Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Capitalistas Anti-capitalistas
Textos de un Laico
31 mayo 2007
Sección: NEGOCIOS, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta parte de un texto del Rev. Robert A. Sirico. Agradecemos al Acton Institute el gentil permiso de reproducción. El tema tratado por el autor es la vocación empresarial y los empresarios que hablan de la responsabilidad social de la empresa.

Aún más desconcertante que el prejuicio anti-capitalista entre el clero, es el prejuicio que se halla entre los mismos capitalistas. En intentos desencaminados por alcanzar un alto nivel de “responsabilidad social” en sus compañías, algunos líderes de negocios han sucumbido a falsas concepciones del mercado.

Mientras están creando riqueza para la sociedad a través de exitosos negocios, simultáneamente apoyan causas antitéticas al crecimiento económico, la libre empresa, y la libertad humana. ¿Por qué la retórica de “responsabilidad social corporativa” parece tener tal prejuicio anticapitalista?

A mediados de los 90, poco a poco, apareció a la luz pública que gerentes generales ­en otras instancias exitosos­ estuvieron usando sus corporaciones para financiar causas políticamente intervencionistas bajo la rúbrica de responsabilidad social corporativa. Esto pudo ser visto particularmente en los casos de Patagonia, los helados Ben & Jerry, y la cadena de cosméticos The Body Shop.

Yvon Chouinard es el fundador de Patagonia, un sobresaliente productor de ropa deportiva funcional para la ocasión. Chouinard dijo a Los Angeles Times que él puede “sentarse a conversar como igual, con el presidente de cualquier compañía, en cualquier momento, en cualquier lugar, y convencerlo [a él o ella] de que el crecimiento es malo”.

Sus palabras, de hecho, correspondieron a sus acciones. En 1991, la compañía envió una carta a sus contratistas, anunciando que iba a reducir el crecimiento económico debido a razones económicas y morales.

“Hemos tomado una postura pública a favor de un consumo más racional, para beneficiar al ambiente”, decía su declaración. Pero, como relata el reportero Kenneth Bodenstein, de Los Angeles Times, la situación en 1991 fue muy diferente de las declaraciones públicas de Chouinard.

Resultó que Patagonia no había reducido el crecimiento doméstico con el fin de mantener un alto nivel de responsabilidad social. “La compañía de hecho despidió al 30 por ciento de su personal, no porque ésta se encontrara en problemas financieros, sino a que la riqueza personal de Yvon Chouinard estuvo amenazada”.

De manera interesante, en la apreciación de Bodenstein, la situación de Patagonia resultó de decisiones económicas mal informadas, por ejemplo que Chouinard se haya “rodeado él mismo de gerentes con muy poca experiencia”.

Patagonia es, de hecho, una compañía inusual. Chouinard dona el 1% de las ventas totales de la misma, a grupos ambientalistas; incluyendo a Tierra Primero, una organización que ganó notoriedad por sabotear maquinaria de explotación forestal e infringiendo los derechos de propiedad privada. Patagonia también apoyó a Paternidad Planeada sobre la base de que un incremento en la población amenaza el futuro bienestar del planeta.

Chouinard desea que su compañía sea un brillante ejemplo moral para el mundo corporativo. “Si podemos mostrar el propósito radical de esto y demostrar que para nosotros está funcionando, las compañías más conservadoras darán ese primer paso. Y un día ellas llegarán a ser buenos negocios también”, él comenta con cierto sarcasmo.

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Aunque los empresarios de helado, Ben Cohen y Jerry Greenfield, famosos como Ben & Jerry, son enormemente exitosos como tales, también promocionan dificilísimos controles ambientales y abogan por dar mayores derechos en la esfera pública a quienes reciben bienestar social.

Cohen y Greenfield han sido líderes en el movimiento de restringir la producción de hormona para el crecimiento bovino, una droga, que, cuando se inyecta a las vacas, puede incrementar el rendimiento de leche hasta un 15%.

Ellos se oponen a la droga basados en razones económicas ya que creen que ésta presenta una amenaza a los granjeros de productos lácteos de pequeña escala. Sin embargo, la hormona, la cual fue aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos en Agosto 4 de 1997, bajaría el precio de la leche, algo que sería particularmente beneficioso a las familias pobres, y también a los productores de helado.

The Body Shop, la cadena de cosméticos con inclinación naturalista, ha sido un declamador defensor de los derechos de los animales y otras causas del ala izquierda. La fundadora y gerente general de la compañía, Anita Roddick, es una auto-nominada predicadora del mundo corporativo, que reprende a los empresarios que no “están haciendo su parte”.

“No estoy hablando de personas que sólo están procurándose el sustento… Estoy hablando de personas que tienen grandes, grandes ganancias”, le dijo al Arizona Republic. “Ustedes saben, esos gerentes generales cuyos paquetes compensatorios son más grandes que el PBI de algunos países africanos”.

Hay una infinidad de compañías puestas en circulación por radicales al estilo de los 60, quienes tratan de reconciliar sus éxitos en los negocios con los valores de su juventud. Cada persona, incluyendo a la gente de negocios, tiene un derecho a defender una causa escogida, así como los clientes tienen el derecho de no apoyar sus causas al boicotear sus productos.

Pero el patrón de estos empresarios muestra una incoherencia interna y sugiere un intento de hacer penitencia por “pecados” capitalistas, que en realidad no son para nada pecados.

Estos capitalistas penitentes castigan a los negocios que no retribuyen suficiente a la sociedad. Un sentido de culpa desubicado ha obnubilado su entendimiento de cómo sus propios negocios hacen bien a la sociedad, independientemente de su activismo social.

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Patagonia produce bienes deportivos de alta calidad. Ben & Jerry sirven un helado superior. The Body Shop vende cosméticos completamente naturales a precios módicos. Cada una de estas compañías brinda satisfacción a millones y proveen buenos productos, así como trabajos y oportunidades de inversión. Su éxito en el mercado no necesita ­ y no debería ­ ser justificado por apoyar causas anti-mercado.

El cínico podría sugerir que tales posturas no son más que trucos de mercadeo. Altos ejecutivos con conciencia social, tales como Chouinard, Cohen, Greenfield, y Roddick han empaquetado el idealismo de los 60 y lo están vendiendo por ganancias.

Cuando usted compra una pinta de helado Rain Forest Crunch de Ben & Jerry, se puede sentir bien ayudando a preservar lo que se llamaba ‘la jungla’. Los slogans políticos izquierdistas que adornan la franquicia The Body Shop son parte de una imagen de cosméticos para gente joven y “socialmente consciente”. Compañías como Patagonia, The Body Shop y Ben & Jerry venden un sentido confuso de superioridad moral.

Estos empresarios, al usar slogans publicitarios políticamente correctos, pueden creer que a pesar de su éxito material, devuelven algo al mundo. No obstante, sus campañas de “responsabilidad social” a menudo se convierten en una receta irresponsable para la ruina económica.

Estas compañías, y otras como ellas, ciertamente se enriquecen de su asociación con causas de la izquierda política. Mientras tanto, los contribuyentes sufren la defensa de estrictos controles ambientales, restricciones sobre hormonas del crecimiento aprobadas por la FDA, y actitudes permisivas con relación a la conducta sexual.

Y, los que inician la actividad empresarial están inhibidos por nuevas regulaciones ambientales y programas de bienestar. Podemos elogiar a los negocios cuando apoyan a instituciones de caridad, que sacan al pobre de su condición, o compran tierras para que sean preservadas, o exploran curas para las enfermedades. Las causas legítimas, no restringen al mercado ni propician una mal concebida acción gubernamental para resolver problemas sociales.

Sin embargo, el capitalismo no necesita más izquierdistas culposos que se azoten públicamente a ellos mismos y a otros por hacer dinero.

Más bien, el capitalismo necesita más gente de negocios, la cual entienda que, su más grande contribución, consiste en hacer riquezas, expandiendo los trabajos, acelerando las inversiones, incrementando la prosperidad ­ y haciéndolo de tal manera que se promueva una cultura integral, estable y virtuosa.

La apropiada respuesta moral al éxito capitalista, es tanto una alabanza al Creador que nos ha provisto del mundo material como un don para todos, como también el apoyo al sistema económico que permite que la prosperidad florezca.

Más que hacer penitencias innecesarias, empresarios como Chouinard, Cohen, Greenfield, y Roddick deberían estudiar teoría económica fundamental ­ sin mencionar la teología moral clásica.


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