Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Ayuda a los Pobres el Comercio Justo?
Textos de un Laico
13 noviembre 2007
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta a sus lectores una idea de Michael Miller. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de traducción y publicación. El autor , Michael Miller, es director of programs en el Acton Institute. La idea central del autor es examinar sin apasionamiento un concepto de moda, el de Comercio Justo, con sus cosas buenas y sus cosas malas.

El Comercio Justo es exaltado como una manera de satisfacer las necesidades familiares de los pobres. Se dice que ese Comercio Justo es un ganar-ganar para todos los que tengan un corazón —por una pequeña elevación del precio de nuestro café logramos ayudar a los cultivadores de café mientras cómodamente lo bebemos.

Muchas organizaciones cristianas en los EEUU, como Catholic Relief Services, Presbyterian Church USA y Lutheran World Relief, asocian al Comercio Justo con valores cristianos. Mientras que enfatizar la ayuda a los pobres es esencial, ¿en realidad el Comercio Justo ayuda a los campesinos y ayuda a resolver la pobreza?

El Movimiento del Comercio Justo argumenta que el sistema de comercio de mercado libre daña a los pobres pagando precios menores a los debidos por los commodities. Los objetivos expresos de ese movimiento son el dar poder a los productores marginales para volverse económicamente estables y auto suficientes, y promover el desarrollo sostenible, la igualdad de género y la protección ambiental. Los productores que cumplen con estándares de trabajo, desarrollo y sustentabilidad ambiental son “certificados” y así reciben precios superiores a los de su producto en el mercado.

Mientras que todo esto suena bien, me deja con preguntas.

¿Qué hace al Comercio Justo más justo que el libre comercio? Con el comercio libre nadie es forzado a realizar un intercambio. Si el comercio es realmente libre entonces no hay subsidios que distorsionen el mercado o que protejan a ciertas industrias o sectores elevando artificialmente los precios. Lo que hace injusto al comercio es cuando los países subsidian ciertas industrias o ponen tarifas a productos importados y por eso reducen el precio nacional impidiendo competir al productor extranjero.

Este es el caso de los subsidios agrícolas en los EEUU y de la Política Agrícola Común de la UE. Si esos subsidios se retiraran, los agricultores de las naciones en desarrollo podrían competir con los estadounidenses y europeos sobre bases iguales. No sólo se tendrían precios menores para los consumidores, también generarían ingresos mayores para las naciones en desarrollo.

El Comercio Justo se coloca él mismo como la solución a la injusticia del comercio libre, pero de cierta manera crea obstáculos para la competencia libre al establecer precios mayores, artificiales, de los que se tendrían en un mercado libre. Sí hay claros ganadores en el Comercio Justo, pero también hay posibles perdedores.

En su breve libro, Economía en una Lección, Henry Hazlitt definió a la economía como viendo los efectos de una política no sólo en un grupo, sino en muchos y poniendo atención en las consecuencias no intencionales.

Considérense las consecuencias no intencionales del Comercio Justo de café.

Primero, sólo ciertos agricultores certificados en Comercio Justo reciben precios mayores por sus granos. Esto hace que el resto de los agricultores en la misma área tengan mayores dificultades para competir. Pueden crearse incentivos a la corrupción ya que es difícil determinar si todos los granos vienen de las tierras certificadas, o si el agricultor ha comprado los granos a menores precios de tierras no certificadas, incluyendo la posibilidad de cultivos realizados bajo condiciones de esclavitud.

Segundo, los precios artificialmente inflados crean incentivos para que las personas permanezcan en el cultivo del café en vez de trasladarse a otras actividades o empleos que sean de mayor utilidad en el largo plazo, por ejemplo empresas multinacionales que a menudo pagan salarios mayores y se preocupan por la estabilidad.

El Comercio Justo también crea incentivos para que más personas produzcan café, lo que podría terminar creando una sobre oferta que resulte en una caída de los precios del café a largo plazo. Esto puede tener consecuencias terribles si el Comercio Justo deja de estar de moda.

Tercero, ¿ayuda el Comercio Justo a elevar a los pobres en las cadenas de valor a actividades como procesamiento, tostado y empaque? ¿O los precios artificialmente elevados crean incentivos para que ellos sólo cultiven granos dejando el trabajo de valor agregado a las empresas de EEUU y Europa? Esto, como los subsidios agrícolas, parece ser otra buena manera de limitar la competencia que viene de los países en desarrollo.

¿Deben los cristianos apoyar al Comercio Justo? La pregunta es en sí misma una cargada —como si los que dijeran no, estuvieran apoyando el “comercio injusto”.

Debemos vigilar el trabajo explotador y la esclavitud, y por esto el Comercio Justo debe ser reconocido. Quizá también, el Comercio Justo ha ayudado realmente a algunos agricultores asegurando mejor información y proveyendo vías de crédito más seguras. Pero incluso para los agricultores beneficiados por el Comercio Justo, cualquier resultado de largo plazo parece estar sustentado en mantenerse de moda entre los intelectuales y los consumidores estadounidenses y europeos —ambos de gustos volátiles. Como muchos otros planes anti-mercado que han ido y venido, el Comercio Justo probablemente lastime a los pobres más que ayudarlos.

La mejor forma de crear oportunidades y crecimiento sustentable de largo plazo no son los movimientos de moda, como el Comercio Justo, sino las mismas instituciones que han permitido a Occidente ser rico: propiedad privada segura, estado de derecho y libre intercambio. Cuando estos funcionan, el comercio se torna justo, más personas se benefician del comercio y el verdadero mercado libre desata al espíritu empresarial que es la fuente de riqueza y prosperidad.

Mercado y comercio libres han sacado a más personas de la pobreza que todos los movimientos políticos de moda cargados de buenas intenciones pero de consecuencias perniciosas. Esto es algo para pensar la siguiente vez que se visite Starbucks y se tenga un sentimiento santurrón frente a la taza de café.

Nota del Editor

La contribución de Michael Miller en esta columna es de extremo valor, más allá del caso del Comercio Justo y del cultivo de café. La mención que hace de la obra de Hazlitt ilumina lo que debe hacerse al examinar programas de combate a la pobreza y otras medidas similares: no basta con ver los efectos de corto plazo en el grupo al que se intenta ayudar, también deben examinarse los efectos de largo plazo en el resto de los grupos. Lo mismo que Bastiat decía: hay cosas que se ven y cosas que no se ven; el buen economista es el que es capaz de ver lo que otros no perciben.

Igualmente invaluable es el riesgo que la columna apunta: el Comercio Justo distrae la atención de las reales causas de la prosperidad; pensando en él, suelen olvidarse cuestiones de derechos de propiedad, aplicación de la ley, regulaciones eficientes y demás, que no tienen sustitutos.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información  para lectores que buscan explicaciones.




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