Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Allá el Que se lo Crea
Eduardo García Gaspar
22 enero 2007
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El asunto tiene su gracia y consecuencias fascinantes. No hace mucho que la autoridad mexicana se lanzó en contra de los adivinadores, videntes y astrólogos que anuncian sus servicios de predicción del futuro y solución de problemas personales. Desde luego, en la superficie se trata de un engaño, pues el futuro no es predecible.

También es un caso de explotación de ingenuidad. Ante eso, la postura ortodoxa establece que la autoridad debe actuar para tratar a esos mentirosos como delincuentes. Concretamente como si fueran productores que en su publicidad engañan al público con ofertas falsas. La autoridad, por tanto, entra a castigar a los psíquicos como un caso de fraude.

Ésa es la postura tradicional que sostendrá la mayoría de la gente, como Luis Woldemberg en un reciente editorial (Grupo Reforma). El cimiento de la posición es fuerte y se apoya en leyes claras que justifican la entrada gubernamental.

Pero la solución es aún más simple, porque si la publicidad incluye una nota pequeña que diga que se trata de diversión y entretenimiento, los castigos se evitan y todo sigue igual que antes.

Pero hay otra posición menos ortodoxa que la de la autoridad que interviene. Está basada en otra hipótesis muy diferente. La postura del gobierno interventor presupone que el ciudadano no es muy inteligente y que necesita un guardián que lo proteja.

La postura a la que me inclino es la que cree que el ciudadano es más inteligente de lo que se piensa y que no necesita guardianes que lo amparen. Woldenberg cree que el ciudadano no es un tipo razonable. Yo creo que sí.

Después de todo, a ese mismo ciudadano se le da la oportunidad de votar para elegir a sus gobernantes. Y lo que los gobernantes ofrecen en sus campañas rebasa por mucho los fraudes de los adivinadores. Si el ciudadano debe ser cuidado de los videntes, con más razón lo debería ser de los políticos que lanzan promesas futuras insostenibles, como las de crecimiento económico y creación de empleos.

Todavía más. Si caemos en la idea de que el ciudadano debe ser protegido de los astrólogos y similares, estaremos cerca de querer protegerlo de otras cosas que lo puedan engañar. Me refiero a libros que hablan de conspiraciones inexistentes, de códigos secretos, de mensajes ocultos. O bien, hasta podría admitirse la existencia de opiniones que no deben ser publicadas por carecer de demostración.

Si alguien cree en los horóscopos, si cree que un adivinador le dirá si su esposo lo engaña, si cree que portando un amuleto su suerte será mejor… allá cada persona y sus ideas. Que se equivoque, que tire su dinero y que en el proceso aprenda que todo eso no vale un comino. Terminará como un ciudadano maduro y experimentado. Si el gobierno lo protege de eso, terminará como un niño mimado y caprichoso.

No me parece lógico que en el mismo plano puedan colocarse a las transacciones comerciales que a las promesas de un adivinador. Si usted compra un auto bajo un contrato de arrendamiento, eso es una relación contractual seria y sujeta a castigo por incumplimiento por cualquiera de las partes.

Pero si usted consulta a Madame Cacaxtla para que le quite la mala suerte y no se la quita, el juez ante el que usted acuda y las personas que se enteren se van a atacar de la risa… y eso ayudará a enseñar al resto de las personas.

En el fondo, es la disyuntiva entre el gobierno paternalista y el gobierno maduro. El paternalista es el que quiere cuidarnos de peligros como la comida chatarra, las grasas, los adivinadores; el que nos obliga usar cinturón de seguridad.

El que nos considera niños incapaces de aprender y se justifica como un padre que debe exagerar los cuidados produciendo ciudadanos inmaduros que nada puedan hacer sin la autoridad.

No me agrada la hipótesis del gobierno paternalista. No me gusta que el gobierno crea que los ciudadanos somos fácilmente engañados, porque entonces él mismo va a caer en la tentación de engañarnos también… lo que claramente se vio en las propuestas de los candidatos a la presidencia en 2006, cuando ofrecieron cuentas y espejitos a cambio de votos.

Prefiero la idea del ciudadano que puede pensar, y que aunque sea engañado algunas veces, pueda aprender de sus errores y fallas. (La posibilidad de que un adivinador tenga una certificación gubernamental es maravillosa).


ContraPeso.info es un servicio con antecedentes desde 1995, que funciona como proveedor de ideas e información adicional a los medios dominantes.





esp
Búsqueda
Tema
Fecha
Newsletter
RSS Facebook
Extras