Contrapeso En defensa de la libertad y el sentido común
Diferencias en un Mundo
Leonardo Girondella Mora
22 mayo 2007
Sección: EDUCACION, Sección: Análisis, SOCIEDAD
Catalogado en:


Intentaré probar que las discusiones de creencias y valores, incluso las sujetas a comprobación tangible, no desaparecerán de nuestra vida —las tendremos siempre presentes porque ellas son la razón de la existencia de los grupos que forman las personas.

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Las personas forman grupos en un número imposible de determinar, de muchos tipos y clases —causa por la que, adicionalmente, es posible ver que la sociedad es nada en sí misma, sino una colección de personas que se agrupan de las más variadas maneras, mucho más allá de la primitiva concepción marxista de la sociedad clasificada en burgueses-proletarios y de la simplista concepción política de izquierdas – derechas.

Los miembros de esos grupos poseen, por necesidad, uno o más elementos iguales que forman el común denominador de los miembros. Los grupos más sencillos de reconocer son los religiosos —por ejemplo, los católicos que en común tienen una serie de creencias teológicas y morales; o los judíos, con comunes denominadores de creencias religiosas.

No necesariamente se conocen todos los miembros de grupos como esos o similares, pero ellos pueden reconocerse entre sí y presuponer en todos los miembros, una cultura similar.

Quiero tomar ese concepto de reconocimiento de pertenencia a un grupo, no importa cual sea de entre todos los que existen. Lo llamaré credenciales de pertenencia del grupo, algo que sirve a otros para identificar a las personas.

Una fuente muy conspicua de credencial de pertenencia es el lenguaje de las personas, otra es su forma de vestir —son signos externos lo que se usan para identificar a las personas como miembros de un grupo.

Pongo un ejemplo de hace muchos años, en los inicios de mi vida profesional. Los hombres de trajes de rayas, con camisa de puños dobles y una corbata contrastante de seda, poseedores de una facha aristocrática, eran banqueros y ello podía fácilmente ser confirmado por las palabras usadas en su conversación. Ellos eran muy diferentes a otros hombres de negocios, las personas de marketing y publicidad —desde luego, los identificaba el vestir diferente y su idioma distinto.

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Defino inicialmente como credenciales de pertenencia a la serie de signos externos que uso para clasificar a las personas en grupos, pudiendo identificar a quienes son también miembros de los grupos a los que pertenezco.

Pistas visuales como la forma de vestir, el lenguaje usado, el movimiento corporal, todo lo que conforma el aspecto perceptible de las personas es usado para asignar pertenencias a grupos —es por eso que con frecuencia las personas dicen que algún individuo es un profesor, un intelectual, un fanático, un conservador, un católico, un judío, un rockero y similares.

Sobre esto, es posible dar un paso adicional, el de la ubicación personal entre quienes se identifican como miembros de un mismo grupo —cuya afinidad les lleva a confiar entre sí, esperando apoyos mutuos y una conducta similar en ambos, pues comparten las mismas creencias y confían entre ellos.

Por ejemplo, la persona que tiene fuertes convicciones acerca de alguna posición política usará las credenciales de pertenencia para identificar a quienes tienen su misma posición en los que confiará más que en los que tienen la posición opuesta.

Quien está convencido del calentamiento global, por ejemplo, encontrará en otras personas a quienes concuerdan con él —han hecho las mismas lecturas, sostienen las mismas creencias, usan las mismas palabras y quizá incluso tengan parecidos en el vestir y el arreglo personal. Pero también, encontrará a personas contrarias a sus creencias, a las que tal vez muestre signos de animosidad por el simple percibir credenciales de pertenencia opuestas a las suyas.

Las credenciales de pertenencia, me ha dicho un par de personas, con quienes discutí esta idea, son usadas con frecuencia para identificar la posición personal dentro del espectro político de izquierdas y derechas.

Es decir, se espera que alguien que viste, habla y se comporta de cierta manera, sea de izquierda; mientras que quien se viste de otro cierto modo, emplee otras expresiones, sea de derecha.

Me dijo una de ellas, “Si ves a una persona con La Jornada bajo el brazo, un bolso de tela artesanal, barba, un tanto desarreglado y al que sólo oyes mencionar la palabra ‘explotación’, puedes estar seguro de que se trata de alguien de izquierda. La misma palabra usada por otra persona de diferente apariencia no le haría ser percibido como de izquierda”.

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Desde luego, se corre el severo riesgo de caer en los clisés falsos y perder de vista la riqueza de la individualidad humana —pero aún con ese riesgo, creo que las personas usan claves visuales y auditivas para clasificar al que tienen enfrente. Esos grupos formados de manera espontánea y cambiantes tienen en común esas credenciales de pertenencia y que expliqué que son de varios tipos: vestido, expresiones del lenguaje, creencias y otras más.

Voy ahora a añadir otra, no visible necesariamente, la de las creencias o valores que son comunes a los miembros de esos grupos.

En los grupos religiosos esas creencias son oficiales y conocidas, sean católicas, protestantes, musulmanas, las que sean —y son consideradas como dogmas, es decir, creencias poco sujetas a discusión o demostración, ya que simplemente se aceptan como dadas: si uno desea considerarse católico hay que creer en algunas cosas.

Desde luego, hay fuertes variaciones intra grupos, pudiendo identificarse, por ejemplo, grupos católicos que apoyan ideas progresistas, en oposición a las ideas conservadoras. El mecanismo funciona igual —las credenciales de pertenencia, por ejemplo, pueden incluir que un grupo sea un frecuente lector de Gustavo Gutiérrez y el otro de los escritos cardenalicios de Benedicto XVI.

Hay más grupos, desde luego, que los religiosos. Un ejemplo es el de los activistas ambientalistas, entre cuyas creencias pueden encontrarse la idea de la absolutamente demostrada, según ellos, fase de calentamiento global.

También puede detectarse un grupo cuya principal creencia es la defensa de los derechos animales, o la lucha por la igualdad de los sexos, o la cancelación de la deuda externa, o cualquier otra causa que es tomada como creencia central y la razón de ser del grupo en cuestión.

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Mi tesis central entonces puede ser enunciada: existen grupos cuyas credenciales de pertenencia van más allá de las cuestiones visuales e incluyen ideas que son su razón de ser y son consideradas como dogmas no sujetos a discusión (Arnold Kling ha tratado este misma idea). Y sobre esto es posible construir posibilidades de reacción de esos grupos ante una discusión que ponga en tela de juicio su idea central.

• Un grupo sostiene que la tierra se está calentando y otro grupo sostiene que los datos para probar esa idea son discutibles al menos (véase, por ejemplo, un resumen reciente al respecto con Duane D. Freese).

La naturaleza del tema es científica, es decir, capaz de ser sujeta a análisis de evidencias y pruebas tangibles, bajo la mentalidad positiva de buscar la verdad. Sin embargo, la mera noción de que la razón de ser del grupo sea puesta en duda es una amenaza a sus integrantes —la mayor amenaza de todas, la de probar que su creencia no es real. Puede uno prever que la defensa de su razón de grupo será fuerte.

• Un grupo sostiene la igualdad entre los sexos y toma esa creencia como razón de ser —pero se enfrenta a evidencia que muestra que no necesariamente existe esa igualdad absoluta, por ejemplo, viendo que existen menos mujeres que hombres en algunas profesiones.

Ante la presentación de esa evidencia puede reaccionarse con una actitud de curiosidad científica que explique las causas de esas diferencias, o puede reaccionarse argumentando que se trata de otro caso de discriminación que debe ser solucionado con la imposición de cuotas obligatorias por sexo.

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Las dos situaciones mostradas arriba son ejemplos de campos en los que es posible introducir métodos científicos que ayuden a la solución de la controversia, dando la razón o retirándola del grupo —pero también son ejemplos de casos en los que puede probarse científicamente que el dogma que los sostiene no es real, que es precisamente la razón por la que la defensa del dogma se vuelve una cuestión de vida o muerte para el grupo: muy difícilmente aceptarán las evidencias más duras en su contra. La credencial del grupo debe sobrevivir a toda costa.

Si eso sucede en terrenos en los que es factible la aplicación de métodos científicos, la controversia se multiplica cuando se trata de terrenos en los que esa demostración no puede seguir esos métodos.

Un ejemplo de esto es el de las religiones y las discusiones acerca de la existencia de Dios u otras creencias más específicas de cada una de ellas, como la de la reencarnación, o la del juicio final, que son cuestiones en mucho de fe. Podrá escribirse y razonarse a favor y en contra, aunque posiblemente no se llegue nunca a un acuerdo sobre creencias como ésas. La única solución posible es dejar libre la creencias en todos, para que personalmente sea decididas.

Pero hay un terreno intermedio entre lo que puede ser estudiado con métodos científicos y lo que sólo está sujeto a especulaciones y razonamientos —estoy hablando de las cuestiones sociales referidas a las posiciones políticas de grupos socialistas, comunistas, terroristas, libertarios, conservadores, liberales, con sus muchas variaciones.

Cada una de ellas parte de una idea central acerca del mundo y el género humano, y no son iguales, por lo que las políticas prácticas que de ella se derivan son muy diferentes. En el caso más clásico, tal vez, los grupos que apoyan a los sistemas de libertad humana se oponen a los sistemas que apoyan el intervencionismo estatal.

Desde luego, es posible pensar en la solución de esos conflictos si el asunto es planteado razonablemente: (1) el objetivo de todos es el mismo, lograr prosperidad creciente, (2) determinar científicamente las políticas generales que sean probadas como las más efectivas para lograr ese objetivo de manera sólida. El planteamiento es sencillo, pero realizarlo es una tarea en extremo difícil por la complejidad del sujeto de estudio, el ser humano —lo que necesariamente involucra campos no sujetos a investigación científica.

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Como conclusión, creo haber mostrado la existencia de las credenciales de pertenencia, una serie de signos perceptuales que las personas usan para identificar grupos de personas y sus miembros.

Esas credenciales son de muy diversos tipos, como formas de vestir, hablar, comportase y demás —pero una variante de esas credenciales de pertenencia a un grupo es el conjunto de las creencias mismas que son el corazón del grupo y a las que sus miembros defenderán como la causa misma de su existencia.

De allí que pueda hacerse con confianza la predicción del mantenimiento continuo de discusiones y rivalidades entre grupos con creencias opuestas —un ejemplo de los actuales es el de grupos con creencias opuestas acerca del calentamiento global.

En política se mantiene aún el enfrentamiento de grupos de derecha e izquierda y lo mismo sucede en muchas áreas también. Reconocer que esta es una característica de nuestra vida es un paso correcto en la solución del problema básico que enfrentamos en este mundo, el de la convivencia pacífica entre personas de muy distintas creencias.


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