Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Yo, Líder, tú Seguidor
Eduardo García Gaspar
5 julio 2006
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Quiero volverme un poco filosófico y plantear una pregunta. La pregunta picotea mi curiosidad, especialmente ahora, en el terreno político mexicano, donde vimos a cientos de personas dedicadas en cuerpo y alma a lograr su elección a puestos públicos.

¿Por qué quiere alguien ser presidente de un país? Para muchos, ése sería un puesto repulsivo. Y sin embargo, hay quienes quieren ser presidente y pasan su vida tratando de serlo. Podría uno explicarse eso diciendo que es un gusto o inclinación personal, quizá no diferente al de quienes desean ser ingenieros, escritores, agricultores, maquillistas o cualquier otra cosa en la vida.

Pero los puestos políticos no son iguales al resto en una faceta, la del poder. Quienes desean desempeñar posiciones altas dentro de un gobierno quieren entrar a la institución que tiene autorización legítima para el uso de la fuerza. La única que tiene esa capacidad. ¿Qué es lo que los mueve a entrar a esa institución poderosa?

No es la misma que tiene el novelista que quiere escribir libros de gran venta, ni la del restaurantero que desea tener muchos comensales, ni la del albañil que quiere sostener a su familia.

La institución con más poder en la sociedad debe atraer a cierto tipo de personas, no a todas. Los gobernantes suelen decir con inocencia que su vocación es la de servir a otros y que por eso siguen una carrera pública. Pamplinas. Si de verdad tuvieran esa vocación, estarían en misiones de ayuda a países con hambrunas.

No les creo. Son personas como el resto, que buscamos hacer realidad nuestras ambiciones. A más no pueden llegar.

Los gobernantes son personas que tienen ambiciones personales, como el resto, y que buscan lograrlas por medio de su trabajo. La diferencia está en que lo hacen dentro de esa institución, que es la más poderosa que existe.

Consecuentemente tenemos una combinación peligrosa en potencia: gente común en puestos de gran poder. Sería lógico esperar que ellas sucumbieran a la tentación de abusar de su poder. Por ello se ha dicho que quien tiene poder tenderá a propasarse.

Y por eso es que se han construido sistemas de gobierno que están diseñados para evitar esos abusos, como la división de los poderes y demás. Y sí funcionan satisfactoriamente. Con los pies en la tierra y ajenos a toda ideología, esos sistemas de acotación de poder reconocen que los gobernantes no son mejores que el resto de la gente, que sucumben a tentaciones de abusos y que no debe confiarse en ellos.

A lo que voy con lo anterior, bien vale una segunda opinión: los gobiernos por su misma naturaleza atraen a un tipo de personalidad muy especial, al soñador redentor que se cree poseedor de la fórmula que remediará los problemas de la comunidad que lo elija.

El siglo 20 tiene descarados ejemplos de esto en Alemania, URSS, China, Cuba; y ahora en Venezuela, Corea del Norte. En casos como estos se tiene la combinación fatal: un emancipador autonombrado en una posición de poder absoluto.

La misión del salvador autodesignado es simple: usar su poder ilimitado para imponer en el resto las ideas que él tiene sobre un mundo ideal y perfecto. Son estas las razones por las que los electores debe tener extremo cuidado para evitar elegir a quien una vez en el poder no lo soltará (remember Venezuela). Por lo que he leído y visto, me parece que el candidato del PRD está en esta categoría de personalidades atraídas al poder.

López Obrador tiene un gran punto central: las brechas de prosperidad se abren, creando un problema de pobreza extrema. Sin embargo, su análisis del problema es erróneo, sus políticas de gobierno equivocadas y su personalidad la inadecuada. ¿Qué es lo que le atrae al poder? La posibilidad de realizar sus ideas por imposición, no por la vía de la negociación política. Y es que la realidad ha mostrado dos formatos de democracia.

La tradicional que conocemos que es la de la división de los poderes y las libertades ciudadanas, y la que se le ha llamado “popular”. Ella está basada en la elección de un líder quien es responsable de interpretar los deseos de la gente y obrar en consecuencia, sin leyes que lo puedan limitar, ni poderes que lo acoten. Para este candidato, la democracia que vale es la popular porque en ella, él sería el líder que sabe lo que las personas necesitan.

Post Scriptum

• Ayer, Vanguardia, de Saltillo, reportó que

“Patricia Mercado y el presidente de Alternativa Social Demócrata y Campesina, Alberto Begné Guerra, hicieron un llamado a los partidos políticos y a los ex candidatos presidenciales a respetar la labor y decisiones del Instituto Federal Electoral (IFE)… dijo que su partido legítima la primera etapa de la elección donde, como lo aseguró el IFE, aún no se puede proclamar un ganador. [se] subrayó la importancia de no descalificar los instrumentos de conteo de la autoridad, ni hacer proclamas sobre los resultados de la elección. ‘No queremos ni cargada mediática, ni cargada callejera”, ya que ambas, afirmó, llevan a una cultura política del pasado ‘de arreglo en lo oscuro o de la violencia antidemocrática’”.


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