Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Creando Una Oportunidad
Eduardo García Gaspar
26 febrero 2007
Sección: POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Las elecciones para gobernantes de un país son mal entendidas por la mayoría. Creen que se trata de seleccionar al mejor de los candidatos, definiendo al mejor como a aquél que más promesas hace. Están equivocados por dos razones.

Primero, no hay garantía de que las promesas se cumplan. Segundo, la democracia es mucho más que votar.

Y esto nos lleva a pensar en las elecciones pasadas. Fueron peleadas y rudas, de eso no cabe la menor duda. Me parece que muchos de los electores se comportaron como fanáticos del fútbol, usando más las emociones que el cerebro.

Y a juzgar por el tono de muchos de los correos que recibí, el tema se había tornado uno tan emocional que era imposible discutir con los fanáticos de los tres candidatos grandes. La victoria de uno de ellos fue apretada y en mi opinión, legítima.

Tratando de mantener la calma, otros electores vieron a las pasadas elecciones más como un duelo de ideas que como uno de personas. Eso es bueno, muy bueno. La democracia es bastante más que tener elecciones, es tener poderes divididos y gracias a ello es gozar de libertades. Estas personas veían el futuro y trataban de hacer el ejercicio que realmente es de utilidad: imaginar al país bajo el mando de cada uno de los tres candidatos grandes.

Con ellas no hay fanatismos de fútbol, sino una decisión consciente, la de votar por el candidato que más oportunidades futuras pueda dar para el avance de este país, para su crecimiento. El candidato del PRI tuvo poco que dar a la imaginación para ver ese futuro.

Tampoco el del PAN dio elementos que permitieran imaginar el futuro bajo su presidencia, pero sin duda dio más que el del PRI. El del PRD, sin embargo, fue un candidato que dio muchos elementos más para imaginar el futuro bajo su presidencia.

El problema es que todos eso elementos eran negativos: presidencialismo extremo, mesianismo, centralismo, concentración de poderes, gasto elevado, corporativismo, promesas imposibles de cumplir.

Más una personalidad rabiosa, incendiaria, soberbia. Era un perfil en verdad atroz, sumado a una plataforma electoral primitiva hasta el extremo. De entre los tres candidatos era más o menos sencillo declarar a éste como la peor opción.

Los otros dos, repito, no daban tantos elementos como se hubiera deseado para imaginar un futuro bajo su presidencia. Podía adivinarse algo, como la obsesión del candidato del PRI en medio de luchas internas.

Por su parte, el candidato del PAN aparecía como el más calmado, aunque sucumbía a los arrebatos populistas de promesas y más promesas. Tuve que entrar más a fondo a estudiar las propuestas de cada uno de ellos y seguir el viejo principio de votar, sí, pero por el menos malo.

Y voté al final por el candidato del PAN. No estaba convencido de él. Ningún político me ha convencido jamás. Pero éste era el menos malo por una razón. Era ése bajo cuya presidencia podía crearse una oportunidad mayor que bajo la presidencia de los otros dos.

Me refiero a una oportunidad de consolidar la democracia mexicana y volvernos un país de libertades. Eso hubiera sido imposible con el del PRD, el que habría terminado su mandato en medio de una crisis económico-narcisista de consideración, al estilo de JLP. Y al del PRI no le vi rasgo democrático alguno.

De las oportunidades de consolidación democrática que hubieran creado cada uno de los tres, pensé que con Calderón se tendría la mayor. Y no fue porque esa oportunidad fuera grande, sino porque era la mayor en relación a la de los otros dos.

¿Dará Calderón esa oportunidad? No lo sé y nadie lo sabe. Hasta ahora su énfasis en atacar al crimen es estupenda, pero su forma de atacar el precio del maíz es bastante mala.

Las más grandes prueban vendrán en las habilidades políticas de Calderón y de los partidos grandes. Habilidades de negociación por encima de sus ansias de poder.

Es decir, la clave del progreso de México radica en la sapiencia política de Calderón, pero también en la de las grandes fuerzas políticas. Si siguen con la mira corta peleando por el poder como antaño, nos quedaremos donde estamos.

Pero si comienza a avanzarse en la modernización del país, estaremos caminando en la dirección adecuada. Esta es la oportunidad que pienso que es mayor con el presidente actual comparada con las que hubieran creado cualquiera de los otros dos.


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