Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
¿Cómo Repartir Los Regalos?
Eduardo García Gaspar
23 mayo 2007
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
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Sobre la ley de radio y televisión, que tanto revuelo ha causado en México, pueden hacerse algunos comentarios sencillos. Su punto principal es la asignación de frecuencias disponibles de televisión de VHF (40) y de UHF (70), más algunas de FM (543).

Esas frecuencias disponibles se han creado por adelantos tecnológicos que permiten enviar señales más eficientes y, por tanto, la autoridad se enfrenta a una nueva situación, una creada por la tecnología. Algo que de seguro sucederá más a menudo, lo que manda al primero de los principios: las autoridades, especialmente los legisladores, deben ser conocedores de esos terrenos y pensar hacia adelante.

No creo que lo hagan con facilidad. Los legisladores y los tribunales no suelen ser personas acostumbradas a ver el futuro, sino personas que tienden a aplicar soluciones tradicionales. No es eso malo en sí mismo, pero puede llegar a ser un freno a medidas de elevación de competitividad. En fin, creo que el meollo del asunto es otro, el qué hacer con esas frecuencias nuevas.

Esas frecuencias son como una especie de regalo casual, del que nadie es dueño y para las que el gobierno actúa como agente coordinador de las acciones a tomar. Es lógico pensar que cuando se tienen esos regalos sin dueños inicie una rebatinga y de eso se trata al final. Las opiniones sobre quienes deben recibir los regalos serán variadas, muy variadas.

La solución al problema es el corazón del asunto. Hay dos soluciones posibles. Una de ellas es vender las frecuencias al mejor postor. La otra es dejar en manos de la autoridad la decisión de a quién darle esas frecuencias. Ninguna es perfecta y la pelea se da entre quienes favorecen a una de ellas sobre la otra. Sin embargo es posible encontrar ideas para saber qué hacer.

Primero, la noción de dejar en manos del gobierno la decisión de a quién darle las frecuencias es una invitación a la corrupción, al nepotismo, al escándalo, a la falta de mérito, al corporativismo y a la limitación de la libertad de expresión. Es mucho mejor poner las frecuencias a subasta abierta y clara, lo que evitará esos problemas de concentración de poder.

Segundo, las frecuencias deben ser propiedades y no favores renovables. Ellas deben ser igual que la propiedad de una casa, cuya propiedad no tiene obligación de ser renovada cada determinado número de años.

El dueño de la frecuencia debe ser igual de propietario de ella que de las instalaciones que use y de los terrenos en los que se instale. La propiedad implicará el derecho de venderla, rentarla y usarla igual que cualquier otra. Si se tratara de permisos o concesiones, ello colocaría demasiado poder en la autoridad y limitaría las libertades, además de elevar las posibilidades de corrupción.

Pero existe un peligro del otro lado, la concentración de poder en las frecuencias: pocos proveedores de ese tipo de servicios. Es decir, la subasta de frecuencias deberá buscar diversificar el poder de los medios como también se trata de evitar en otros sectores. Se puede hacer, por ejemplo, evitando que quienes ya son dominantes puedan participar en la subasta y medidas similares.

Hasta aquí he mencionado cuatro principios: el saber de tecnología para poder legislar, la subasta es más transparente, la propiedad es mejor que el permiso y la concesión, y la fragmentación es mejor que la concentración.

No son cosas nuevas y cualquiera puede razonablemente demostrar sus ventajas. Lo que al final todo esto logra es dar un mejor servicio a la gente común, a usted y a mí, enfatizando la competencia, los precios bajos y el buen servicio. Y este es el otro principio que debe aplicarse.

El de entender que al final todo es una cuestión de beneficiar a los usuarios de las frecuencias, que no son sus propietarios, sino el resto de los ciudadanos. Esto es lo que me temo que no se entiende. La Suprema Corte y los legisladores han concentrado sus discusiones en quiénes deben recibir las frecuencias. Hablan de cómo asignarlas y de los criterios para hacerlo, olvidando a sus usuarios que somos el resto de los ciudadanos.

El olvido es común y desafortunado: la corte y los legisladores sólo piensan en cómo asignar esas frecuencias sin ver qué beneficios dará eso al resto de las personas del país. Sólo piensan en ellos y unos pocos grupos.

POST SCRIPTUM• El tema es de más fondo e implica una noción revolucionaria: los dueños de facto de los medios de producción no son sus propietarios legales sino los consumidores, quienes son propietarios del uso de esos bienes. Comprender esto no es sencillo para la mente ortodoxa de legisladores y jueces más acostumbrados a ver sólo la parte legal de las propiedades.


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