Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Despotismo sí, Democracia no
Eduardo García Gaspar
13 marzo 2007
Sección: LIBERTAD POLITICA, Sección: Una Segunda Opinión
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Una noticia sobre Ecuador, reportada el viernes pasado, ilustra las alternativas políticas que los humanos tenemos. Rafael Correa es presidente de Ecuador. Él ha destituido a diputados que son contrarios a sus ideas, 57 diputados de un total de cien. Correa envió a policías a impedir que esos diputados se reunieran después de un fallo del Tribunal Electoral.

Correa es de izquierda. Los diputados son de derecha. Sin entrar a los detalles, el suceso es en verdad notable. Los gobiernos están para gobernar, es decir, mantener el orden, aplicar la ley y garantizar una situación de libertades tales que el ciudadano aproveche para realizar sus proyectos personales.

Aparentemente Correa no está de acuerdo con eso y piensa que un gobierno está para imponer las ideas de su presidente, las que sean.

No es el único. Hay muchos de ese tipo. Así trabajan los gobiernos de Venezuela, de Cuba, de Corea del Norte, de Burma y de otras naciones: imponiendo la voluntad personal de quien esté al frente de un poder sin límites.

Si en las épocas de los reyes se hablaba del Despotismo Ilustrado, no cabe duda de que ahora se puede hablar de la Tiranía Violenta. Igual que durante el mandato del rey, ahora es el presidente el que manda, al menos en algunos lugares y sin ilustración.

Además, el presidente no quiere a la democracia, excepto para acceder al poder. Una vez colocado en la silla presidencial, la democracia es enterrada. Y eso es curioso, porque la democracia en su esencia es la limitación del poder gubernamental por medio de la división del poder. Adiós división del poder, adiós democracia también. En comparación con Correa y Chávez, Fox fue un gran gobernante, pues respetó esa división.

El socialista rabioso, desde luego, buscará justificar a Correa y a Chávez. Pero el socialista razonable se dará cuenta de la terrible situación. Y es que esto no es una cuestión de izquierdas o derechas, sino una cuestión de democracia y por eso de legitimidad de gobierno. Los gobiernos están para servir a los ciudadanos, no para imponerse sobre ellos. Tan simple como eso.

Imagine usted a Blair, a Rodríguez Zapatero, a Bush, a Chirac, a Howard, a Harper, al que sea impidiendo la entrada de los diputados que le son contrarios a sus metas. Sería algo impensable, equivalente a un golpe de estado.

Esto hace doblemente notable la situación, porque eso mismo ha sucedido en Venezuela y no ha causado la reacción que se hubiera tenido en otros países. Piense en la posibilidad de que Calderón en México bloquee la entrada al congreso de los diputados y senadores del PRD. No cabe en la cabeza.

Y, sin embargo, Chávez ha hecho el equivalente. Y lo está haciendo Correa, igual que Ortega en Nicaragua. Es en verdad curioso que lo que en Canadá o en Francia hubiera sido causa de un escándalo mayor, en Ecuador o en Venezuela no es causa de nada. Absolutamente nada más allá de reportes en los medios. Obviamente las expectativas son diferentes. Se espera que en algunos países eso pueda suceder, pero no en otros.

Creo que al final de cuentas todo es una cuestión de ideas diferentes al respecto de lo que un gobierno debe ser. Quien lo entienda como el instrumento de realización de la voluntad de una persona o grupo de ellas, entonces justificará lo que ha hecho Correa y el resto de sus similares. Ellos tienen una idea, y una vez estando en el poder la quieren imponer sobre el resto… no importa si es de un signo o de otro.

Pero quien entienda que un gobierno es una institución de servicio destinada a la protección de la seguridad de los ciudadanos para faciltarles realizar ellos sus voluntades, entonces reprobará lo hecho por esos gobernantes. Al parecer las cuestiones políticas y de gobierno son una cuestión de qué proyectos facilitar, los de los gobernantes o los de los gobernados.

Y eso resuelve la situación: si alguien desea vivir por ejemplo, bajo el proyecto que tiene Castro, que lo haga, pero que no se fuerce ese proyecto en quienes no lo desean. Y es que mucho me temo que la idea de democracia se ha interpretado como la realización de la voluntad de la mayoría mejor organizada, cuando en realidad la democracia es un sistema para evitar el abuso del poder en las minorías.

Los gobiernos de Chávez y por lo visto el de Correa son despotismo pero no democracia.


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