Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Desnudo el Asunto
Eduardo García Gaspar
14 mayo 2007
Sección: Sección: Una Segunda Opinión, SOCIALISMO
Catalogado en:


Todos queremos vivir mejor. Todos queremos remediar la pobreza. Todos queremos crecer y tener mejor calidad de vida. Allí no está el problema y sobre eso existen pocas discusiones. Las dificultades surgen cuando hablamos de cómo realizar las cosas y en esto hay dos enfoques muy distintos, a los que llamaré el centralista y el libre.

Mi opinión es doble. Por un lado, ninguno de esos dos enfoques nos dará la perfección. Sea cual sea el enfoque que sigamos, la realidad no será la ideal. Por el otro, un enfoque es superior al otro, por mucho. Los centralistas desean mejorar al mundo por medio de la intervención gubernamental y los liberales pretenden lo mismo por medio de la libertad de acción de las personas.

Son enfoques opuestos. Los liberales quieren limitar la intervención del gobierno y los centralistas quieren elevarla. Las evidencias con las que se cuenta señalan intensamente que el enfoque diversificado da mejores resultados. Se vive mejor y se crece más limitando las acciones del gobierno que aumentándolas. Más de uno ha definido el problema como el de evitar ser dominados por incapaces burócratas.

La hipótesis que los centralistas apoyan, aunque no lo quieran reconocer, es que los gobernantes son más listos, más inteligentes, más conocedores, que el resto de los ciudadanos. Es una hipótesis falsa. Vea usted a su alrededor y compruébelo: la inmensa mayoría de las personas se queja de la incapacidad de los políticos. ¿Por qué darles más atribuciones a los ineptos?

Y, sin embargo, los centralistas insisten en su punto: el gobierno es la solución de los problemas de la sociedad, es decir, lo que ellos piden es concentrar más poder en manos inhábiles. No tiene sentido, pero puede explicarse, por la influencia de ideas que ven a la política como un campo en el que la clave central es seleccionar a los mejores para que gobiernen. El problema es que esos “mejores” no llegan a gobernar, ni quieren, ni son elegidos.

Los que llegan a gobernar son los que quieren llegar a esa posición. No son los mejores. Y a juzgar por las experiencias, los gobernantes son cuando mucho iguales a los gobernados, seguramente peores.

Vaya, basta ver la lista de presidentes de México para ver que quienes llegan al poder no son los mejores. Son los chicos que nos provocaron crisis, que privatizaron mal, que no quieren modernizar al país, que no saben negociar, que se pelean entre sí, que son corruptos, que crean monopolios, que son autoritarios.

Y en esos incapaces los centralistas quieren confiar para darles más poder y depositar en ellos el progreso de las naciones. Más soñador e idealista no se puede ser. El centralismo tiene muchos nombres. Le llaman socialismo, comunismo, planeación central, estado benefactor y ha sido criticado con fuerza por impedir la formación de precios reales y por ignorar la naturaleza humana.

Yo quisiera añadir otra crítica más, la de que el centralismo presupone como cierta una hipótesis falsa. Cree que los gobernantes son mejores, más honestos, más capaces y mejor intencionados que el resto de las personas. La evidencia del diario prueba lo opuesto. Los gobernantes son tal vez inferiores al resto de nosotros. De seguro no son mejores.

¿Por qué confiar en ellos las decisiones de política si a ellos no les confiaríamos nuestros ahorros?

Karl Popper ha señalado esto al entender a la democracia como un seguro de protección contra la idiotez del gobernante. Barbara Tuchman ha señalado que el poder no sólo corrompe, sino que también atonta. Los austriacos han apuntado que la planeación economía centralista impide la formación de precios reales. Muchos han señalado las pésimas predicciones marxistas. Y más aún, se ha hablado de la incompatibilidad del centralismo con la naturaleza humana.

¿Por qué insistir en dar poderes crecientes a los gobierno si en ellos hay gente incapaz? Vea los adelantos que existen en todas partes. En todas menos en una. Los gobiernos siguen teniendo los mismos problemas desde hace siglos. La verdad no se entiende.

Desnudo el tema es uno que resulta incomprensible. Son mejores los enfoques espontáneos, los que limitan la intervención gubernamental a unas pocas pero vitales cuestiones. Y a pesar de todo, no son pocos los que siguen queriendo colocar nuestras vidas en manos de los incapaces.

POST SCRIPTUM

Un tema similar fue tratado en una columna que contrasta a Platón con M. Friedman.


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