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Zapatero: Dos Años
Selección de ContraPeso.info
10 abril 2006
Sección: GOBERNANTES, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta un texto de Luis Balcarce, publicado originalmente en Latin Liber. El tema tratado por el autor es una evaluación de Rodríguez Zapatero a dos años de su gobierno, antes del aviso del cese de atentados por parte de ETA.

El azar quiso que la reciente apertura de la moderna y monumental Terminal 4 del aeropuerto de Barajas en Madrid, cuya construcción costó 7.200 millones de dólares, fuera una representación grotesca de la España de Zapatero.

Mientras cientos de pasajeros perdían sus vuelos en el día de su inauguración por culpa de la falta de previsión y los innumerables desórdenes organizativos, a las autoridades responsables no se les ocurría mejor idea que contratar saltimbanquis, músicos y equilibristas montados en zancos para disimular las horas de tedio de los sufridos pasajeros.

Era un típica postal de la España de este tiempo en la cual las autoridades políticas intentan atenuar las calamidades que ellos mismos provocan con  marketing circense.   Muchos pasajeros, hastiados por el caos de la organización, consideraron a los saltimbanquis una provocación y acusaron a las autoridades de burlarse de ellos. Hubo otros que se mostraron resignados, mascando su bronca en silencio, como si estuvieran acostumbrados a que en España los verdugos se rían de las víctimas.

Y no faltó aquel pasajero que comparó la España de Zapatero con el desquiciado avión de “Airplane!” que no tenía más piloto que aquel muñeco inflable de sonrisa perpetua.   Sin embargo, no subestimemos al presidente de la sonrisa tonta. No confiemos en su cordialidad, su pacifismo y su buen talante. Zapatero no es lo que parece.

Sus gestos, al igual que sus palabras, no dejan de recurrir a la mentira y al engaño. Su estrategia política cada día es más diáfana: un programa político revanchista, radical y sectario teñido de los antiguos odios que dejo la Guerra Civil de los años ‘30 y que intenta re-escribir la historia de España como si se tratara de un conjuro mesiánico, echando tierra a los 25 años de ejemplar transición democrática transcurridos desde la muerte de Franco y la posterior firma de la Constitución en 1978. “Soy un rojo”, confesó en un momento de debilidad y, por una vez en la vida, debemos creerle.

Mal augurio para las libertades cuando un presidente confiesa su debilidad por las banderas de Hugo Chávez y Fidel Castro. Pésimo pronóstico cuando unos son los “buenos”, (los “rojos”) y los otros, los que no piensan como Zapatero, son los “malos”. La estrategia revanchista de Zapatero se fundamenta en pactar con cualquier grupo político que no sea el principal partido de la oposición, el conservador Partido Popular, con el único objetivo de aislarlo políticamente.

En otras palabras, cuando Zapatero habla de “interés general” se refiere a todo el interés que queda luego de excluir la opinión de 10 millones de votantes de centroderecha. Esto le ha permitido encarar sin frenos ni cortapisas una política intransigente impulsada por las rancias banderas del antiamericanismo primario, la filiación al populismo latinoamericano, la complacencia hacia las naciones islámicas y, en el plano doméstico, las imprudentes alianzas con los nacionalismos separatistas, la negociación de una tregua con ETA a cualquier precio y el desprecio a las víctimas del terrorismo.

En menos de dos años, la España de Aznar ha quedado irreconocible. Todo empezó un fatídico 11 de marzo de 2004.  

Después del 11-M

Los atentados del 11 de marzo de 2004 (11-M), provocados por la explosión de diez bombas en cuatro trenes madrileños, asesinaron a 191 personas. También suscitaron que el Partido Popular pierda tres días después las elecciones presidenciales tras ocho años en poder, cuando los sondeos le auguraban una holgado triunfo electoral. Gracias a esta victoria inesperada, Rodríguez Zapatero recibió de parte de un editorial del Wall Street Journal el mote de “presidente por accidente”.

A casi dos años del trágico “accidente”, el gobierno socialista dio por cerrada la investigación del brutal atentado culpando al terrorismo islamista y a la participación de España en la Guerra de Irak. A pesar de no tener elementos de juicio para sostener la participación de Al Qaeda en el atentado, el PSOE insistió en esa tesis incluso desde pocas horas de ocurrida la masacre, porque en el entorno de Zapatero sabían que si acusaban al integrismo islámico –y no a ETA- ganarían las elecciones. La culpa habría sido de Aznar, siempre y cuando hubiera sido Al Qaeda. Acusaron al Gobierno de Aznar –que seguía la pista etarra- de mentir y ocultar información y ganaron las elecciones.

Hoy se sabe que muchos de los indicios que aparecieron horas después del atentado sobre la participación de Al Qaeda resultaron ser pistas falsas que desorientaron a los investigadores. Hoy se sabe que existen vínculos muchos más que casuales entre los islamistas del 11-M y algunos etarras. Hoy se sabe que la prueba clave de la investigación, la mochila número 13 encontrada en Vallecas, era una pista falsa.

La investigación estuvo plagada de incongruencias y al día de hoy son más las incógnitas que las certezas. No se sabe quién fue el cerebro del atentado, cómo se organizó, cómo se llevó a cabo, ni qué explosivos utilizaron. Sus autores materiales, que se inmolaron al ser rodeados por las fuerzas de seguridad en circunstancias muy poco claras, eran unos delincuentes comunes marroquíes a quienes muchos creen que simplemente les pagaron por causar las masacre. Al día de hoy, sólo hay un detenido en prisión por el 11-M, un pobre diablo utilizado como chivo expiatorio que será puesto en libertad en poco tiempo.

Periodistas avezados en la investigación del 11-M sostienen que este atentado no lleva el sello de Al Qaeda. El 11-M tiene muy poco en común con el 7-J londinense y el 11-S de Nueva York. Cuando Al Qaeda ataca, lo hace con el objetivo de matar en forma indiscriminada y de producir el mayor daño posible, sin prestar atención al calendario político.

Por el contrario, el 11-M fue un atentado destinado a influir decisivamente en un resultado electoral y a desbancar del poder al PP de Aznar. En la trama policial, la conexión islámica es muy débil. Además, aparecen recurrentemente delincuentes comunes, confidentes policiales, policías encubridores, indicios de posibles contactos con ETA y sobre todo, pistas falsas que no son más que cortinas de humo que llevan a pensar que este atentado contó con logística no integrista.

Por otra parte, Al Qaeda suele utilizar terroristas suicidas y en el 11-M los que colocaron las mochilas-bomba fueron mercenarios marroquíes que detonaron las bombas con móviles y luego, en circunstancias poco claras, repetimos, se inmolaron en el barrio de Leganés. ¿Quién los contrató? ¿Quién fue el cerebro del 11-M? Al día de hoy, al Gobierno de Zapatero le conviene que estas preguntas queden sin respuesta.

Una política exterior incoherente: España aislada del mundo

La pronta retirada de las tropas de Irak al poco tiempo de asumir el poder no le reportó a Zapatero las ventajas políticas que él esperaba. Fue una decisión coherente con su antiamericanismo y con la posición del PSOE durante su etapa en la oposición a Aznar. Sin embargo, sorpresivamente, no obtuvo el apoyo del eje franco-alemán (Chirac & Schroeder) por el que Zapatero apostaba muy fuerte. Esto se debió a la ominosa derrota que le propinó a la UE el rechazo popular a la Constitución Europea que dejó a los líderes europeos antiamericanos en total descrédito.

En segundo lugar, Zapatero cometió un error infantil al apresurarse a manifestar su total apoyo a John Kerry en las elecciones presidenciales americanas. El presidente del Ejecutivo español pensaba que sus continuos desplantes a la administración Bush iban a quedar en el recuerdo con la victoria de Kerry y el comienzo de una nueva relación con EEUU.

Pero la victoria electoral de Bush trastocó sus planes y lo obligó a reconsiderar su política exterior en los frentes de batalla de Oriente Medio. Abandonó las banderas del “No a la guerra” y, en secreto, a espaldas de la opinión pública, reforzó la posición de las tropas españolas en Afganistán y en Irak. La muerte de 17 soldados españoles en Herat y la imagen de una fragata española secundando un portaviones norteamericano en Irak fueron dos escándalos que contribuyeron a desgastar rápidamente la credibilidad de Zapatero.

A pesar de sus gestos complacientes hacia Washington, tanto Bush como Condolezza Rice hace casi dos años que no atienden las llamadas telefónicas de Zapatero. España pasó de ser un socio privilegiado de EEUU durante la época de Aznar a persona non grata en la Casa Blanca. Recordemos que durante sus últimas giras europeas, ni Bush ni Rice aceptaron las invitaciones que les hizo La Moncloa para sacarse la foto con Zapatero.

Más aún, la victoria de Angela Merkel – a la que Zapatero llamó “fracasada”- y el reforzamiento del liderazgo europeo de Blair – a quien el ministro del Interior español, José Bono, llamó “gilipollas”- dejaron a Zapatero aislado y sin socios de peso dentro de la UE, lo que motivó que en la última negociación de los presupuestos europeos España perdiera gran parte de las ayudas económicas.

Ignorado por EEUU y Europa, Zapatero buscó protagonismo acercándose a los líderes del mundo musulmán pergeñando la ampulosa y solemne “Alianza de Civilizaciones”, una copia burda de una propuesta del iraní Mamad Jatamí presentada en la ONU en el 2001. Esta propuesta, pletórica de vacuidad, sostiene que la mejor manera de combatir el terrorismo islámico es a través del diálogo y la convivencia razonable.

En realidad, no es otra cosa que palabrería hueca a favor del multiculturalismo y el panarabismo. Así lo pudimos saber cuando Zapatero, frente a los violentos sucesos originados por las caricaturas aparecidas en un diario danés que tanto ofendieron a los musulmanes, en lugar de defender con vehemencia los principios de la libertad de expresión y plantarle cara al fanatismo, pidió diálogo y exigió respeto para los musulmanes en una carta firmada… junto al presidente turco Recep Erdogan, ¡el mismo que apoyó el deshonroso juicio contra la libertad de expresión del escritor opositor Orhan Pamuk!

Así son los valores que defiende Zapatero. Mientras ardían los consulados europeos, Zapatero se aliaba con el islamismo turco. En el fondo, es la receta de Alianza de Civilizaciones: aliarse con el Islam renunciando a los valores y principios que fundan Occidente. Frente a la agresión, apaciguamiento. Frente al oprobio, una sonrisa boba.

La misma política de contención se corrobora en la genuflexa posición de España ante Marruecos, un actor inestable y agresivo, a quien Zapatero le ha vendido armas, ha apoyado expresamente en la crisis saharaui, y sobre todo, se ha cuidado de no denunciar la falta de libertades del régimen alauí. Además, en repetidas oportunidades, se negó a ratificar la españolidad de Ceuta y Melilla, provincias españolas en continente africano que Marruecos considera arrebatadas por España.

El otro rasgo de la errática política exterior de Zapatero es que convive amigablemente con las dictaduras tercermundistas. Fidel Castro es un icono para Zapatero, el símbolo de la resistencia frente al enemigo común: la democracia liberal. De esto se desprende la presión que hizo el ministro de Asuntos Exteriores español, Miguel Ángel Moratinos, para que la UE levantara las sanciones impuestas a Cuba por la encarcelación de 73 disidentes políticos. Una vez más se apostó por apaciguar al tirano antes que apoyar a las víctimas. Con la misma coherencia, Zapatero dotó de apoyo político y económico a los populismos de Chávez, Kirchner y Evo Morales para que las ideas del dictador de La Habana se expandan por todo el continente.

De rodillas frente a ETA

En España las bombas de ETA siguen haciéndose sentir. El Gobierno se congratula porque ya no matan como en los años ’80 pero olvida lo esencial: no matan porque no quieren matar. ETA, que estaba moribunda luego de la firma del Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo –consensuado por socialistas y conservadores en 2000- ha vuelto tener protagonismo gracias a Zapatero y su lógica de claudicación. La banda terrorista vasca ahora negocia con Zapatero un precio político por esas bombas, las mismas que desde los años ’60 se han cobrado la vida de más de 800 personas.

Cada vez que explota una bomba de ETA, Zapatero, en lugar de condenar con vehemencia al terrorismo, pide paciencia y se recluye en el silencio. La sensación que deja esta actitud es de abandono y de indefensa frente a lo que parece una política de rendición frente al terrorismo separatista. En otras palabras, Zapatero quiere hacerle creer a los españoles que la paz es posible a cambio de nada, cuando todos saben que la paz para ETA significa únicamente que el País Vasco rompa con España.

Esta política de claudicación, denunciada reiteradamente por los familiares de las víctimas del terrorismo vasco, negocia con ETA el alcance de una “paz rápida” básicamente a cambio de conceder la reducción de las penas de los presos más sanguinarios de la historia de la organización terrorista y la legalidad al brazo político de los etarras, Batasuna. La clave de esta negociación es la figura del más cuestionado funcionario del Gobierno de Zapatero, el fiscal general del Estado, Cándido Conde-Pumpido, quien, en lugar de combatir activamente al terror desde el Poder Judicial, ha concedido a ETA todo clase de prerrogativas jurídicas.

Así, por ejemplo, prefirió lavarse las manos y no incomodar a ETA ilegalizando al Partido Comunista de las Tierras Vascas cuando éste se presentó en las elecciones autonómicas vascas, a sabiendas de la ideología pro-etarra de sus miembros y violando la Ley de los Partidos Políticos. Esto permitió que ETA tenga hoy siete escaños afines en el parlamento vasco. Además, Conde-Pumpido estaba dispuesto a permitir en enero una asamblea convocada por Batasuna, organización ilegalizada desde 2002, hasta que un juez inmune a las presiones políticas como Fernando Grande-Marlaska decidió prohibirlo.

De todos modos, es conocida la poca tolerancia del PSOE hacia quienes se atreven a desafiar sus tácticas. De ahí que se augura que Grande-Marlaska será otro obstáculo a remover, al igual que le sucedió a otra víctima de la política sectaria de Zapatero, el fiscal jefe de la Audiencia Nacional, Eduardo Fungairiño, un símbolo de la lucha antiterrorista contra ETA. Su renuncia, forzada por sus desavenencias con Conde-Pumpido, fue una muestra evidente de que el Gobierno de Zapatero está negociando una tregua con el grupo terrorista vasco y que para llegar a un acuerdo debe eliminar a aquellos fiscales díscolos que no quieran ceder frente al chantaje terrorista.

La expulsión de Fungairiño fue un golpe demoledor a la sociedad civil española porque demostró que Zapatero estaba purgando la Justicia para hacerla más dócil y maleable, para poder así negociar sin obstáculos con los terroristas. Así, los fiscales españoles en lugar de perseguir terroristas, les acortan las penas. Nunca antes como ahora los pro-etarras contaron con tanta complacencia por parte de un gobierno democrático que no los combate, que no se plantea acabar con ellos sino que le permite gozar mediante chapuzas legales de la mayor impunidad sin necesidad de empuñar las armas.

El problema catalán

En los últimos meses los titulares de las portadas de los periódicos españoles se repartieron entre tres temas muy relacionados entre sí: el caso Montilla, la OPA de Gas Natural a Endesa y la negociación de Estatuto catalán. La noticia de la que La Caixa, la más importante institución bancaria catalana, condonó  al Partido Socialista Catalán (PSC) una deuda de siete millones de euros a su secretario general, José Montilla, actual ministro de Industria del Gobierno de Zapatero, fue un escándalo que dejó en evidencia cómo en España el poder político va de la mano del poder económico.

Dado que la Caixa no es una institución bancaria normal sino que es una botín controlado por empresarios y dirigentes políticos catalanes, la maniobra tuvo como fin garantizar que la mayor OPA en la historia de España se lleve a cabo. Nos referimos a la adquisición de la eléctrica Endesa por Gas Natural, cuyo accionista mayoritario es La Caixa y en la cual Montilla, como ministro de Industria, lejos de ser un árbitro imparcial, influirá en forma notable.

El trasfondo político de esta OPA es el Estatuto catalán impulsado por las fuerzas nacionalistas de Cataluña. Las alianzas políticas de Zapatero con los nacionalistas catalanes motivaron que el presidente español apoye públicamente la OPA de Gas Natural, al punto de llegar a fletar en secreto un avión privado al presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durao Barroso, para pedirle que la UE se desentendiese del espinoso asunto y, así, dejar vía libre al Gobierno español para impulsarla sin trabas.

Sólo dos días después de la aprobación de la OPA por parte del gobierno español, Zapatero almorzaba en la residencia del presidente de La Caixa, Ricard Fornesa, junto a la flor y nata del empresariado catalán, en una señal inequívoca de que esta OPA había que sacarla como sea. La implicación de Zapatero en la OPA reveló la inauguración de una nueva época dorada del dinero fácil, el favoritismo y las corruptelas, igual a la vivida durante los gobiernos del socialista Felipe González (1982-1996), donde los grandes negocios se firman en los despachos políticos.

Básicamente, lo que los catalanes exigen es, primero, que se considere a Cataluña como “nación” (lo cual es inconstitucional) y, segundo, que los catalanes dejen de financiar con sus impuestos al resto de las comunidades más pobres las autonomías, lo cual hace trizas la unidad fiscal y debilita el cuerpo de competencias del Estado. Al día de hoy, Zapatero tiene cerrado un acuerdo sobre el Estatuto, a espaldas del PP, que otorga el término “nación” en el Preámbulo a Cataluña, que impone el deber de conocer el catalán y recorta en gran medida las libertades civiles de los catalanes, que crea un nuevo sistema de financiación que rompe la unidad jurídico-fiscal española y que recorta las competencias estatales.

¿España o Ex – paña?

Pactando con los nacionalistas catalanes la exclusión del principal partido de la oposición (PP) en la negociación del Estatuto catalán, Zapatero reabrió la Caja de Pandora nacionalista y dio alas a los separatistas para impulsar un Estatuto que exige concesiones, privilegios y atribuciones financieras, fiscales y políticas que rompen abiertamente con la Constitución consensuada por todas las fuerzas políticas españolas en 1978.

La pretensión regionalista encontró, luego de 25 años de transición democrática, en Zapatero a su mejor interlocutor. El éxito de la Transición posterior al franquismo se fundaba en haber unido a las dos Españas que se masacraron mutuamente en la Guerra Civil (1936-1939). Por eso la negociación del Estatuto catalán ha hundido la imagen pública de Zapatero.

Su imagen a los ojos de gran parte de la opinión pública es la de un presidente asfixiado por su propia imprudencia, por su irresponsabilidad, por establecer envilecidas alianzas y retorcidos pactos políticos con el único objetivo de cobrarse viejas facturas históricas. Aprendimos que detrás de la sonrisa boba se escondía un licántropo político cómplice de los terroristas, el islamismo y el nacionalismo atávico.

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