Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
“Yo no voté”
Eduardo García Gaspar
20 septiembre 2006
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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No recuerdo haber leído sobre el abstencionismo en las elecciones mexicanas pasadas, excepto por el festejo de una participación superior a la proyectada: de un 50 por ciento esperado la participación fue del 60 en números redondos. No está mal, pero aún así no es algo para festejar.

¿Qué sucedió con ese 40 por ciento? Me gustaría que existiera una investigación de causas de no voto, algo formal y cuantitativo. En ausencia de eso, podemos especular sobre alguna base razonable. Desde luego, no es realista esperar participaciones del 95 por ciento y superiores, como se suelen dar en países autoritarios. Pero, sería fenomenal tener alrededor del 70.

Quien no votó tuvo sus razones. La más obvia de ellas es la valoración del voto individual, tan pequeña que el votante piensa que votar o no, da lo mismo para él. Pensar así lleva a abstenerse. No es una conducta totalmente ilógica, en realidad es racional. Un voto único tiene un valor infinitesimal. Y sin embargo, en elecciones cerradas pueden hacer la diferencia: unos pocos miles o cientos de votos pueden determinar quien gana.

Esos votantes, por tanto, sí juegan de manera indirecta, afectando al candidato por el que más simpatías tuvieron, aunque no las suficientes como para molestarse en votar. La influencia de esos votantes abstencionistas, por tanto, puede ser de enorme impacto en elecciones cerradas como la pasada en México. No votaron, pero si influyeron en los resultados quitando votos a alguno de los candidatos.

Otra razón de no voto, que encontré en algunas personas, fue la de argumentar que no tenían información para decidir su voto. A ellos les digo, ¡pamplinas! Había información al por mayor y si ellos no la veían era por pereza. Otros argumentaron que la pelea entre los candidatos les parecía sucia y llena de ataques. A ellos les digo, ¡bienvenidos a la realidad! Así es la parte electoral de la democracia y esperar campañas de caballeros es un sueño imposible.

Que las acciones electorales tuvieran elementos indeseables no retira la obligación de votar. Puede causar repulsión, puede chocar, puede causar rechazo, pero la vida no es perfecta. Alegar que no se vota porque las campañas no son ejemplos de juego limpio me parece un pretexto para evitar una decisión difícil comprando una salida artificial que suena bien.

Escuché también a algunos diciendo que no votaron porque ninguno de los candidatos les convencía, es decir, los ideales propios no coincidían con las propuestas de los candidatos. Desde luego que no van a coincidir al cien por ciento.

La causa me parece un tanto endeble porque termina por dejar a la persona sin participar en una elección en la puede ser elegido el candidato más alejado de las preferencias de la persona en cuestión. Es como retirarse de un partido sin jugar, a pesar de estar preparado para hacerlo.

En lo general, como se puede ver, soy crítico de las posturas de quienes deciden no votar. No encuentro en general un sustento sólido en sus razonamientos y prefiero los de quienes decidieron sí votar, incluso con razonamientos simplistas acerca de los candidatos. Entre quienes sí votaron encontré varias justificaciones. Una de ellas fue la obvia: el voto dado a quien se piensa que es la mejor opción.

Pero también encontré otra razón: la del voto negativo, dado a favor de un candidato no por sus bondades, sino por su oposición a otro candidato. Recuerdo una persona que me dijo que no votaría por Calderón porque representaba el continuismo del PAN y que votaría por López Obrador porque era una opción nueva. Hay quien argumenta que estos votos no son válidos, al tener una motivación negativa. Lo son tanto como el más razonado de los votos.

Todo el conjunto de votantes y no votantes da un panorama rico en posibilidades de manifestación personal: es una enorme variedad de gente diferente que vota o no habiendo llegado a un acuerdo sobre reglas de juego en una de las partes de la democracia, no la más importante de ellas, pero sin duda la más visible de todas, las elecciones.

¿Cuentan en las elecciones quienes se abstienen de votar? Aparentemente no. Y sin embargo, al no votar disminuyen los votos de ese candidato por el que hubieran votado, siquiera a regañadientes. Los no-votos terminaron afectando los resultados.


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