Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Brecha Religiosa-Empresarial
Textos de un Laico
23 abril 2007
Sección: NEGOCIOS, RELIGION, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta parte de un texto del Rev Robert A. Sirico. Agradecemos al Acton Institute el gentil permiso de reproducción. El tema tratado por el autor es la vocación empresarial y su diferente entendimiento por parte de los líderes religiosos.

La Brecha Intelectual entre Líderes Religiosos y Empresariales

Ya es tiempo de que las instituciones religiosas y los líderes traten la actividad empresarial como una vocación digna, como un llamado sagrado. Todos los laicos tienen un papel que jugar en la economía de la salvación, compartiendo el objetivo de fomentar la fe, utilizando sus talentos en formas complementarias.

A cada persona creada en la imagen de Dios, le han sido dadas ciertas habilidades naturales que Dios desea que sean cultivadas y tratadas como dones buenos. Si el don resulta ser una inclinación para los negocios, bolsa de valores, o inversiones bancarias, la comunidad religiosa no debería condenar a la persona meramente en base a su profesión.

En respuesta a mis escritos en una variedad de revistas de negocios, me contacta gente de un perfil particular. En una ocasión, un caballero me llamó para hacerme saber que acababa de leer un artículo mío en Forbes.

Esto resultó, como él explicó, en una impactante experiencia emocional ya que en toda su educación religiosa católica y asistencia regular a misa, nunca había escuchado hablar a un sacerdote tan profundamente acerca de las responsabilidades, tensiones, y riesgos inherentes a emprender un negocio.

¿No había, él se preguntaba, ­ algún componente espiritual en aquello que había ocupado tanto en su vida? Al leer el artículo, se sintió afirmado ­por primera vez por un líder religioso en el punto de su vida donde pasó mayor tiempo y esfuerzo: en el mundo del trabajo.

Este hombre representa a muchos otros cuyas historias son demasiado numerosas para contar aquí. Muy a menudo, se trata de individuos relativamente exitosos, con convicciones religiosas y morales profundas.

Sin embargo, cada uno de ellos experimenta una tensión moral, no debido a que lo que hacen es de alguna manera incorrecto, sino a que, usualmente, el liderazgo religioso ha fallado en captar la dinámica de su vocación y así proveerlos de una relevante guía moral y afirmación.

Estas personas representan una variedad de tradiciones cristianas, y todas ellas expresan un sentido de ser desarraigados y alienados de sus iglesias. Los líderes religiosos generalmente muestran muy poco entendimiento de la vocación empresarial, de lo que requiere, y de lo que contribuye a la sociedad.

Desafortunadamente, la ignorancia de los hechos no los ha apartado de moralizar sobre asuntos económicos y causar gran daño al desarrollo espiritual de las personas de negocios. En particular, recuerdo un hombre, uno que se describía a sí mismo como cristiano conservador, diciendo que ya no atendía a los servicios de la iglesia debido a que rechazaba sentarse en el banco de la iglesia con su familia y, en efecto, ser discriminado por su perspicacia en los negocios.

¿Cuántos sermones críticos puede escuchar un pequeño propietario de negocios o un banquero de inversiones antes que él o ella se desanime y decida dormir en el día de culto?

Michael Novak relata otra experiencia demostrando la casi impenetrable resistencia de algunos clérigos a admitir el potencial moral del liberalismo de mercado. Su experiencia ocurrió en una conferencia sobre economía en la cual diversos sacerdotes de América Latina estuvieron participando.

La conferencia se mantuvo por varios días, durante los cuales un persuasivo caso se presentó acerca de cómo la economía libre es capaz de sacar al pobre de su pobreza a través de los medios productivos del mercado.

Los sacerdotes permanecieron en silencio hasta el último día de la conferencia y Novak ofrece un interesante relato de lo que pasó a continuación:

En la última sesión de lo que había sido un feliz seminario, uno de los sacerdotes se levantó para decir que sus colegas se habían reunido la noche anterior y le pidieron hacer una declaración en su representación. “Nosotros, dijo, hemos disfrutado enormemente esta semana. Hemos aprendido mucho. Vemos muy bien que el capitalismo es la manera más efectiva de producir riqueza, y aún que distribuye riqueza más ampliamente y equitativamente que los sistemas económicos que vemos en América Latina. Pero todavía pensamos que el capitalismo es un sistema inmoral”.

¿Por qué esta situación todavía persiste? ¿Por qué es tan común que la gente de negocios no escuche nada mejor de un líder religioso que algo parecido a, “Bueno, la manera de redimirte es darnos tu dinero”? ¿Por qué sucede que muchos de aquellos que forman la conciencia moral de nuestro mundo no captan ni los fundamentos morales ni los principios básicos del mercado?

Una obvia razón de esta ignorancia es la asombrosa carencia de cualquier entrenamiento en economía en virtualmente todos los seminarios. Es raro encontrar un solo curso de seminario que explique los principios económicos fundamentales, el complicado mundo de las acciones, o de la dinámica de la microeconomía.

Históricamente, en la mayoría de los cursos de ética social, los seminaristas fueron acostumbrados a escuchar las consignas vacías de los proponentes de la teología de la liberación, quienes creían que las naciones desarrolladas explotan a las naciones menos desarrolladas, manteniéndolas así en un perpetuo estado de pobreza. Generalmente, estos argumentos eran propuestos por teólogos que tenían poco entendimiento de la economía.

La Brecha Práctica entre Líderes Religiosos y Empresarios

Sumada a la brecha intelectual o académica hay, por lo regular, una clase de brecha práctica entre los líderes religiosos y los empresarios en su entendimiento de las operaciones del mercado.

Esto se debe a que los dos grupos tienden a operar desde diferentes visiones del mundo y emplean diferentes modelos en sus operaciones diarias. Note ahora cómo estas diferencias se manifiestan típicamente.

En la mañana de un domingo, una canasta de colectas se pasa en la mayoría de las iglesias. Los lunes, las cuentas son pagadas, las obras de caridad atendidas, y los diezmos pagados a las sedes de las denominaciones. Sin embargo, cuando la colecta no alcanza, haciendo difícil pagar las cuentas, la mayoría de los ministros predican un sermón sobre la responsabilidad de la distribución.

En la mente de muchos clérigos, las decisiones económicas se asemejan a dividir un pastel en partes iguales. Desde este punto de vista, la riqueza es vista como una entidad estática, lo que significa que para que alguien con un pequeño trocito aumente su porción del pastel, otra persona tiene ­necesariamente­ que recibir una porción más pequeña.

La ‘solución moral’ que surge de este modelo económico es la redistribución de la riqueza, que puede ser llamada la moralidad de Robin Hood.

Los empresarios operan desde un entendimiento muy distinto acerca del dinero y la riqueza. Ellos hablan de hacer dinero, no recolectarlo; de producir riqueza, no distribuirla.

Los empresarios deben considerar las necesidades y deseos de los consumidores, debido a que la única forma de satisfacer sus propias necesidades pacíficamente ­sin depender de la caridad­ es ofrecer algo de valor como intercambio. Estas personas, entonces, ven el mundo de manera dinámica.

Al referirnos al libre mercado como dinámico, sin embargo, es fácil tener la impresión de que estamos describiendo un lugar u objeto. Sin embargo, el mercado es de hecho un proceso una serie de elecciones hechas por personas que actúan independientemente, las cuales ponen valores monetarios sobre bienes y servicios.

Este proceso de asignar subjetivamente valores determinados es el responsable de producir ‘la riqueza de las naciones’, una frase que es típicamente asociada con el título del clásico trabajo del siglo dieciocho escrito por Adam Smith, pero que de hecho, fue empleada por primera vez en el libro de Isaías (60:5). La visión creativa de la economía tomada por la gente de negocios aparece también en las Escrituras.

Desafortunadamente, el argumento anterior podría ser malinterpretado señalando que la religión adopta, en el fondo, una mentalidad de pérdida y ganancia en relación a su misión, pero esto sería una grave distorsión. Concuerdo con que en la práctica cristiana existe un lugar significativo a cerca de compartir la riqueza y los recursos ­ de hecho, un sitio obligatorio.

En su visión trascendente, las comunidades de fe reconocen que algunos asuntos no se pueden colocar dentro de los limitados cálculos del intercambio económico o ser evaluados en términos de dinero. Sin embargo, es también verdad que para mantener credibilidad en el mundo de los negocios y las finanzas, el clero debe entender primero el mecanismo interior de la economía de mercado, ya que sólo así su guía moral será de ayuda.

Pero hay otro factor, tal vez bastante confuso, que contribuye a la hostilidad hacia el capitalismo que uno frecuentemente encuentra en círculos religiosos. Muchos líderes religiosos pasan gran parte de sus vidas confrontando personalmente la adversidad de la pobreza.

La pobreza nos entristece y encoleriza, y nosotros queremos ponerle un fin. Este sentimiento es enteramente apropiado, sin mencionar que incumbe moralmente a los cristianos.

Sin embargo, se presenta un problema cuando este sentimiento se combina con la ignorancia económica descrita arriba. Cuando esto sucede, el justo grito contra la pobreza se convierte en un odio ilegítimo contra la riqueza en cuanto tal, como si esto último hubiese creado lo primero.

Mientras que esta reacción es entendible, es sin embargo, mal informada y puede conducir a reacciones exageradas. Las personas que reaccionan en esta forma no llegan a conocer que la superación de la pobreza será conseguida sólo produciendo riqueza y protegiendo una economía libre.


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