Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cuando la Religión Asusta
Eduardo García Gaspar
15 octubre 2007
Sección: RELIGION, Sección: Una Segunda Opinión
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Es desafortunado que muchas de las apasionantes discusiones políticas no puedan realizarse en México. Ellas provocan una exaltación de tal magnitud que se convierten en guerras verbales. Uno de esos temas políticos es el de la relación entre las iglesias y los gobiernos, donde hay gran sutileza de posturas, pero donde la crudeza nacional nos impide conocer más.

Una columna de E. C. Brooks en el WSJ trata el tema hablando de la política en EEUU. Obama, Giuliani, Edwards, Clinton, candidatos presidenciales, todos ellos han hablado de religión, su religión. Y allá nadie se espanta. Aquí estaríamos asustados en extremo y eso sería el tema central de los medios. El tema religioso nos deja atolondrados, muy especialmente en política.

Si alguno de nuestros gobernantes hablara de religión o dejara ver actos religiosos, eso sería causa de escándalo. Brooks apunta que esa misma perplejidad sucedería en Europa, donde las ideas del bien y del mal, de contenido bíblico, han dejado de tener sentido. Quizá aquí también, a juzgar por la terrible corrupción gubernamental… no se comprende que robar es malo.

La información que cita Brooks impresiona: los estadounidenses asisten a servicios religiosos cuatro veces más que los franceses y ocho veces más que los noruegos. La religión significa más en unas partes que en otras. Es natural que influya más  en algunos lugares que en otros. Si proyecto esto, quizá pueda concluirse que la religión en México es algo de escasa importancia para muchos.

El asunto es de extrema utilidad al plantear la situación actual de la libertad individual muy aclamada al mismo tiempo que se desprecia a la religión, muy especialmente la Cristiana (el retso suele verse como riqueza cultural). Digo que es importante por una razón central: la religión tiene un efecto muy claro en nuestra conducta, nos dice que mientras todo lo podemos hacer no todo lo debemos hacer (una afirmación de Tocqueville)… y es la fuente más fuerte de moral.

Es decir, la pregunta que se plantea es relevante. ¿Qué sucede cuando se aclama a la libertad personal al mismo tiempo que se abandonan los frenos a los excesos de esa libertad? Me parece obvia la respuesta. Se tendrán más excesos de libertad, libertinajes si usted quiere darles ese calificativo. Sin la mayor fuente del uso prudente de la libertad es natural que ella llegue a extremos. Las únicas fuentes de moral que existirían en ese caso, serían las de lo políticamente correcto y las modas intelectuales del momento, o lo que la opinión pública diga.

Mi punto es poner sobre la mesa una idea sencilla: sin considerar los asuntos teológicos de la religión ni los de la vida futura, el abandono de esta fuente de reglas de comportamiento tiene un costo terrenal. Las personas ya no tienen frente a sí esa serie de reglas que las frenaban en cierta proporción a evitar abusos de libertad. La rienda ha sido soltada y eso tiene consecuencias.

Se alegará con buena razón que la religión ha sido abusada, que ha servido de pretexto para cometer injusticias y actos reprobables. Es cierto. Pero pensar que quitando todo vestigio de religión esos problemas serán resueltos es un absurdo, como el evitar divorcios prohibiendo el matrimonio. Esos abusos religiosos han sido juzgados como tales en mucho gracias a los mismos preceptos religiosos.

Nuestros tiempos tienen muchas cosas que son positivas. Hemos progresado. La pobreza ha sido reducida. Gozamos de más libertades. Tenemos más tecnología. Son cosas buenas que nos deben alegrar. Pero al mismo tiempo estamos olvidando cuestiones vitales, de fondo, cuyas consecuencias no son inmediatas.

Existe en muchas partes un olvido de la religión y su papel como fuente de moral. Es un error grave. La libertad sin guías de conducta no puede ser soportada y termina en esclavitud, sea la dictadura de un gobierno o la de algún vicio.

Para ser mantenida y disfrutada, la libertad debe ser controlada por decisiones propias voluntarias, sostenidas en una clara idea de eso que puedo hacer y eso que no debo hacer. Las religiones juegan un gran papel para mostrarnos esto. Ponerlas de lado tiene consecuencias.

Post Scriptum

Un punto fascinante del artículo de Brooks es el siguiente: si se tomaran 100 adultos de entre quienes sí asisten a servicios religiosos, ellos tendrían 223 hijos. Pero si se tomaran 100 adultos de entre quienes asisten a servicios religiosos nunca o muy poco, ellos tendrían 158 hijos. La diferencia: 41% más hijos de los más religiosos. Y ya que los hijos suelen seguir las inclinaciones de los padres, a la larga habrá más personas religiosas ¡ceteris paribus!


ContraPeso.info fue lanzado en enero de 2005 y es un proveedor de ideas e información para el interesado en buscar explicaciones.





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