Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Aún Así, es Preferible Slim
Eduardo García Gaspar
15 agosto 2007
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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“De entre los dos extremos prefiero enfrentarme a Slim que a López Obrador”, me dijo un día un amigo. Se refería al multimillonario mexicano de no buena reputación y al ex candidato presidencial del PRD. Lo que mi amigo expresó tiene un profundo significado de consecuencias amplias, especialmente después de los comentarios que produjo el reporte de Slim como el hombre más rico del mundo.

Recuerda a eso de que “Pocas cosas más inocentes hay que las de un hombre haciendo dinero”. Bajo un disfraz simple se apunta hacia una consideración central de la vida, las obsesiones que tenemos y que Marx tan correctamente apuntó en sus ideas al respecto del poder económico. Es cierto, el poder económico puede ser abusado para tiranizar al resto.

De hecho, todo poder tiende a ser abusado en la medida en la que es posible hacerlo. No sólo el económico, sino todos, especialmente el político. Es por esto que no sirve la idea socialista, la que se basa en desear limitar al poder económico por medio del aumento del poder político. Bajo el socialismo, por tanto, el que tiraniza a las personas es el gobierno.

De aquí la gran importancia de instituciones, es decir, reglas sociales que limiten el poder, el que sea, político, económico, cultural. Este es el secreto de una sociedad de ciudadanos libres. Es la acotación del poder, venga de donde venga. El problema es, desde luego, cómo hacerlo.

¿Qué hacer para limitar al poder económico de las grandes empresas? Sin duda ellas detentan gran poder, menos del que piensan los marxistas, pero aún así representan un abuso potencial que dañaría al resto de nosotros. La solución dada desde hace mucho es la de un sistema de competencia: evitar los monopolios protegidos por la autoridad, formal o informalmente. La experiencia indica que no es una solución perfecta, pero que es muy satisfactoria.

¿Qué hacer para limitar el poder cultural? Me refiero al terreno en el que la solución ha sido la libertad de creencia y expresión. Tampoco funciona mal, aunque no es perfecta. Hay abusos de esa libertad, pero ellos son preferibles a la posición opuesta, la de la censura.

¿Qué hacer para controlar el poder político? La solución propuesta ha sido la división de poderes y un sistema de estado de derecho. Tampoco funciona mal en la práctica.  Y es donde más atención debe ponerse porque es en estos terrenos en los que se sufre una obsesión humana extrema, peor que la obsesión de hacer dinero. Me refiero a la obsesión del poder. Por eso tiene razón mi amigo. Es más fácil enfrentarse a una empresa muy grande y poderosa que a un gobierno también grande y poderoso.

Un artículo reciente de P. Johnson (Forbes, julio 2) señala eso a lo que me refiero con anécdotas ilustrativas. Hitler jamás mostró interés en tener dinero. Después de su muerte, se pudo ver que Stalin tenía en un cajón sobres sin abrir conteniendo su sueldo. Una vez se mostró a Mao un billete chino que él no pudo reconocer. Su obsesión era el poder y es de casos como esos de los que las personas debemos protegernos.

De todos los campos posibles es el gobierno el que atrae más a las personas con sed de poder y por ello, son los más peligrosos. Esto es lo que se encuentra encerrado en lo dicho por mi amigo. Yo prefiero enfrentarme a un gigante como Microsoft que a Chávez en Venezuela. A Shell que a Ortega en Nicaragua. Por poderosas que sean esas empresas, son niños de pecho comparados con lo que un gobernante sin límites puede hacer.

De allí la verdad encerrada en eso de que nada más inocente puede haber que un hombre tratado de ganar dinero. Es mejor eso que el de un hombre tratando de tener más poder. No es una consideración trivial, al contrario. Es el corazón mismo de la defensa de nuestras libertades y por eso, de nuestro beneficio. Sin las limitaciones severas al poder, especialmente el del gobernante, perderemos todo.

El asunto es de importancia diaria y está en los detalles que podemos ver sin entender, como las leyes fiscales que muestran el deseo del gobierno de hacerse de más dinero que es propiedad de usted y mío… como el caso mexicano ahora, cuando el gobierno dice que necesita más dinero.

Yo le respondería que yo también y que única diferencia entre el gobierno y yo es que èl puede quitármelo bajo un disfraz legal, con amenazas, pero que si yo hiciera lo mismo sería considerado un ladrón.


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