Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Consumismo: ¿Dañino?
Textos de un Laico
17 diciembre 2007
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Asuntos
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ContraPeso.info presenta a sus lectores una idea de Andrew V. Abela. Agradecemos al Acton Institute el amable permiso de traducción y publicación. El autor es profesor asistente de marketing en la Catholic University of America de Washington. Este texto es una adaptación de “The Price of Freedom: Consumerism and Liberty in Secular Research and Catholic Teaching’. publicada en el Journal of Markets & Morality, Volume 10, Number 1, del Acton Institute.

Abela usa en inglés la palabra consumerism para señalar un deseo exagerado de compra y consumo de bienes, lo que ha sido traducido como consumismo.

Entre los académicos seculares, existe alguna discusión sobre si el consumismo —deseo exagerado por el consumo material— es un problema real. En su libro “Lead Us into Temptation: The Triumph of American Materialism” (Llévanos a la Tentación: el Triunfo del Materialismo Estadounidense), James Twitchell sostiene que el consumismo es un fenómeno beneficioso porque da a las personas un sentido que reemplaza al sentido antes dado por la religión.

Sin embargo, la experiencia empírica indica que las actitudes consumistas están asociadas con un menor bienestar del consumidor. Las personas que son más consumistas tienden a estar menos satisfechas con sus vidas, a una mayor tendencia a gasto compulsivo, a más incidencia de depresión y también a estándares morales menores.

En un libro reciente, Tim Kasser resumió las investigaciones en este campo, ocncluyendo que hay “hallazgos claros y consistentes” de que personas con valores consumistas tienen “menor bienestar personal y salud mental que las que piensan que los logros materiales son relativamente poco importantes”.

Relevantes en sí mismos, estos hallazgos son también importantes porque el bienestar subjetivo o felicidad, tal y como fue medido en esos estudios, está asociado con otras variables importantes. Las investigaciones han mostrado que las personas felices están menos centradas en sí mismas, son menos hostiles y abusivas, son menos vulnerables a las enfermedades; y son más amorosas, clementes, confiadas, energéticas, decisivas, creativas, sociables y serviciales.

Entre los eruditos católicos parece haber un consenso general —congruente con las investigaciones empíricas anteriores— que el consumismo es algo negativo: es una “amenaza a la libertad de la persona de vivir de acuerdo a las más altas demandas del amor en lugar de las más bajas exigencias de los deseos materiales”. El consumismo debilita a la virtud humana y sin ella, los seres humanos se vuelven esclavos de sus emociones, perdiendo el autocontrol que es necesario para vivir en una sociedad libre.

Las enseñanzas católicas acerca del consumismo tienen raíces profundas. Advertencias generales sobre los peligros de la obsesión con los bienes materiales pueden encontrarse a partir de las Sagradas Escrituras (por ejemplo, Timoteo 6, 9-19). Santo Tomás de Aquino escribió que los aparentemente infinitos deseos de riqueza son desordenados y muy diferentes a nuestro infinito deseo de Dios. Cuanto más poseamos a Dios, más lo conocemos y amamos; mientras que cuantas mayores riquezas poseemos, más despreciamos lo que tenemos y buscamos otras cosas porque al poseerlas nos damos cuenta de su insuficiencia.

El papa Pío XI en su encíclica Quadragesimo Anno, escrita en el aniversario 40 de la Rerum Novarum, preguntó retóricamente, “¿De qué sirve enseñarles principios sólidos de la vida económica si en una codicia sin límites y sórdida se dejan llevar por su pasión por la propiedad, de forma que al escuchar los mandamientos del Señor hacen ellos lo opuesto?” (Jueces, 2, 17).

La enseñanza católica específica sobre el consumismo está desarrollada en las encíclicas del papa Juan Pablo II, especialmente en Sollicitudo Rei Socialis y en Centesimus Annus. En ellas, previene de “la traición escondida en un desarrollo que es sólo cuantitativo, porque la ‘disponibilidad excesiva de cada tipo de bienes materiales para el beneficio de ciertos grupos sociales, fácilmente hace a las personas esclavas de la ‘posesión’ y de la gratificación inmediata’”.

Las víctimas del consumismo están atrapadas en la consecución de satisfacciones falsas o superficiales en lugar de vivir su propia persona de manera auténtica. Como resultado, ellas experimentan una insatisfacción radical, donde cuanto más poseen más quieren, mientras sus más profundas aspiraciones quedan sin satisfacer y quizá incluso sofocadas.

No es el deseo de prosperidad material lo que está equivocado sino el deseo de tener más para pasar la vida en un disfrute como un fin en sí mismo. Como el papa León XIII enseñó en Rerum Novarum, la prosperidad material puede ser el resultado de la moral Cristiana adecuada y completamente practicada, “lo que merece las bendiciones de Dios quien es la fuente de todos las bendiciones”.

Nota del Editor

Andrew Abela expresa una idea de enorme mérito en este texto y que no coloca en posiciones opuestas a la riqueza y a la religión: la riqueza material en sí misma no es mala, lo que sí es malo es el deseo desordenado de esa riqueza. Más aún, la moral Cristiana produce buenos resultados materiales que no deben ser vistos como un fin en sí mismos.

En las épocas navideñas es casi inevitable escuchar lamentos sobre el consumismo de compras excesivas, una crítica que, bien intencionada, se dirige a una dirección errónea, la de sugerir con demasiada simplicidad que se deje de comprar. El problema no es comprar, sino que las cosas que compramos se adueñen de nosotros.


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información  para lectores que buscan explicaciones.



2 Comentarios en “Consumismo: ¿Dañino?”
  1. Educación del consumidor | Gerencia Alternativa
  2. Educación para el consumo | Gerencia Venezolana




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