Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Barbas en Remojo
Leonardo Girondella Mora
21 junio 2007
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Asuntos
Catalogado en:


Los grandes cambios, creo que dijo Kissinger, son poco notables, pues se dan en medio de mil detalles que los ocultan. Quizá un gran cambio de ese tipo se ha dado con las decisiones de la Suprema Corte de Justicia en México.

Si de ella hace tiempo se había dicho que ya era un actor de importancia en la política, ahora lo es mucho más —y eso es bueno a la larga, para consolidar la división de los poderes.

La decisión acerca de la ley de radio y televisión, en el fondo, mueve cimientos económicos grandes: los intereses de mucho más que los de las televisoras —los de teléfonos, cemento y otras concentraciones económicas. Léase Slim, sobre todo, para verlo como un beneficiario de la falta de competencia en telecomunicaciones y no un empresario.

Si bien es una pena que partes de la SCJ estén inspiradas en la idea de la rectoría estatal de la economía, también es bueno que en ella haya una oportunidad de vivir bajo la separación de poderes, algo demasiado nuevo para la mentalidad mexicana. L

as decisiones pasadas producirán algo diferente —la necesidad de que los legisladores tengan más calidad en su trabajo. No está mal — mejor aún, si es que se aplica la idea de que la competencia es bienvenida.

La SCJ está ayudando, tal vez, a que al fin este país camine por el sendero liberal, el de la democracia y las libertades. Si alguien quiere abrir un negocio, que lo haga, sin limitaciones —porque eso será de agasajo para el consumidor. ¿Quiere alguien abrir una nueva cadena de televisión?, que invierta su dinero, que todos saldremos beneficiados, desde los trabajadores hasta las audiencias.

La costumbre mexicana no es la liberal —el proteccionismo dejó sectores económicos protegidos incluso ahora: cemento, electricidad, telefonía, petróleo, seguridad social, televisión, campo.

El sistema económico mexicano era corporativista —los negocios se hacían no en los mercados, sino en las oficinas de gobierno. Y aún no se desmantelan esas estructuras en algunos sectores. La SCJ dio un primer paso en esa dirección, la de la apertura real al fin.

Y esto me lleva a una consideración final —la de una gran confusión: muchos socialistas piensan que en capitalismo era eso que el PRI tenía y que aún tenemos, la concentración económica, la existencia de empresas protegidas, los privilegios económicos. Y por eso odian al capitalismo.

Tienen razón, yo también lo odiaría si es que eso fuese capitalismo —es más, si lo del PRI es capitalismo, yo sería el mayor de los anticapitalistas. Pero resulta que no lo es —el capitalismo es competencia, apertura, servicio al consumidor y, precisamente por eso, veo con agrado que se cuestionen leyes que limitan a la competencia y a la apertura.

Si las cosas siguen por el mismo camino, muchas barbas deberán estar ya en remojo —y de eso me alegro.


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