Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Calderón: Dudas y Certezas
Eduardo García Gaspar
5 marzo 2007
Sección: GOBERNANTES, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


El pasado 4 de febrero, Jorge Castañeda publicó una columna en el Financial Times de Londres. Castañeda fue secretario de relaciones exteriores en México, de 2000 a 2003, durante el sexenio de Fox y actualmente es profesor en la Universidad de Nueva York.

El título de la columna hace referencia a la necesidad del gobierno mexicano para quitarse de encima a los monopolios.

Esa columna es un buen punto de arranque para evaluar al nuevo presidente durante los primeros meses de gobierno, cuando se supone que proyecta lo que serán los siguientes seis años. El ejercicio es útil a pesar de que no sea una pieza de adivinación.

Castañeda señala algo con lo que existe consenso: el combate al crimen va en serio, con medidas concretas que usan al ejército. Muchos lo han señalado y valorado positivamente. Yo también.

Otro punto del ex-secretario es el punto del actual presidente para separarse en la comunidad internacional de regímenes personalistas, ofreciendo estabilidad. Eso es bueno también y tiene bases de elecciones democráticas y estabilidad económica en las dos administraciones anteriores. En adición a clara libertad de expresión y mercados libres en muchos sectores. Pero el crecimiento es pobre: 2.5 por ciento con Fox y un poco más con Zedillo.

Ha habido indudables elementos de avance en cada una de las administraciones pasadas. Pero hay algo que aún no ha cambiado y concuerdo en esto con Castañeda: el sistema corporativista que fue creación de L. Cárdenas en los años 30 sigue vivo y eso es malo.

Allí están muy vivos obstáculos de crecimiento: paraestatales monopólicas, empresas privadas de poder desproporcionado. Usted sabe los nombres: Pemex, CFE, Cemex, Telmex, Televisa, TVAzteca. Pero también están los sindicatos y en general grupos de presión indebida.

Para un liberal como yo, esas son ideas valiosas que sí apuntan hacia la realidad del problema mexicano, el poder demasiado concentrado, sea político o económico. La solución es clara y consiste en hacer lo opuesto de lo que hizo Lázaro Cárdenas: abrir los mercados y fragmentar a los intereses especiales, es decir, abrir a la economía interna. Eso es conocido de sobra y muy relacionado con la modernización. Todos lo saben, o casi.

Pero hay una variable: ¿podrá Calderón hacerlo? Las indicaciones de valentía vienen dadas por la manera en la que ha emprendido la lucha contra la inseguridad. Allí puede actuar con bastante autonomía. Buena indicación.

Pero romper con el corporativismo es otra historia que requiere otras cualidades, especialmente de habilidades de negociación y manejo de alianzas. En estos meses, al menos, hay muy pocas indicaciones que indiquen la respuesta.

Lo que he leído y visto, por ejemplo en el manejo del alza del precio del maíz, no es buena señal, pues apunta hacia los mismos remedios ineficaces de antes. Piense usted en esto: para reducir el precio del maíz el gobierno permitió importaciones extraordinarias. Si eso es bueno, aún mejor sería abrir las fronteras totalmente… pero no. Es decir, tenemos una muy buena idea de lo que el presidente actual debe hacer, lo que no sabemos es si lo podrá hacer o no.

Y eso a su vez depende de, primero, si la modernización está en su agenda. En caso de que esté, entonces depende de sus habilidades personales en política. Y si las tiene, entonces depende de la habilidad de los demás agentes políticos para acordar esos cambios o reformas. Y esto, otra vez plantea la situación mexicana en su fondo: el estado de nuestra economía es intencional, crecemos poco porque se quiere crecer poco y la responsabilidad de esto, al final, es del corporativismo que padecemos.

No pienso que dentro de los partidos esto sea comprendido lo suficiente. El PRD está ideológicamente perdido desde su nacimiento, sosteniendo un socialismo atrasado y dogmático. En el PRI hay una ligera probabilidad de que esto se entienda, igual que en el PAN, pero en ambos sigue existiendo la idea de usar los remedios de siempre y mantenerse sin cambios. Por su parte, ni sindicatos ni empresas aceptarán los cambios porque así se debilitarán.

Calderón y su gente pueden detonar los cambios, pero lo único que sabemos es que no lo sabemos.


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