección: EDUCACION, Sección: Asuntos
Catalogado en:


A más personas de las que se piensa les sucede esto: hay vacaciones que tienen tal efecto que las hacen odiosas por ser tan buenas. En mi vida profesional se dieron casos de ese tipo. Recuerdo un viaje, en el que me desconecté de mi trabajo tanto que el reingreso a la rutina de trabajo me tomó semanas.

Me había olvidado de todo, o casi, hasta de las claves de acceso a mi computadora y cuentas bancarias. Fue una mala experiencia, que me desesperó.

La opción es no tomar vacaciones de este tipo, pero después de todo, de eso se trata en vacaciones, de descansar y olvidarse de la rutina normal. No creo ser el único. Conozco un par de casos de ese tipo y algo leí hace tiempo sobre el tema.

La cuestión empeora con otra situación, la de las vacaciones que no son buenas, durante las que no es posible desconectarse del trabajo… se anticipan los problemas, se llama a la oficina para ver pendientes, se reciben llamadas, todo para hacer de las vacaciones un traslado de lugar, de la oficina al hotel.

Total que tenemos un problema doble. Por un lado, el de las vacaciones tan malas que no logran el cometido de sacarnos de la rutina diaria. Y por el otro, el de las vacaciones tan buenas que nos hacen difícil el reingreso a esa rutina.

¿Qué hacer para resolver esto? No tengo la receta garantizada, pero sí comparto con usted algunos de los trucos que he usado con algún éxito.

• Pasar dos o tres días en casa, ocioso, después del viaje y antes de iniciar de nuevo el trabajo. Eso debe dar tiempo para descansar de las vacaciones y someterse de nuevo a la idea del regreso, además de ponerse al día con los pendientes normales de la casa.

• Evitar dar datos de localización en la oficina, para no tener llamadas de trabajo. Si uno las quiere hacer está bien, pero se trata de impedir que los demás tengan acceso sencillo y directo a uno. Además, siempre está el correo electrónico. Es necesario dejar de ser un esclavo de los teléfonos móviles.

• Leer las noticias, o verlas en televisión, para evitar alejarse totalmente de la realidad y hacer algunas notas de trabajo, como nuevas ideas.

• Entender que no se es indispensable y que se debe confiar en las personas que trabajan para uno. Semanas antes de salir debe iniciar la preparación de los pendientes y como resolverlos.

• Dividir las vacaciones en períodos más cortos, por ejemplo, si se tienen dos semanas de vacaciones, tomar una semana cada seis meses. No me ha funcionado bien, pero sí he tenido buenos resultados con fines de semana largos, tomándome libre un viernes de manera totalmente arbitraria.

En fin, cada quien tiene sus trucos. Y en esto, un amigo me ha ayudado mucho, con una placa que tiene colgada en su oficina. Ella dice lo siguiente:

El maestro en el arte de la vida no distingue mucho entre su trabajo y su juego, su trabajo y su ocio, su mente y su cuerpo, su educación y su recreación. Apenas distingue cuál es cuál. Simplemente, percibe la visión de la excelencia en todo lo que hace, dejando que otros decidan si él está jugando o trabajando. A sus propios ojos, él siempre está haciendo las dos cosas.

Eso sí que es revolucionario. Dejar de distinguir entre trabajo y diversión es, supongo, el clímax de la solución de estos asuntos: el borrado total de la línea que divide a la recreación del trabajo. !Ay! De poder hacerlo, el concepto de vacaciones saldría sobrando, pero también el del trabajo. Todo sería una cuestión de realización personal.

¿Imposible lograrlo? Quizá totalmente sí, pues toda actividad tiene sus defectos, pero posible de lograr en un cambio mental, la actitud ante el trabajo para entenderlo como algo divertido y gustoso. Para intentarlo, según mi experiencia, debe serse capaz de reír hasta las carcajadas de lo que otros toman en serio, reír de las cosas, de las acciones de las personas. No como burla, sino como una herramienta para poner en perspectiva las cosas. No como ignorancia de responsabilidades, pero sí como actitud.

Y todo, porque la risa tiene la virtud de cambiar nuestra mente. Hay algo en ella que nos tranquiliza. Por eso, al final, prefiero las vacaciones tan buenas que me hacen olvidarme de mi rutina diaria, incluso haciéndome difícil el reingreso a ella… y cuando se me dificulta ese reingreso, me río de mí mismo y así las dificultades así son menos.


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