Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Vida y Muerte
Eduardo García Gaspar
29 diciembre 2006
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Siento una extraña fascinación por poner en tela de juicio las opiniones generalizadas. Es una buena manera de aprender confirmando la bondad de esas opiniones o encontrando sus fallas. Tal es el caso de la opinión que en general exalta la muerte repentina. Usted y yo hemos escuchado eso mil veces: lo buena que es la muerte rápida e inconsciente.

Si se muere durante el sueño, si se pierde la vida instantáneamente, si se muere sin conciencia, todo eso se juzga positivo y cómodo. Muy bien, eso es lo que se piensa y es fascinante ponerlo en tela de juicio.

Empecemos por la posición opuesta, la que dice que es mejor que la muerte no nos tome desprevenidos, de manera que estemos preparados para enfrentarla. Es decir, la diferencia entre las dos opiniones es la preparación previa.

Una dice que es mejor estar preparado, lo que puede no lograrse con una muerte inmediata y sin conciencia. Al contrario, es mejor darse cuenta de que la muerte está próxima. La otra posición se coloca en el extremo opuesto, la muerte mejor es la inconsciente e inmediata, la que no ofrece mucha oportunidad de preparación.

En el fondo de esas dos posiciones hay otra dimensión mucho más profunda, la del miedo a la muerte. Quien prefiere una muerte anticipada con tiempo de preparación, tiene menos miedo a la muerte que quienes prefieren la muerte inmediata. L

a expresión clave es “menos miedo”. Todos tenemos miedo a la muerte, unos más que otros. Quien más miedo tiene es el que quiere la muerte más rápida y que da menos tiempo de preparación.

Entender esas dos opiniones puede hacernos comprender mejor el asunto y tomar una posición personal. Por lo pronto creo que vale la pena reconocer una realidad inevitable: la muerte es parte de la vida. Si respetamos a una debemos respetar a la otra.

Tener mucho miedo a la muerte es equivalente a también tener gran miedo a la vida, y viceversa. Es decir, quien desea la muerte impreparada e inmediata será más propenso a no respetar tanto a la vida.

También, otra consideración importante es la de las creencias personales. Será muy natural que la actitud ante la muerte sea muy distinta entre quien no cree en nada posterior a la muerte y quien piensa lo opuesto. Aquél que piensa que al morir dejamos totalmente de existir pensará muy lógicamente que la mejor muerte es la instantánea, pues no habiendo nada posterior, no existe razón para prepararse a morir.

Pero quien crea en una vida posterior a la muerte tendrá la opinión contraria: es mucho mejor saber anticipadamente que la muerte está cerca y así tener oportunidad de prepararse a ella. Sí, la muerte podrá ser dolorosa y tardada, pero ante lo que está por venir en la otra vida, la decisión es la lógica para esta persona. El caso de los mártires es el más ilustrativo de esta manera de ver las cosas.

Creo que ahora, yo y quizá también usted, tiene más bases para pensar al respecto de este tema. La idea común de que la mejor muerte es la instantánea tal vez no sea tan sólida como aparenta. Sin duda es una muerte cómoda y confortable para el que muere y para los que están a su alrededor, pero eso no significa que sea mejor. Los que tienen creencias en una vida posterior preferirán estar preparados para llegar al Cielo, o como usted le quiera llamar.

Me decía un cura que nos equivocamos de cabo a rabo cuando damos connotaciones lúgubres a la muerte. Nada tan placentero hay en la vida como la muerte, me decía, para quienes creen en la vida futura junto a Dios. Quizá no haya mejor expresión de esto que la de Santa Teresa de Ávila cuando escribió “Vivo sin vivir en mí / y de tal manera espero / que muero porque no muero”.

Y continuó diciéndome que en los mismos Evangelios se nos previene al comparar a la muerte con un ladrón que llega en el momento menos esperado, por lo que siempre es necesario estar preparados. De nuevo está aquí esa diferencia entre las dos opiniones, la de la necesidad de estar preparados o no estarlo. Usted es el que decide.

Y a esto puede aplicarse la apuesta de Pascal: si usted no cree en la vida siguiente y ella existe, el monto de la pérdida producida por una muerte para la que no se ha preparado, es infinito. La mejor apuesta es la de una muerte no repentina e impreparada, por dolorosa que sea.

POST SCRIPTUM

• La poesía completa de Santa Teresa de Ávila puede ser leída aquí, aquí y aquí.

• Una meditación similar está en Ratzinger, Joseph, Messori, Vittorio (1985). THE RATZINGER REPORT : AN EXCLUSIVE INTERVIEW ON THE STATE OF THE CHURCH. San Francisco. Ignatius Press. 089870085X 0898700809, p. 145.

La apuesta en Dios contiene una explicación de la apuesta de Pascal. También hay información aquí, en inglés.

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