Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cognac, Propina y Amantes
Eduardo García Gaspar
10 mayo 2007
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Cuentan que cierta vez, por la noche, de un muy caro y exclusivo hotel salió un hombre muy bien vestido para subir a la limusina que le esperaba. El portero del hotel abrió la puerta del hotel para que el caballero pasara, llevó su equipaje hasta el lujoso vehículo, del que abrió la puerta para dar paso al hombre.

El hombre en todo ese proceso no dio propina alguna al portero, quien al despedirse del huésped, le dijo “Buenas noches, señor, esperamos volverle pronto a ver en el hotel y, por favor, recuerde que en caso de haber perdido su cartera esta noche, no fue aquí, ya que usted no la ha sacado de su bolsillo”.

Eso que hizo el portero es un buen ejemplo de educación, de buenas maneras. La historia es muy similar a una que me sucedió hace años. Por cuestiones de negocios terminamos varias personas cenando en uno de los restaurantes más caros de Chicago.

Al final de la comida, uno de los meseros trajo el carrito de las bebidas y nos explicó cada una de ellas. Entre las bebidas había un cognac de más de 100 dólares la copa. Le pedí que me dejara oler tan distinguida bebida. El mesero me contestó con una gran sonrisa, “Señor, eso le costaría 15 dólares nada más”.

Hay elegancia en esos dos casos, de personas que entienden su papel, que no faltan al respeto y que, sin embargo, expresan sus opiniones. Me alegra que eso suceda, y añoro esos tiempos en los que no se adoraba a la tolerancia irrestricta.

Porque sucede que la tolerancia llevada a sus extremos equivale a no poder hablar. El portero y el mesero se hubieran tenido que quedar sin hablar, no sea que alguien pudiera salir lastimado. Tolerar significa soportar una situación específica que no es aprobada por la persona. En tiempos pasados, eso se llamaba buenas maneras, como la del tipo que en un restaurante tuvo que soportar los eructos de los de la mesa de junto.

Mala educación de ellos, pero buena educación del que no toleraba, quien no quiso causar un incidente tonto con desconocidos. Eso es positivo y reconoce que que hay cosas que son superiores a otras. Pero cuando la tolerancia se lleva al extremo, esa distinción se pierde. Ya no son buenas maneras, sino indiferencia: todo da lo mismo, vale lo mismo, es lo mismo.

Eso es precisamente lo que preocupa de la exaltación sin medida de la tolerancia. Quienes eso hacen pierden la noción original que ella implica. Sólo puede tolerarse aquello que es digno de reprobación personal y eso indica la existencia de un juicio de valor más un juicio de conducta prudente.

Un caso: en un edificio de departamentos un famoso millonario había puesto casa a su amante, una situación que era tolerada por mi amigo, uno de los vecinos. Tolerada, pero no aprobada.

Con la libertad de expresión surgen muchos ejemplos de tolerancia. Para mí, muchos libros son basura y me encantaría que no fuesen éxitos comerciales. Pero los tolero, los soporto, aunque no los apruebo. Igual sucede con muchas revistas. Se toleran, pero no se aprueban. Lo mismo que con programas de televisión, películas y demás.

La idea que le quiero proponer es la de establecer una distinción entre dos tipos de tolerancia. Una es la que implica tolerar, pero no aprobar. La otra tolerancia es la que implica pensar que todo es lo mismo y que no tiene esa acción de desaprobar. El portero y el mesero desaprobaron acciones de otros y lo manifestaron. Es bueno que eso suceda.

Pero es malo que nada suceda, que las personas en aras de esa mala interpretación de la tolerancia nos contentemos con pensar que todo vale lo mismo. Cuando todo da igual, nada vale la pena. Cuando todo es igual, nada tiene valor. Y esto, me parece, es una enfermedad de nuestros días.

Lejos estoy de reprobar a la tolerancia que implica buenos modales y libertad de expresión. Pero no puedo aprobar a la tolerancia que me dice que nada vale la pena, que todas las ideas y situaciones tienen el mismo valor y que esa es la razón de ser tolerante.

La buena tolerancia, por tanto, es la que requiere de buenos modales porque implica desaprobación. La mala tolerancia es la que no requiere de esos buenos modales, sino únicamente de indiferencia, apatía y desgano. La tibieza y el desinterés no llevan a buenos resultados.


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No hay comentarios en “Cognac, Propina y Amantes”
  1. María Elena Rodríguez Dijo:

    Marco Aurelio diría “Corrige con benevolencia”; Gandhi diría “corrige resistiendo pacíficamente”; San José María diría “corrige fraternalmente”. Mi Mamá, que también es sabia, diría: “El que calla otorga”, pero “Si es peor el remedio que la enfermedad…. “, entonces “Guarda razones para ocasiones”. Creo que nunca me diría “Hazte de la vista gorda”.





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