Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Del Guerrillero al Terrorista
Eduardo García Gaspar
19 julio 2007
Sección: CRIMEN, Sección: Una Segunda Opinión
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Fue reportado el día 16 que en México,

El Ejército Popular Revolucionario, según una investigación de la Secretaría de Seguridad Pública federal, tiene presencia ‘comprobada’ en siete estados, y estas entidades (una quinta parte del total) concentran 27.4% de las averiguaciones previas por tráfico de armas”.

“… las entidades donde se ha detectado al grupo ‘subversivo’ son Chiapas, Oaxaca, Guerrero, Puebla, Distrito Federal, Estado de México y, en menor medida, Querétaro, sitios donde se aglutinan las violaciones a la Ley de Armas de Fuego y uso de Explosivos de todo el país”. (Grupo Imagen)

El EPR reclamó la autoría de explosiones a ductos del monopolio estatal de petróleo, que causaron fuertes daños e interrupciones de suministros de gas en el centro del país. Antes se reportó que.

“… una serie de explosiones, cuya autoría se adjudicó el Ejército Popular Revolucionario, dañaron ductos de Pemex e interrumpieron el abasto de gas natural con lo que se afectó a cientos de empresas del Bajío. En Querétaro, los 800 empleados de Kellogg’s no han podido reanudar sus operaciones… La planta de Porcelanite… lleva cuatro días sin actividades… Vitro, suspendió operaciones ‘hasta nuevo aviso’”.

En Aguascalientes, más de 100 mil obreros estuvieron parados en 55 empresas afectadas; las pérdidas en la planta de Nissan Mexicana fueron estimadas en un millón 200 mil dólares… En Guanajuato, entre las industrias más afectadas están las del calzado, textiles, cerámica y petroquímica secundaria”. (El Universal)

Si la autoría es real, México tiene ya sin duda terroristas. Llámeles usted como quiera, subversivos o cualquier otra cosa, que son terroristas. Y no son un fenómeno nuevo. Sus antecedentes son los del anarquismo, la creencia en la posibilidad de una sociedad sin autoridad ni gobierno. La rama violenta de esa creencia justificó atentados contra gobernantes y puso sobre la mesa el uso de una estrategia política.

Esa estrategia es la del uso de la violencia para el logro de objetivos políticos, con los ejemplos de Hitler y Mussolini como los favoritos. Se trata de imponerse sobre la autoridad usando amenazas de realización de más actos violentos.

Todo para alcanzar una meta, que en el caso del EPR parece ser la liberación de miembros arrestados. A la misma categoría pertenecen el Ku Klux Klan, Sendero Luminoso, ETA, ERI, Tupamaros, Baader-Meinhof, Brigadas Rojas, Al-Quada.

Cada uno con sus metas, sus justificaciones, pero siempre con esa táctica en común: la violencia es justificable e incluso deseable. Muchos grupos marxistas apoyaron esto con acciones, como los que en México fueron llamados guerrilleros, que es donde me quiero concentrar. La guerrilla en México no es nueva, se está acostumbrado a su existencia, o mejor dicho a una co-existencia variable con ella.

En general, la percepción es la de una guerrilla que vive y deja vivir, localizada en ciertos territorios que considera su dominio. El EZLN, por ejemplo, se colocó más como un movimiento sustentado en marketing y relaciones públicas que en violencia. Lo sucedido recientemente es una transformación notable: la guerrilla se ha convertido en terrorismo y eso ya no es un juego como el anterior.

No es lo mismo un cohetón en un cajero automático que una bomba en un ducto de gas. No es lo mismo una página de internet que esa serie de bombas. Esa extraña co-existencia quedó atrás y México tiene un problema viejo para otros, nuevo para nosotros. En otras palabras, no tenemos experiencia en el manejo de esta nueva situación y cómo manejarla con éxito.

Dentro de un sistema político cerrado como el anterior, los gobiernos tenían margen de acción muy amplio con posibilidad de ignorar la ley. La naciente democracia mexicana no tiene ese margen de acción y su única posibilidad es la aplicación de la ley de manera abierta.

Y, temo, el mexicano en general tenderá a ver este como un problema más, del que el gobierno debe encargarse, sin medir la dimensión real de la situación, que es mayor a la que piensa.

El guerrillero con el que se convivía en la mente del ciudadano es ahora un personaje distinto, es un terrorista y eso cambió las reglas del juego.

POST SCRIPTUM

• Creo posible dividir en dos las grandes estrategias para tratar con el terrorismo. La estrategia “Zapatero”, que pide establecer diálogos y tiende a recular ante peticiones de los terroristas. Y la estrategia “Aznar”, que está mucho más dispuesta al uso de mano fuerte.

• Por parte de los terroristas, el uso de la violencia puede dividirse en dos tipos de estrategias. La de atentados en contra de instalaciones públicas o célebres, como esos ductos de gas, y empresas grandes. Y la estrategia de asesinato de civiles, como la de Al-Quada.

• Las motivaciones de los terroristas pueden variar desde las más específicas peticiones hasta su total desconocimiento, pudiendo ser extremas, como la implantación de un nuevo gobierno o la desaparición de una nación.

• Mi columna supone que efectivamente el EPR o alguien similar realizó los bombazos. La autoría, se ha dicho, no está totalmente fuera de duda. Esto abre la posibilidad de especulaciones sobre los hechos, una idea que Federico Reyes Heroles señaló en un editorial del día 17 (Grupo Reforma) expresando que algo no cuadra en estos sucesos:

… ¿Creen que atacar instalaciones de una entidad pública les trae simpatías? ¿Acaso detener la marcha de cientos de empresas, con las consecuentes pérdidas de utilidades para miles de trabajadores, es un acto justiciero? ¿Creen que con ello benefician a las comunidades más pobres del país? ¿No se dan cuenta del brutal daño que le causan a la imagen de la izquierda al identificarse en ese polo? O quizá se trata de terrorismo puro. Algo no cuadra.

El EPR siempre ha considerado que las elecciones son ejercicio inútil de la democracia burguesa… ¿Desde cuándo la gran empresa petrolera mexicana representa los intereses de la oligarquía?… Desde cuándo es Querétaro un territorio atractivo para las acciones del EPR, justo allí donde el crecimiento de la industria y servicios ha traído aparejado una explosión de clases medias. Insisto, algo no cuadra.

• En una columna del 19 de julio, Grupo Reforma, Lorenzo Meyer da indicaciones claras de una aprobación de los actos terrroristas, comentando que:

La elección del 2006 era la oportunidad casi perfecta para que el supuesto nuevo régimen democrático mostrase y demostrase a todos, los radicales incluidos, que la vía pacífica del cambio político era ya una realidad. Sin embargo, con una ligereza que asombra, el Gobierno y sus apoyos decidieron desaprovechar la ocasión. Y uno de los resultados de tal decisión es justo el retorno de la política de las armas.

• El 11 de septiembre, El Universal reportó otro ataque terrorista:

Una serie de explosiones dañó gasoductos en el estado de Veracruz ocasionando desabasto en gas natural y la paralización parcial o total de más de mil empresas en 12 entidades del país; además de la evacuación de 21 mil personas de diversas localidades. Casi a la misma hora hubo una explosión en el gasoducto Ignacio Allende, en Tlaxcala, y fuga de gas. Hasta el cierre de esta edición se realizaban investigaciones para saber si tenía relación con los estallidos en Veracruz. Los hechos ocurrieron a dos meses de ataques similares perpetrados en Querétaro y Guanajuato, que el Ejército Popular Revolucionario (EPR) se adjudicó en esa ocasión mediante un comunicado.


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