Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
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Eduardo García Gaspar
11 diciembre 2006
Sección: ECONOMIA, Sección: Una Segunda Opinión
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El descubrimiento de lo obvio es un hecho diario. La grandeza del real descubrimiento, sin embargo, está en volver a eso cotidiano un principio de conocimiento.

Me explico con el caso de un locutor en la radio que hace unos días habló de un hecho como si se tratase de una sorpresa inesperada.

Sorprendido, dijo que ante la elevación de precios que el gas había tenido, los consumidores optaron por reducir su consumo.

Habló de un aumento de precios de más del 100 por ciento en un año y de una caída en el consumo de 10 por ciento en números redondos. No es sorpresa en realidad, sino todo lo contrario.

Era natural que eso sucediera. La real noticia no era ésa, sino que una elevación sustancial de precio había producido una reducción muy pequeña en la demanda.

Se trata de una demanda inelástica, la de bienes cuya cantidad demandada se mueve en proporciones menores a las del cambio en precios. Más tarde, el mismo día en el que escuché esa “noticia”, leí otra acerca del consumo de agua en la Ciudad de México.

Reportaba que en esa ciudad el metro cúbico se cobra en algo más de un peso a los usuarios. En otras ciudades de México, esa misma cantidad de agua llega a costar unas tres veces más, e incluso hasta siete veces.

Ponga usted lo que ya sabemos del gas, sus precios y las cantidades demandadas, junto a lo que conocemos del agua y sacaremos una conclusión natural: hay más agua demandada en la Ciudad de México que en las ciudades en la que ella cuesta más. Por lo tanto, las autoridades de la capital enfrentan el problema de satisfacer una demanda mayor, de lo que obviamente se quejan por los costos que eso les significa.

Se quejan por una razón: quizá no sepan nada de eso que usted y yo conocemos sobre el gas y otras cosas. Porque, la verdad, cada vez que vamos de compras usamos ese principio. Hace unos días, encontré de rebaja una marca de cerveza importada por lo que compré más cantidad de ella de lo que sin esa rebaja hubiera comprado. La reducción de precios elevó la cantidad demandada. No es una cuestión de física nuclear.

Este conocimiento está en libros desde hace muchos siglos. No es ningún secreto. Por esto es en realidad notable lo sucedido en la capital mexicana cuyo alcalde ha decidido mantener el precio del agua pero evitar el desperdicio reduciendo su suministro: va a costar lo mismo, pero habrá menos en las partes de la ciudad que tienen los mejores índices de vida.

La experiencia que existe cuando se hace eso que quiere hacer el alcalde es una que se cita con frecuencia en libros de economía: cuando en los EEUU había escasez de gasolina y ella no subió de precio, las personas formaban grandes filas para llenar sus tanques.

Cuando el precio se dejó de controlar, subió, la gente dejó de hacer fila y se preocupó por ahorrar gasolina. Podía hacerse lo mismo con el agua, dejar que el precio se eleve, lo que produciría el mismo efecto que el del gas: reduciría la cantidad demandada, es decir, exigiría al usuario un uso más cuidadoso.

La verdad no creo que las autoridades de esa ciudad sean tan ignorantes como para desconocer algo tan obvio, por lo que cabe preguntar la razón por la que simplemente no elevan el precio y producen un consumo más cuidadoso. La respuesta de seguro tiene que ver con el miedo a perder votos en las siguientes elecciones. Los votantes podrán reaccionar retirando votos al partido que les elevó el precio del agua, lo que partidos opositores gustosamente les recordarán.

Es así como las medidas racionales y mejores dejan de tomarse para resolver problemas y el tema se politiza introduciendo consideraciones electorales: será natural que el alcalde de la capital cuide a su partido y restrinja el agua en las zonas de la ciudad cuyos votos le son contrarios para dar agua al mismo costo bajo a las zonas que le representen más votos.

El problema del desperdicio de agua, desde luego, no se va a remediar de esa manera, Simplemente se ha politizado: convertido en una herramienta que los gobiernos usan para manipular el voto de una ciudadanía que tiende a dejarse comprar con regalos, como agua subsidiada y también, como en esa misma ciudad, con un el metro a un precio menor de lo que cuesta. Otro regalo y, por supuesto, más votos.

Total, habrá más política y menos agua… la pena es que con la política no puede calmarse la sed.


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