Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Comunicación como Solución
Eduardo García Gaspar
11 junio 2007
Sección: NEGOCIOS, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


De seguro usted lo habrá escuchado hasta el cansancio: ése consejo que todos dan, el de tener mejor comunicación con el resto. El de hablar con los hijos, con la esposa, con los amigos, aclarando las cosas, mejorando la comunicación. Es el clásico consejo del psicólogo, del consultor, del motivador, de todos.

No puede fallar el consejo, dicen. Y, la verdad, suena y se ve bien. Tiene lógica y muchas veces, razón. Hace muchos años vi un caso interesante. Una persona en una empresa grande había enviado un memorándum haciendo una solicitud al responsable de otro de los departamentos. Tiempo después, la persona se quejaba de que no habían puesto atención a su petición. Tuve oportunidad de leer ese memorándum.

Era la cosa más confusa e incomprensible que había yo leído en buen tiempo. No era sorprendente que hubiera sido ignorado. No tenía sentido. Es un problema de comunicación: la persona sabía escribir, pero no sabía comunicar. Casos como ése debe haber miles al día en las empresas. La estadística que todo el mundo cita y que nadie sabe de dónde salió dice que el 80 por ciento de los errores de las empresas son de comunicación. Quizá.

Pero de allí a que todo se resuelve con una comunicación clara hay un paso muy largo. Un buen amigo pasó por una mala época en su trabajo por ser bueno en las comunicaciones. Su jefe le había hablado de la necesidad de ser claro y directo, de decir las cosas como son. Y eso fue lo que mi amigo hizo precisamente cuando su jefe propuso un proyecto y al que mi amigo analizó argumentando que fracasaría por razones muy obvias.

Su jefe reaccionó muy negativamente. Tanto que mi amigo nunca recuperó la confianza que antes tenían entre sí. El jefe no soportó la comunicación clara. El proyecto se realizó y fracasó. Mi amigo había aprendido la lección: jamás volvió a habló de ese proyecto con su jefe. Dejo de comunicarse y fue en contra de eso que todos dicen, hay que comunicar. Sí, de acuerdo, pero ante todo hay otra virtud mayor, la prudencia. El medir las consecuencias de la comunicación.

Un ejemplo extremo ilustra lo que quiero decir. Suponga que usted es invitado a casa de su mejor amigo. Los matrimonios están reunidos y se sirven unos tragos, luego la cena y al desperdirse, el amigo le comenta que espera que espera que hayan pasado un buen momento. Pero usted, que ha oído a un consultor que dice que hay que comunicarse claramente y que así todo mejorará, decide seguir ese consejo.

Y le dice a su amigo la verdad: “Mira, las cervezas no estaban frías, el whisky era corriente, la cena era mala y la conversación fue aburrida”. Es lo que usted piensa en su interior, pero desde luego hay algo que nos dice que no debemos decir esas cosas, aunque sean ciertas. Usted se comunicó correctamente, pero no fue prudente.

Y es que, desde luego, hay cosas que deben permanecer sin comunicarse. La solución universal de que debemos comunicarnos, aplicable a todos los casos, no es siempre lo mejor. Creo haber leído que en uno de los diálogos de Platón, Sócrates espera a que una de las personas abandone el lugar para realmente empezar una discusión seria. Que es lo que dice otro amigo: hay personas con las que no vale tener una comunicación que vaya más allá del estado del clima.

Y es que esos consejos estándares que son colocados como respuestas universales aplicables a toda ocasión resultan ser demasiadas veces contraproducentes. Recuerdo una conferencia hace mucho de un auto llamado motivador y que levantó los ánimos de la audiencia para hacer creer a las personas que podían hacer lo que se propusieran.

Muy bien, pero cuando hablé con algunos de los asistentes, tiempo después, habían recaído en la pasividad al darse cuenta de que se requería aprendizaje para lograr sus metas, no sólo ganas.

Y supongo que ya dejé claro mi punto. Las soluciones de una mejor comunicación no son malas, pero tampoco son la respuesta a todos nuestros problemas. Sí, hay que saber cómo trasladar información desde la mente de uno a la mente del resto y hacerlo de manera que exista la menor distorsión.

Pero, si yo estuviera a cargo de hacer seminarios de negocios y similares, trataría otro tema que es más importante. Organizaría conferencias y seminarios acerca de la prudencia, esa virtud que es la madre del resto.


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