Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Cuestión de Estrategia
Eduardo García Gaspar
21 mayo 2007
Sección: LIBERTAD ECONOMICA, Sección: Una Segunda Opinión
Catalogado en:


Quizá fue una casualidad, si es que ellas existen. Un poco cansado de leer, decidí salir y verme con unos amigos en un bar. Llegué más temprano de lo acordado y para mi sorpresa vi al Sentido Común, sentado y disfrutando de una cerveza. Me acerqué a saludarlo. Me invitó a acompañarlo mientras llegaban mis amigos. Comenzamos una conversación.

Le hablé de la lucha contra el narcotráfico que se está realizando en México y en la que está involucrado el ejército. De la deportación de narcotraficantes a los EEUU. De la respuesta de esas bandas. Mientras lo hacía, me sonreía con benevolencia. Terminé de hablar y esperé sus comentarios. Iba él vestido como siempre, de traje gris, zapatos negros y una camisa muy blanca.

— Usted es representativo de muchos otros —me dijo—. Y mucho me temo que esté equivocado de cabo a rabo. Le voy a explicar con claridad. Hasta usted que tiene una mente obtusa me va a poder entender. No se trata de una cuestión de acciones en contra del narcotráfico. La cuestión es más elevada que eso.

Le dije que no me dijera que soy obtuso, pero ni siquiera me hizo caso. Volteó a llamar al mesero, le pidió una cerveza para mí y continuó hablando.

— Le digo que no es una cuestión de una serie de acciones en contra de esos criminales. Esas acciones son de dos tipos. Una, usted puede capturar a muchos de ellos e incluso sentenciarlos a ser metidos en ollas de aceite hirviendo. No logrará nada, porque eso significa que quedarán vacantes de empleo para las que hay muchos candidatos más. Todo lo que logrará será tener una rotación de personas en los mismos puestos.

Le interrumpí para preguntarle cuál era la otra de las acciones a las que él se refería y que las autoridades realizaban en contra del narcotráfico. Se quedó callado un momento y prosiguió.

— La otra de las acciones es capturar embarques de drogas, lo que causará desabastos momentáneos y subidas en sus precios, pero nada más. Las drogas se seguirán produciendo por las mismas personas o por otras. Todo lo que sucederá es elevar los precios y hacer llegar más dinero a los de las bandas. Con una serie de problemas extras: corrupción de la policía, drogas más potentes y más gasto de gobierno. Todo para nada.

Le dije que eso mismo más o menos había escrito yo en alguna columna hace tiempo y que concordaba con él en esos conceptos: ni las capturas de cargamentos, ni las de los grandes señores de las bandas habían producido un efecto sensible. El problema lleva años.

— Pues será de las pocas cosas inteligentes que haya usted escrito —me dijo—. Se trata de una guerra y la gran definición de ella es central. Las autoridades están realizando acciones efectivas, al menos últimamente en su país, pero la estrategia es la equivocada. Y por eso van a fracasar. Igual que antes creyeron que podían terminar con el consumo de alcohol, hoy creen que pueden intentarlo con las drogas.

Muy bien, le dije. La estrategia entonces es autorizar el consumo de drogas, pero muchas personas se van a negar. La opinión pública estaría en contra y eso será de peso, le insistí.

— Desde luego, pero la opinión pública no puede diseñar estrategias efectivas. Todo consiste es seleccionar entre el menor de dos males: enfrentar en la calle a bandas armadas o encontrar a personas drogadas. La respuesta es obvia, pero los que se van a oponer son los que trabajan en las instituciones que combaten al narcotráfico. Se quedarán sin trabajo. El resto de las personas ganará una sociedad más segura.

Bebí un trago de cerveza. Pensé que yo era de la misma opinión y que nada nuevo me había dicho el Sentido Común. Y eso precisamente le dije, que nada nuevo nuevo me había dicho.

— No espere de mí cosas nuevas siempre. En mucho soy un tradicionalista. como en esto también. La tradición me dice que debo ser lógico y que no conviene emprender acciones sin una razón detrás. Lo que le digo es que la gran estrategia detrás del combate al narcotráfico está absolutamente equivocada. Esas acciones tendrán resultados temporales cuando mucho y con un costo estrepitoso.

Volteé y vi que mis amigos habían ya llegado. Regresé la mirada al Sentido Común pero éste ya había desaparecido, dejándome como siempre con la cuenta pero también con material para una columna.


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