Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Comedia de Errores
Eduardo García Gaspar
20 febrero 2007
Sección: EDUCACION, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


En Venezuela, hace unos días, su gobierno realizó algo singular: aprobó una ley que castiga  “el acaparamiento, la especulación, el boicot y cualquier otra conducta que atente contra la seguridad alimentaria” de sus ciudadanos.

Si se cometen esas faltas, entonces el gobierno declarará de utilidad pública a los negocios acusados. La medida es notable por tonta y eso se debe en buena parte a una cuestión de lenguaje.

Me refiero concretamente a una palabra, “especular”, a la que es posible tomar de dos modos. Su definición estándar es la de “Efectuar operaciones comerciales o financieras, con la esperanza de obtener beneficios basados en las variaciones de los precios o de los cambios”.

Es decir, todos somos especuladores porque todos hacemos eso: realizamos actividades hoy con la esperanza de estar mejor mañana. Apostamos a que lograremos esa mejora.

Nada malo hay en eso. Al contrario. Sin la especulación, el agricultor no puede actuar sembrando lo que decida. Y tampoco tendríamos innovaciones producidas por quien especula que lo que está haciendo hoy tendrá éxito mañana. Pero hay otra forma de entender ese término, una muy negativa, que sostiene que especular daña a las personas. Por entenderla así es que ese gobierno expropiará los bienes de quien especule.

¿Quién tiene razón? En la definición estándar no puede haber delito alguno y en realidad se trata de algo positivo. Es lo que mueve a la economía, lo que eleva los ingresos de las personas, como la especulación que hace un estudiante al cursar una carrera que cree que le dará un mejor futuro. O lo que hace a alguien abrir un negocio y crear empleos. O lo que permite que funcionen mejor los mercados financieros. Usted mismo, hoy, especulará tomando decisiones destinadas a mejorar su vida.

Al adoptar una definición negativa de la especulación, ese gobierno muestra el defecto de muchos otros, el de no saber de economía. Es decir, está regulando una actividad que desconoce, lo que le lleva a cometer sin remedio errores serios. Uno de ellos es el de creer que los movimientos de los precios son producidos intencionalmente por una persona que busca su beneficio, lo que no puede suceder en mercados libres, pero sí en mercados controlados. Esto lleva siglos de haber sido escrito en muchos libros.

Estamos, por tanto, frente a un caso singular como antes dije. Tenemos un gobierno que interpreta a una palabra a su manera, una manera equivocada, diferente a la real, y basado en eso emite una ley sobre una actividad que desconoce. Podemos anticipar el resultado de esa ley venezolana: mayor escasez de alimentos y mercados negros. Todo por no conocer la realidad.

Pero aún nos queda por entender la razón por la que un gobierno, y muchas personas más, juzgan que especular es negativo. Creo que eso se debe a, primero, no entender de economía, y segundo, a asociar la especulación con prácticas de control de mercados. Por ejemplo, las acciones de un monopolio que sí puede mover precios casi a su antojo. Pero eso no es especular, eso es aprovechar una situación de privilegio que sólo puede darse por medio de la ayuda del gobierno.

Por ejemplo, en México el mercado de las aerolíneas es muy competido y es por eso que es imposible especular en el sentido negativo que el gobierno presupone. Sin embargo, esas líneas de aviación, especulan que pueden tener ganancias cuando entran en funcionamiento. Pero sí sólo hubiera una o dos aerolíneas permitidas por el gobierno, entonces sí habría “especulación” en ese sentido equivocado, que en realidad se trata de evitar competencia.

Y así podemos llegar a una conclusión. Dentro de un mercado libre todos especulan y cuando eso sucede hay competencia y se benefician los consumidores con mejores productos a mejores precios. Pero cuando el gobierno entra a querer detener lo que él cree que es especulación, entonces retira la competencia y fomenta eso mismo que quiere evitar, la elevación de los precios.

La conclusión además indica que el gobierno venezolano está realizando exactamente lo opuesto de lo que debe hacerse. Si desea que los precios beneficien al consumidor, entonces debe permitir que todos especulen libremente. Todos, libremente, porque eso es precisamente lo que evita la especulación que el gobierno define como mala.

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POST SCRIPTUM

• Un buen ejemplo de lo que digo se dio en Alemania después de la segunda guerra, aplicando las ideas de Adenauer y Erhard. Aquí hay un buen resumen de lo sucedido en ese país.


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