Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Buen Jefe, Mal Jefe
Eduardo García Gaspar
28 noviembre 2007
Sección: NEGOCIOS, Sección: Una Segunda Opinión
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La vida dentro de una empresa tiene sus puntos muy agradables, pero también algunos que son reales pesadillas. No todo es color de rosa en un trabajo ejecutivo, del nivel que sea. Algunas de las experiencias que recuerdo y que convertí en lecciones son las siguientes y que me encantaría compartir con usted.

Una de las peores cosas que puede pasar en una empresa es tener un jefe malo. Y desde luego, lo opuesto: tener un buen jefe es maravilloso. Consecuentemente, me he dicho a mí mismo, ser un buen jefe debe ser una meta prioritaria y para lo que no he visto cursos. No sé bien a bien lo que es un buen jefe, o no lo tengo tan claro como lo que es un mal jefe.

El mal jefe está de mal humor siempre, lo considera a uno un imbécil, sólo él puede hacer las cosas bien, no da instrucciones claras, roba ideas, es celoso de los tratos que su personal tiene con sus superiores, no establece retos, tiene demasiadas reuniones, no sabe escuchar, mata iniciativas que no son suyas, exige horarios improductivos, no ríe, no explica sino que da órdenes, siente celos del talento ajeno, no lee los reportes que le llegan, no delega…

El buen jefe es lo opuesto. Yo tuve varios jefes, variaciones de esos dos tipos. Y aprendí que tener un buen jefe es como multiplicar el sueldo por dos. Una vez, decidí renunciar por causa del jefe incluso a pesar de haber recibido unos días antes un aumento de sueldo que me dejó con la boca abierta. Y en otro trabajo permanecí mucho tiempo por el buen jefe que tenía y que sabía delegar trabajo con responsabilidad.

En mi experiencia hay varias cosas temibles en una empresa. Una de ellas es la inseguridad del jefe. Un tipo inseguro no sabe tomar decisiones y por eso no puede estar en un puesto que las requiere a diario y bajo incertidumbre. Otra cosa es clara: mezclar a las familias en asuntos de empresa es fuente de conflictos. Los cónyuges no pueden dar órdenes dentro de ellas y si las dan, las cosas se tornan insufribles.

Las reuniones no son tan necesarias. Ver cara a cara a las personas es un requisito en muchos casos, pero no en todos. El ejecutivo que para todo quiere una reunión no sabe administrar. Las reuniones tienen costos de tiempo de personal y son por lo general muy caras. No deben ser usadas para tomar posiciones de poder, sino para que los asistentes se informen de primera mano o hagan contribuciones. Una reunión de varias horas es generalmente una pérdida de tiempo.

Un jefe con largas jornadas de trabajo es un tormento. Tuve varios de ese tipo y muchas veces tenía que permanecer una o dos horas extras en mi oficina por si acaso me llamaba. No estar me hubiera costado una buena regañada. Uno de los mejores jefes que tuve salía 15 minutos antes de la salida oficial de la empresa y el tipo era más productivo que los otros.

No tengo nada en contra de los contadores, al contrario. Pero confundir su función con la razón de ser de la empresa es un error. Las empresas se justifican en el mercado, no en los libros financieros. Y cuando una empresa tiene ejecutivos que son expertos en contabilidad pero no pueden entender un reporte de mercado, las cosas no son buenas. Conocí un director general que quería mejorar a la empresa cambiando resultados financieros con movimientos de partidas.

La más grande preocupación de una empresa es atraer y mantener a gente talentosa y eso no sólo se puede hacer con dinero. Buenos sueldos compran en tiempo de las personas, pero su tiempo no basta. Se debe tener su talento y eso sólo se logra delegando autoridad y colocando retos al personal. Cuando el trabajo de una empresa es aburrido, el primero en salir es el talentoso y de ellos no hay muchos.

Un buen jefe es uno que es respetado por sus conocimientos y decisiones. Ese respeto inspira una dosis sana de temor. Pero el que es temido por sus arranques de ira y enojo, ése obtiene lo que pide: la alabanza incondicional, no el talento de su gente.

Pero sobre todo, el buen ejecutivo es uno que tiene un instinto muy superior al promedio para distinguir el rollo y la basura intelectual de las cosas que sí valen la pena.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar explicaciones.



1 comentario en “Buen Jefe, Mal Jefe”
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