Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Vejez Digna, un Derecho
Leonardo Girondella Mora
25 julio 2006
Sección: DERECHOS, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Negar la existencia de derechos a cosas como el agua, la salud, la vejez digna, la educación y comparables, es un riesgo severo para quien lo intenta —de inmediato se crea la reacción emotiva de ser visto como un tipejo de indecible crueldad que carece del más mínimo sentido de decencia y misericordia; y por si eso fuera poco, se encuentra uno en una posición de explicar algo complejo que desafía el conocimiento convencional.

Tomo un ejemplo específico, el del derecho a una vejez digna, reconociendo de inmediato que se trata de algo en extremo deseable para todos. Sólo en los más bárbaros corazones podía negarse que el tener una vejez digna no es algo que deberíamos tener todos sin excepción.

Pero el considerar que algo es deseable no significa que deba ser llevado a la categoría de derecho —un derecho es algo que puede ser reclamado legítimamente a otros, como el respeto a mis propiedades.

Lo que es grato y deseable, afirmo, no puede ser trasladado al nivel de ser algo que pueda ser exigido por unas personas a otras. Puedo yo considerar deseable el viajar una vez al año a una playa en Tahití y, aún más, todos podemos considerar placentero que las personas en todo el mundo hagan eso mismo —sin embargo, eso que es deseable enfrenta el apuro de ser convertido en realidad. ¿Cómo podría lograrse que 6 mil millones de personas pudieran ir a Tahití?

Tener una vejez digna —que es el ejemplo que he tomado— es un caso como el del viaje a esa parte del mundo, algo deseable, grato, placentero, pero no precisamente un derecho que pueda ser reclamado con validez, pues habría gran injusticia en ir con un vecino a reclamarle que se haga cargo de mis gastos de viaje.

Algunos de los problemas que enfrenta el caso de supuesto derecho a una vejez digna son los que siguen:

Definición. Es el precisar con detalles concretos que es una vejez digna, algo que debe realizarse en caso de volverlo un derecho exigible. ¿Necesita una vejez digna televisión por cable, cinco prendas de vestir, periódico diario, el viaje a Tahití? Sin una definición exacta sería imposible constituir un derecho válido y llegar a esa definición es una tarea insoluble.

Universalidad. Es el aplicar el derecho a todos sin excepción, lo que presentaría serias escollos con las personas que mueren antes de la vejez —y aún más, con quienes sufren enfermedades que les hacen imposible el tener una vejez digna. Circunstancias fuera del control humano harían imposible ejercer ese derecho.

Reciprocidad. Es la contrapartida que todo derecho acarrea en su esencia misma —el derecho a propiedades personales, por ejemplo, lleva en sí mismo la contrapartida de una obligación en terceros, que es la de respetar esas propiedades.

La reciprocidad en el caso de una vejez digna tendría fuertes problemas para ser detallada ya que habría que asignar la responsabilidad de la vejez digna de una persona al resto —por ejemplo, obligándoles a hacer una contribución en dinero que sufragara los gastos de la vejez digna de una persona, lo que a su vez establecería que yo diera dinero para las vejeces dignas de todos y todos hicieran lo mismo para la mía, algo absurdo.

Fomento de irresponsabilidad. Es un efecto consecuencial inesperado e inevitable de un derecho como el de la vejez digna. Si se acepta la existencia de ese derecho y se lleva a la práctica, las personas poseerán menos alicientes para hacer previsiones para su vejez pues otros se encargarían de ella —es un traslado de obligación personal a terceros, ya que no tiene sentido que me preocupe por tener recursos para mi vejez cuando sé que de eso se tendrán que encargar otros por obligación.

Doble interpretación. El derecho a una vejez digna puede ser sujeto a dos significados muy distintos que deben ser reconocidos. En su significado más realista, una vejez digna puede ser entendida como el derecho a que nadie me impida tenerla, lo que impone reciprocidad posible en los demás, como respetar mis propiedades. Sin embargo, si la vejez digna ya no es entendida como el que nadie me impida tenerla, sino como el que los demás deban proveérmela, eso presenta los problemas explicados aquí.

Expansión gubernamental. Es otro efecto consecuencial de un derecho como el de una vejez digna —de llegar a implantarse, significaría que la persona en esa situación recibiría ayudas materiales que necesariamente tienen un origen en terceros; pero ya que sería absurdo que el vecino pagara mi vejez digna, lo que se hace es trasladar esos pagos al resto de la sociedad, por medio del cobro de impuestos, una parte de los cuales se destinan a mi vejez. El dinero que recibo me es dado por la autoridad, la que a su vez obtuvo ese dinero del resto de las personas y como efecto inevitable el gobierno crece en poder.

Finalmente, no dudo de los buenos empeños y de las altas miras de quienes exhortan la aceptación de derechos como el de una vejez digna, o el de la educación, o la salud —pero sí externo mi más grandes dudas sobre sus reclamos, ya que el hacerlos va en contra del objetivo mismo que pretenden lograr. No son esos derechos realmente, sino ambiciones por las que debe lucharse de otras maneras y por otros medios.

Emitir una ley que establece como derecho a la educación o a la vejez digna deja satisfechos a los legisladores que ilusos piensan que su disposición ha resuelto definitivamente un problema. Si la emisión de leyes fuese la solución a la vejez digna de todos en el mundo, ya no sería eso un problema ahora —con el apuro adicional de saber que  en realidad lo ha empeorado.

NOTA DEL EDITOR

AmaYi® publicó en 1996 un resumen que explica la idea de la reciprocidad en los derechos, véase Dos direcciones.


ContraPeso.info, un servicio con antecedentes desde 1995, funciona como proveedor de ideas e información adicional a los medios dominantes.



3 Comentarios en “Vejez Digna, un Derecho”
  1. Angel Gerardo Castillo Rocha Dijo:

    Concuerdo perfectamente con usted, tenemos derecho a una vejez digna, pero es nuestra responsabilidad de tomar nosotros las previsiones para que asi sea, no es la responsabilidad de los demas de proveernos de todo en nuestra vejez, si alguien quiere apoyar a otro en su vejez puede hacerlo siempre y cuando sea por desicion propia, no por obligación impuesta por alguien mas.

  2. Maria Esther Urzua Osuna Dijo:

    De acuerdo tenemos derecho a una vejez digna y es nuestra responsabilidad prever nuestro futuro, Usted cree que se puede lograr esto con un salario, con el que tenemos que distribuir, entre lo que se come diariamente y el ir y venir a nuestro trabajo. Podremos ahorrar y prever nuestro futuro con los salarios minimos que gana cualquier trabajador hoy en dia? Cree que con lo que ahorra hoy un trabajador, y lo que percibira como jubilacion le alcance para vivir una vida digna, sin pedirle nada a nadie?, Claro que debemos apoyar a nuestros viejos, y claro que por decision propia, mientras exista el ser humano generoso en cada uno de nosotros, cuando dejemos el egoismo y nos pongamos en los zapatos de los demas. Cuando empecemos a cultivar una cultura de conciencia para prever y comprender la situacion de los demas podremos dar buenos puntos de vista, no ideas paternalistas.

  3. SANDRA OLVERA Dijo:

    el que escribió esto no tiene ni idea de lo que es el estado y sus funciones ni de lo que son los derechos humanos, esto es todo un análisis que no hace a profundidad. ¡qué pasa con los ancianos cuando ya no pueden caminar, ni hablar, etc. la ayuda de ercetos es necesaria. vivimos en sociedad no podemos actau como si fueramos solo seres individuales y es estado y los gobiernos deben repartir correctamente nuestros impuestos. además se dedica a criticar negativamente y nunca dá una propuesta firme una prospectiva real……y es deber del estado y de la familia ayudar a los ancianos que son grupo vulnerable. quien vea viejitos a sus papás y no los ayude, habla de la falta de sensibilidad alrespecto…. NOTA DEL EDITOR: lo que usted sostiene es que el gobierno quite a unos para ayudar a otros, es decir, que el gobierno sea transformado en una institución caritativa que recolecta recursos por medio de la fuerza.





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